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Debate sobre Cataluña en el Congreso

Razón y sentimiento

El debate sobre la consulta ha sido un concurso de afectos y un certamen de motivos.

Patricia de Arce. Madrid Actualizada 09/04/2014 a las 08:44
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Marta Rovira extiende la mano a Mariano Rajoy

No hay político que haya intervenido en el Congreso esta tarde, en el debate sobre la consulta soberanista catalana, que no haya apelado a los sentimientos y a la razón; otra cosa es cuáles son los sentimientos válidos y quién es el dueño de esa razón. Tampoco en eso se han puesto de acuerdo.

Ha sido, como era de esperar, una sucesión de argumentos, por un lado jurídicos, por otro políticos, para defender o rechazar el referendo.

Pero también ha sido un concurso de afectos, un certamen de emociones. Una carrera por demostrar quién es el que más quiere a Cataluña.

El debate ha empezado con el respetuoso silencio propio de las grandes ocasiones, y el primer interviniente entre los defensores de la propuesta, el portavoz de CiU en el Parlament, Jordi Turrull, ha tenido que notar tanta solemnidad. Se masticaba.

Turrull ha sido acorde con el ambiente: solemne y serio y con un discurso centrado en la "amplísima mayoría" catalana que quiere la consulta. Pero después ha llegado Marta Rovira, de ERC, y ha elevado las emociones al centro de su discurso político.

Así que tras estrechar la mano de un sorprendido presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, Rovira ha subido a la tribuna para mandar un abrazo a los líderes de los partidos nacionales y a todos los presentes, y acto seguido se ha lanzado a reprochar a unos y otros que no dejan "soñar" a los catalanes.

No ha estado tampoco exento de sentimiento el discurso de Joan Herrera, de ICV, aunque en su caso eran sobre todo reproches, los lanzados al Gobierno del PP, "prisionero" de "su anticatalanismo" y al que ha acusado de "romper España" con sus medidas económicas.

Y tras ellos, ha llegado Mariano Rajoy. Desde el primer momento ha admitido que éste no es un debate "sólo de leyes", sino también "de sentimientos", así que tras recordar sus ya conocidos argumentos legales -la consulta no respeta la Constitución y la soberanía es de todo el pueblo español- se ha lanzado a las emociones.

"Perdónenme la vanidad, pero tal vez yo creo en Cataluña más que ustedes", le ha dicho a los defensores de la consulta. Y ha ido más lejos, al asegurar que ama a Cataluña, incluso, como "algo propio".

Y al amor también ha recurrido Alfredo Pérez Rubalcaba.

Tras esgrimir argumentos muy parecidos a los de Rajoy -"no cabe preguntar a unos cuantos por aquello que corresponde a todos", ha dicho-, el líder socialista ha insistido en que no se imagina mejor futuro que el de una Cataluña comprometida con España y una España que "entiende y quiere a Cataluña".

Ha querido también Rubalcaba tocar la fibra sensible cuando ha recordado el regreso a España del presidente de la Generalitat Josep Tarradellas en 1977, con aquel discurso en el que llamó a Cataluña a ser la avanzadilla de la democracia y el progreso de los pueblos de España.

Ni Rajoy ni Rubalcaba han convencido a Josep Antoni Duran Lleida, que no ve por ninguna parte amores correspondidos.

Los catalanes, ha dicho el portavoz de CiU, no entienden eso de que Rajoy les quiere. Y "cuando el amor no es entendido por la otra parte sirve para muy poco", le ha espetado al presidente del Gobierno.

Si hay algo que han coincidido en repetir Rajoy, Rubalcaba y Duran Lleida es la necesidad de diálogo; pero claro, tampoco coinciden en las condiciones para llevarlo a cabo. Esto parece un amor imposible.

Se ha jactado la líder de UPyD, Rosa Díez, de tanta sensiblería, y se ha dirigido especialmente a Marta Rovira para advertir de que la política y la democracia no están para comprender ni interpretar los sueños ni para favorecer sentimientos, sino para amparar los derechos de los ciudadanos.

Así que ni con las emociones, ni con las razones, ni con las leyes, ni con el sentimiento: el debate en el Congreso no parece que haya cambiado ninguna de las posiciones con las que cada uno llegó esta tarde a la Carrera de San Jerónimo.

A decir verdad, nadie lo esperaba. Seguimos en el continuo desamor.







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