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Muerte de Adolfo Suárez

Autonomía, regadíos e infraestructuras

La comisión mixta de regadíos dio lugar al Abrazo de Tardienta, entre otras obras.

Luis Faci Actualizada 24/03/2014 a las 08:18
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El primer presidente de la DGA, José Antonio Bolea.

La etapa de Adolfo Suárez como jefe del Gobierno está muy ligada a un periodo trascendental en la historia moderna de Aragón: su proceso autonomista. Este hecho tamiza cualquier referencia a la relación del exlíder de la UCD con la región, algo que constata el testimonio de los que formaban parte de la cosa pública en aquellos años. Hay que dejar claro, eso sí, que todas las personas consultadas destacan que las turbulencias del momento impidieron a Suárez dedicarse con especial empeño a mejorar un territorio concreto, caso del aragonés.

Quien más habla de todo lo que Aragón logró -y lo que se quedó en el tintero- con Suárez es el presidente preautonómico, Juan Antonio Bolea, que accedió a este cargo -del que dimitió en 1981- a través de la UCD y que posteriormente se pasó al PAR. Por su condición de experto en temas hídricos, Bolea destaca la puesta en marcha en 1979 de la comisión mixta de regadíos de Aragón, que pidió expresamente a Adolfo Suárez. «Lo planteé y me dijo: 'Adelante, Juan'», recuerda ahora. «Con la comisión mixta dimos un sartenazo; otras regiones quisieron un órgano similar y no lo consiguieron. Esto demuestra su compromiso con Aragón; es lo más importante que se ha hecho en la comunidad en materia de riegos. Hasta entonces, las infraestructuras estaban totalmente paralizadas», expone. Y enumera las consecuencias de instituir este órgano: el Abrazo de Tardienta, el recrecimiento de Yesa y Monegros II. Pese a esto, fue el proceso autonómico aragonés lo que de verdad marcó, en lo que se refiere a la región, la presidencia de Suárez.

Y aquí es donde se abre el debate: ¿hubo alguna posibilidad de que Aragón se incluyera en el privilegiado -y reducido: Cataluña, el País Vasco, Galicia y Andalucía- grupo que optó por la vía rápida? ¿Propició el entonces líder de la UCD que el resto acabara en la vía lenta? El actual presidente de las Cortes de Aragón y entonces diputado nacional por la UCD, José Ángel Biel, es claro: «No se puede valorar lo que sucedió en los setenta con los criterios actuales; cuando juzgamos la historia, hay que tener en cuenta la época concreta. A Suárez no se le podía pedir más. Y a él le debemos que Aragón tuviera autonomía; si no hubiera aceptado el sistema autonómico, solo se la habrían dado al País Vasco y a Cataluña», explica Biel.

En el fondo, lo que se trasluce al hablar con los representantes aragoneses de la época es resignación, sin olvidar el hecho de que fueron los propios ayuntamientos y diputaciones del territorio los que votaron a favor de la vía lenta. «Como región, Aragón estaba poco organizada; no había mucha conciencia comunitaria. Andalucía, por ejemplo, tenía por lo general una élite intelectual muy autonomista; en Aragón, esto no era tan claro», analiza José Ramón Lasuén, asesor personal de Adolfo Suárez entre 1977 y 1979 y perteneciente entonces a la UCD. «Él era claramente favorable al artículo 142 (la vía lenta) para el resto de las regiones. Suárez ni maltrató ni favoreció a Aragón», considera por su parte José Luis de Arce, uno de los fundadores del partido centrista en Zaragoza.

Más crítico se muestra Juan Antonio Bolea, quien recuerda -con media sonrisa- que se quedó «más solo que la una» en su defensa de la vía rápida. «Yo siempre reivindiqué que éramos una nacionalidad histórica, pero Suárez no terció porque si entraba Aragón, entraban todas. Solo se lo permitió a Andalucía, y gracias a la presión de Felipe González». Pese a esto, y aunque Bolea apunta que el exjefe de Gobierno «orientó» a los entes locales de la región «para que optaran por la vía lenta», el presidente preautonómico admite que «Suárez no podía hacer mucho más; bastante presión tenía por aquel entonces».

Sanidad y servicios sociales

Juan Antonio de Andrés, oscense y muy vinculado al ámbito sanitario y de los servicios sociales (fue consejero aragonés del ramo en 1981), rememora el gran impulso que se dio, «con el apoyo total del Gobierno central y de Suárez en particular», a infraestructuras que ahora parece impensable no tener. «Construimos guarderías, residencias de la tercera edad, el Hospital de Barbastro, el de Jaca, la carretera Zaragoza-Huesca... Rompimos esquemas, y todo en muy poco tiempo. Aprovechamos la ocasión», sintetiza. En conjunto, supuso «un gran cambio de mentalidad», ya que, por ejemplo, la atención a la tercera edad se realizaba hasta entonces «en casonas viejas; era casi beneficiencia».

Aún hubo más. Junto al impulso de los regadíos y al proceso autonomista, Juan Antonio Bolea -jefe del Gobierno aragonés por aquella época- destaca otros tres 'éxitos' de la región en los que Suárez jugó un papel importante: la instalación de la planta de GM en Figueruelas, el inicio (ya mencionado por De Andrés) de la carretera Zaragoza-Huesca y el cambio de sede de la DGA, inicialmente instalada en el edificio de la Diputación Provincial de Zaragoza.

En el caso de la fábrica de vehículos, Bolea es tajante: «Si se llevó a cabo fue gracias al Gobierno de Suárez, junto con el Gobierno de Aragón y -hay que recordarlo- con la oposición del Ayuntamiento de Zaragoza». El apoyo de Madrid se tradujo en una subvención de 12.000 millones de pesetas de la época (72 millones de euros). Otros políticos ucedistas consultados, sin embargo, relativizan algo más el papel que jugó Suárez aquí. Finalmente está la sede autonómica, que inicialmente se instaló -de forma provisional- en la DPZ. Bolea puso la vista en el edificio donde se iba a ubicar la delegación del Ministerio de Hacienda. «Se lo dije a Suárez y este impulsó un decreto aprobado el 3 de octubre de 1980 por el que nos la cedía». Más tarde, la Dirección General de Aragón pasó definitivamente al Pignatelli.







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