Las monjas con las que la DGA dijo estar en tratos por Sijena llevaban años muertas | Heraldo.es Las monjas con las que la DGA dijo estar en tratos por Sijena llevaban años muertas  | Heraldo.es Miércoles, 10 de Febrero de 2010

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Las monjas con las que la DGA dijo estar en tratos por Sijena llevaban años muertas
Almunia dijo en las Cortes, en junio de 2006 y febrero de 2007, que estaban vivas y se negociaba con su representante. Las dos religiosas, que eran las últimas de la comunidad sijenense, fallecieron en 1998 y 2000.
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Enterradas en San Cugat del Vallés. MARTI E. BERENGUER
CARLOS VILLANOVA. Zaragoza
El departamento de Cultura del Gobierno aragonés, según afirmó la consejera Eva Almunia en las Cortes autonómicas en junio de 2006 y febrero de 2007, creía estar negociando con el representante de las dos últimas monjas vivas de la comunidad de Sijena, pertenecientes a la orden de San Juan de Jerusalén, para intentar conocer su opinión respecto a los bienes de ese monasterio aragonés depositados en museos catalanes. Sin embargo, esas dos religiosas, María Antonia Doz Eri y Josefa Avellanas Ducons, fallecieron en los años 1998 y 2000, respectivamente, en San Cugat del Vallés.

Las afirmaciones de Almunia se produjeron en respuesta a varias preguntas del grupo parlamentario de CHA formuladas con el objetivo de conocer qué actuaciones estaba llevando a cabo la DGA para promover el regreso a Aragón de los bienes del monasterio de Sijena que están en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en calidad de depósito. En junio de 2006, la consejera decía que había habido "varias reuniones, no con ellas, porque sólo quedan dos de la orden y ya son muy mayores, sino con un representante, para abordar lo que debe ser el retorno de estas piezas".

En noviembre de ese mismo año, el departamento aseguró que había encargado un informe jurídico para analizar su actuación futura en el caso de que las dos monjas fallecieran sin haber soliictado el levantamiento del depósito de los bienes.

En febrero de 2007, la responsable de Cultura señalaba lo siguiente en las Cortes: "Por parte de las hermanas de la orden de San Juan de Jerusalén, que son las depositarias, las titulares de las obras que están en el MNAC, ellas sí que nos piden, y eso es algo que yo quiero respetarles porque lo entiendo así, que ellas no quieren verse involucradas en polémicas ni nada por el estilo". Además, recordaba el encargo del informe jurídico, que, como publicó este periódico, aún no se ha finalizado. En todas las ocasiones, la DGA se ha negado a informar de los nombres de las monjas y del representante aduciendo que se trataba de "conversaciones privadas y sin trasfondo político".

Las últimas de la comunidad

En las respuestas de la consejera hay una imprecisión cuya aclaración resulta pertinente. Almunia habló de las dos últimas monjas vivas de la orden de San Juan de Jerusalén cuando, en realidad, como aclaró ayer el director general de Patrimonio, Jaime Vicente, con quien se pensaba que se estaba en tratos era con el representante de las dos últimas monjas vivas de la comunidad del monasterio de Sijena que, en efecto, pertenecían a la orden sanjuanista.

La cuestión es que el monasterio de Sijena ha dispuesto históricamente de una importante autonomía dentro de la orden y, según se reseña en el estudio jurídico elaborado para la DGA en 1997, con Vicente Bielza (PP) de consejero, la propietaria del mismo y de sus bienes no es directamente la orden, sino la comunidad de monjas de Sijena. Este extremo fue corroborado por el propio Jaime Vicente.

Además, sí que quedan más religiosas sanjuanistas con vida. Exactamente diez, tres de ellas en el convento de Zamora y siete en el de Salinas de Álava, todas de avanzada edad. Es en este último cenobio donde reside la superiora o madre federal de la orden, Sor Virginia, quien aseguró a este periódico sin el menor atisbo de duda que "no queda con vida ninguna monja de la comunidad de Sijena desde hace años".

La priora del monasterio de Zamora afirmó exactamente lo mismo. "Aquí quedamos solo tres monjas y todas muy pachuchas", dijo. En este convento vive Candela Sevillano, seguramente la última religiosa con una relación directa con Sijena: fue novicia a finales de los años cincuenta en el cenobio monegrino, pero en seguida marchó a Zamora, por lo que no ha estado adscrita al monasterio aragonés como monja.

Sin relación con la orden


Por si pudiera quedar alguna duda sobre a quién se refería Almunia en sus declaraciones parlamentarias, Sor Virginia también fue rotunda cuando se le preguntó si ha mantenido conversaciones con el Gobierno aragonés. "En los tres años que llevo como madre federal, nunca he hablado con ellos", manifestó.

¿Con quién estaba hablando realmente la DGA? La explicacición la ofreció Jaime Vicente. "Hasta hace dos años estuvimos hablando con un abogado de Madrid que se anunciaba como representante de las monjas", dijo el director general de Patrimonio, sin poder aclarar si ese hombre hablaba en nombre la orden de San Juan o de la comunidad de Sijena. Eso sí, la intención de Vicente era, "conseguir una reunión con las dos monjas de la comunidad sijenense que pensábamos que estaban vivas para conocer su voluntad respecto a las piezas depositadas".

"Como vimos que no se avanzaba nada con este señor -agregó Vicente-, probamos con las actuales inquilinas del monasterio, las hermanas de Belén", que lo tienen arrendado a la orden de San Juan de Jerusalén desde 1985. "Estas monjas siempre nos han dicho que había religiosas de Sijena con vida", prosiguió Vicente, "y como se trata de órdenes muy reservadas creímos que a través de ellas, con las que hay una buena relación, podríamos conseguir esa reunión con la comunidad de Sijena, aunque lo cierto es que en los dos últimos años tampoco ha sido posible".

Vicente destacó que el mismo día en que este periódico le preguntó por la cuestión, el pasado miércoles, las hermanas de Belén le aseguraron que "había dos monjas de Sijena residiendo en el monasterio de Álava", información que le fue corroborada "desde el obispado de Barbastro". Sin embargo, cuando posteriormente consultó en el cenobio vasco, se le trasladó la realidad: que las últimas monjas de Sijena habían fallecido en San Cugat del Vallés.

Por lo que respecta al obispado, su vicario general, Pedro Escartín, comentó que sus últimos datos sobre las religiosas sijenenses provenían también de las hermanas de Belén, ya que desde 1999, cuando dejó de ser obispo Ambrosio Echevarría, "no ha habido contacto directo con ellas".
Las religiosas aragonesas querían que los bienes regresasen al monasterio
Eran las últimas de la comunidad de cinco monjas que dejaron el cenobio sijenense en los años setenta para vivir en Barcelona.
C. V. Zaragoza
María Antonia Doz y Josefa Avellanas fueron identificadas por la DGA en 1997 como las últimas religiosas vivas adscritas al monasterio de Sijena y, como explicó el entonces consejero de Cultura, su existencia rebatía en ese momento el argumento de la Generalitat de que los depósitos y ventas de bienes del cenobio eran legales porque no quedaban monjas de esa comunidad. Doz y Avellanas, además, señalaron en su día a quienes las visitaron su disconformidad por cómo se habían efectuado esas enajenaciones desde Barcelona y que su deseo era que las piezas de arte que estaban fuera de Sijena regresasen cuando el monasterio estuviese convenientemente restaurado.

María Antonia Doz, nacida en Castejón del Puente en 1904, y Josefa Avellanas, natural de Azlor, donde vino al mundo en 1924, abandonaron Sijena en los años setenta junto a otras tres compañeras: Ángela Opi, que era la priora y había nacido en 1908, Monserrat Canalda, que era la mayor, pues era de 1881, y Encarna Lorenzo (1900). Su destino fue el convento sanjuanista de la Bonanova, en Barcelona.

Poco después, las supervivientes de ese grupo de cinco cambiaron nuevamente de residencia al asentarse, junto a las sanjuanistas barcelonesas, en el convento de Valldoreix, en San Cugat del Vallés. La construcción de este cenobio debió de ser, precisamente, uno de los destinos de los fondos que se obtuvieron tanto de la venta del edificio de la Bonanova como de numerosos bienes de Sijena. La directora de esas operaciones fue Pilar Sanjoaquín, que era entonces la priora de las monjas catalanas y, además, la madre federal (equivalente a superiora) de la orden de San Juan.

El alcalde de Villanueva de Sijena, Alfonso Salillas, visitó Valldoreix a principios de 1997, el año en que saltó a la prensa el escándalo de las ventas del patrimonio aragonés. En esa fecha, solo quedaban con vida Doz y Avellanas. El edil manifestó a HERALDO tras esa visita que las monjas no eran conocedoras de la polémica, pues creían que los bienes de su comunidad de origen habían salido del monasterio en depósito y que regresarían cuando se acometiera una necesaria restauración del edificio.

Salillas aseguró que, al contarles lo que estaba sucediendo con esos bienes, las monjas, de 92 y 72 años de edad entonces, "se echaron a llorar". Según Salillas, las religiosas tenían "mucha nostalgia" de Sijena y "no se sentían bien tratadas en Cataluña".

Pilar Sanjoaquín, que falleció hace tres años, según la actual madre federal sanjuanista, Sor Virginia, fue quien, cuando ya no vivía Ángela Opi, firmó los tres contratos de compraventa con la Generalitat y quien también vendió varias fincas agrícolas de Sijena que estaban en arriendo desde tiempo inmemorial y alquiló el monasterio a sus actuales moradoras, las hermanas de Belén. María Antonia Doz falleció en Valldoreix en 1998. Josefa Avellanas expiró dos años después, al parecer, en el monasterio de las dominicas de Nuestra Señora de Los Ángeles, también en San Cugat del Vallés.


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