Entre los numerosos correos recibidos por los internautas, Javier Bardem y su película "No es país para viejos" encabezan todas las apuestas. La comedia "Juno" y el drama "Pozos de Ambición" le siguen a la zaga, mientras que "Expiación" es una de las más destacadas para lograr la estatuilla a la Mejor Película.
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En su segunda nominación al Óscar, Javier Bardem puede hacer historia, y por extensión, el cine español. Esta vez pasará por la alfombra roja con posibilidades reales de salir victorioso. La crítica internacional se ha rendido a su interpretación en “No es país para viejos” y no ha dejado de ampliar su palmarés con numerosos premios, siendo el más relevante el Globo de Oro, señal inequívoca de que cuenta con serias opciones de lograr la estatuilla. Pero, ¿qué le confiere a Anton Chigurh para que este sea un asesino que diferente? Aunque la fisonomía de su rostro y la caracterización le han ayudado a resultar más creíble, el actor canario ha sido capaz de crear un personaje que transmite pura maldad, no solo en sus crímenes, sino también en sus gestos o en su modo de andar. Sin embargo, lo más característico del psicópata es su mirada, que saca a la luz una personalidad oscura, tal y como se refleja en el cartel original del filme y escenas como en la que estrangula en el suelo a una de las víctimas que va dejando en su camino por recuperar el dinero. Bardem suele decir bastante de sus personajes solo a través de los ojos. Ya lo demostró en “Perdita Durango” o en su “cameo” en la primera entrega de “Torrente”.
No obstante, Anton Chigurh es más que una mirada. También está su moralidad. Carece de escrúpulos, pero es el azar, en forma de una moneda, quien decide o no si mata a alguien. Estos aspectos le convierten en un personaje con el que es difícil sentir empatía, lo que no impide que deje huella en el espectador.
Inicios
Si por algo se le conoce a Bardem es por ser un actor selectivo (por ejemplo, en su día rechazó el papel de Colin Farell en “Minority report”) que busca ampliar sus horizontes interpretativos y no encasillarse. Tras varias participaciones televisivas, su primera película fue la erótica “Las edades de Lulú” (1990). Al año siguiente colaboró en “Tacones lejanos”, de Almodóvar, pero luego repitió con Bigas Luna en “Jamón, jamón”, en la que coincidió (y rodó tórridas escenas) con Penélope Cruz, y “Huevos duros”. Ambas le valieron sendas nominaciones a los premios Goya por dar vida a personajes horteras y algo macarras, pero el reconocimiento de la Academia le llegaría con “Días contados”. Las buenas críticas tampoco se le resistieron en “Boca a boca” (gracias a la que sumó su segundo Goya) y “Éxtasis” antes de dar rienda suelta a su faceta histriónica en “Perdita Durango” y ser chico Almodóvar en “Carne trémula”. Posteriormente se adentró en el “thriller” (“Entre las piernas”, “Los lobos de Washington”) y fue pareja de Jordi Mollà en “Segunda piel”. Con ese bagaje, a finales de los noventa su nombre empezaba a ser conocido por el gran público y no solo por los expertos, si bien su punto de inflexión llegó con “Antes que anochezca”, que le reportó su primera nominación al Óscar.
A partir de ahí fue agrandando su fama. Primero en compañía de John Malkovich, quien recurrió a él para protagonizar “Pasos de baile”, y sobre todo con “Los lunes al sol” y “Mar adentro”, sin duda los trabajos que más han marcado su filmografía reciente, sin contar “No es país para viejos”. La crítica y la Academia se rindieron ante su papel de parado gallego lleno de sentido del humor y su caracterización de Ramón Sampedro. Después tuvo un breve pero intenso papel en “Collateral”, de Michael Mann, y participó en “Los fantasmas de Goya”, el citado filme de los Coen y “El amor en los tiempos del cólera”.
En su camino al Óscar ha superado la criba de la nominación, aunque queda lo más difícil: salir en el sobre que anuncia al ganador. Todos lo dan como favorito en una categoría en la que opta al galardón junto a otros cuatro intérpretes de peso. Casey Affleck evidenció en 2007 que no solo es el hermano menor de Ben, sino también un actor de futuro. Nominado por “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, es el principal rival del español. Por su parte, el excelente secundario Tom Wilkinson ya sabe lo que supone aspirar a una estatuilla (optó a ella por “En la habitación”) y ha deleitado a la crítica en “Michael Clayton”. Philip Seymour Hoffman obtuvo el Óscar por encarnar al mítico Truman Capote, y una vez más ha demostrado su versatilidad en “La guerra de Charlie Wilson”, que se estrena este viernes. Finalmente, Hal Halbrook, el menos conocido, ha recibido el reconocimiento a su dilatada carrera con su primera candidatura por “Hacia rutas salvajes”. Este fin de semana se sabrá si, a pesar de la calidad de los oponentes, los pronósticos son ciertos y se oye el nombre de Bardem después de la frase “And the Oscar goes to…”.