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Adolfo Suárez, el final

La memoria de la sociedad es más fuerte que el alzhéimer

Son muchos los personajes distinguidos que han padecido los rigores de esta enfermedad.

Enrique Delgado Sanz. Madrid Actualizada 21/03/2014 a las 15:19
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Adolfo Suárez, en imágenes

El alzhéimer no se olvida de nadie, aunque provoca que alguien lo olvide todo. El alzhéimer es capaz de llevarse todos los recuerdos de sus víctimas aunque, por el momento, aún no ha sido capaz de hacer olvidar a la sociedad a todos aquellos que han dejado su sello en ella, aunque éstos no lo recuerden.

Desde el año 2005 sabemos que Adolfo Suárez padece esta enfermedad, que progresivamente le ha hecho olvidar que fue el primer presidente del Gobierno de la España democrática, de su amistad con el rey o de que aquel 23 de febrero de 1981 en el que no se tiró a la moqueta del hemiciclo cuando de fondo se escuchaban disparos y el celebérrimo "¡quieto todo el mundo!" del coronel Tejero.

Suárez no ha sido el primero, ni tampoco será el último, personaje distinguido en padecer los rigores del alzhéimer. Varios grandes hombres y mujeres de la cultura, política y sociedad, tanto nacionales como internacionales, han visto cómo su álbum de recuerdos se difuminaba poco a poco obligándoles a encomendarse a la memoria de otros para revivir su brillante legado.

"¿Y tú quién eres?" es una película dirigida por Antonio Mercero, uno de los más destacados cineastas que ha dado este país, quien con su estilo propio retrató en el filme la crudeza de una enfermedad que se toparía en su camino un par de años después del estreno, en 2009.

A partir de ese año Mercero desapareció de la escena pública, por lo que no sabemos si se acordará o no de una de sus obras maestras, 'La cabina'; de la serie que hizo llorar a España, 'Verano Azu'l; o de que es el único cineasta español que ha recibido un premio Emmy.

En el mismo frente que Mercero lucha otro hombre, Pasqual Maragall, exalcalde de Barcelona, expresidente de la Generalitat y uno de los grandes culpables de que Barcelona disfrutara en el año 1992 de los que para muchos aún son los mejores Juegos Olímpicos de la historia.

Barcelona cambió de cara con Maragall en la alcaldía, cargo que abandonó en 1997, diez años antes de que confesara que a partir de entonces se dedicaría a luchar en la vanguardia de la batalla contra el alzhéimer.

Desde el año 2008 la Fundación Pasqual Maragall pretende derrotar por medio de la investigación científica a una patología que, como sostiene el propio Maragall, "en ningún lugar está escrito que sea invencible".

Lo que si parece invencible es el Peine del Viento, ese conjunto de esculturas que desafía al empuje del viento y el mar día tras día desde el horizonte de la playa de Ondarreta, en San Sebastián.

Al regresar a casa, los turistas no olvidan la majestuosidad de estas obras, que dejan una huella imborrable en su recuerdo, que no olvida el nombre de su autor, Eduardo Chillida, a quien el alzhéimer privó de ser consciente de este reconocimiento antes de morir, allá por 2002.

El alzhéimer no tiene piedad y tampoco entiende de fronteras puesto que, al igual que Suárez, el 40º presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, tampoco recordó en sus últimos días de vida de que disfrutó del sillón del codiciado Despacho Oval, aquel donde, según su hijo, comenzó el acoso de la enfermedad.

Por el club de personalidades sorprendidas por el alzhéimer también han pasado otros grandes nombres del celuloide americano como Rita Hayworth, Charlton Heston o Charles Bronson, cuyas películas aún se siguen exhibiendo y cuyos rostros perduran en los libros de historia del cine de las universidades.

A todos ellos se les ha ido apagando la memoria poco a poco, pese a ello, aún conservan un espacio reservado en la memoria colectiva, de la que por más que se empeñe el alzhéimer, no desaparecerán. 



  • Hay Clases21/03/14 00:00
    Lo que pasa es que hay clases de gentes con alzheimer. Todos estos políticos que tanto hacen por su país, jamás hacen nada por su pueblo. Hay mucha gente con Alzheimer que son un cuadro. Todos estos políticos tienen su vida solucionada en sitios de 5*. Tienen todas las ayudas posibles que con sus años de política han recaudado lo suficiente para pagarse un buen tratamiento. Pero no hacen residencias públicas y accesibles para el resto de su pueblo. Ellos tienen otro nivel de Alzheimer, hasta para eso tienen clase los políticos. El pueblo normal, al que le toca es todo un cuadro en su casa. Los de Alzheimer pudientes, tienen jardines, y personas que les cuidan y sus familiares están más que desahogados, que les pregunten al resto de gente, qué calidad de vida tienen sus familiares.





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