Anuncios clasificados
Volver a Heraldo.es
Suscríbete Heraldo Premium Web del suscriptor

Capítulo 1

El puente de los lamentos

Primera etapa del viaje de Gervasio Sánchez a Venezuela, país al que accede desde la frontera colombiana cruzando el Puente Internacional Simón Bolílvar.

San Antonio del Táchira (Venezuela) 13/09/2017 a las 06:00
Venezolanos atraviesan la frontera entre Venezuela y Colombia en el Puente de Simón Bolívar.Gervasio Sánchez

Por primera vez visito Venezuela. Hasta a mí me resulta curioso. Llevo 33 años cubriendo conflictos armados, procesos electorales, golpes de estado en América Latina. Desde octubre de 1984, semanas después de licenciarme como periodista. Además, he viajado por una gran parte de América Latina por puro gusto. Desde Tijuana en México hasta la Patagonia chilena. En los años 80 recorría este continente porque había guerras y dictaduras. Pasaba meses desplazándome de un país a otro. Los trámites migratorios eran sencillos. En ningún país se necesitaba visado salvo en Cuba.

Varias veces bordeé Venezuela. Recuerdo pasar algunas horas en tránsito en el aeropuerto de Caracas cuando me dirigía a otro destino. En Centroamérica gritaban las armas. En Sudamérica gobernaban dictadores sin escrúpulos. Venezuela era muy rica y muy corrupta. Con mayúsculas: muy corrupta.

Pero el tema principal más atractivo hasta finales de los 80 era saber si sus mises, especialistas en ganar concursos mundiales de belleza, se hacían la cirugía estética antes de concursar. A principios de los 90 un medio de comunicación me ofreció pagarme un viaje y la estancia en Venezuela para hacer fotografías sobre este tema. Me pareció un tema de revista del corazón y rechacé la propuesta. Muchas veces me he arrepentido. Cuando trabajas en contacto con el sufrimiento es bueno de vez en cuando desviar algo de tu energía a temas menos trascendentales.

Decido entrar por una de sus fronteras terrestres. Llego a Cúcuta, una de las ciudades colombianas más violentas, y me dirijo al puesto fronterizo que está a 12 kilómetros. Me está esperando en el lado colombiano un taxista venezolano que ha venido a buscarme por petición expresa de una amiga que vive en la ciudad colombiana de Bucaramanga. Me pide que primero pase por la migración colombiana para que me sellen el pasaporte. Después nos dirigimos a cambiar moneda venezolana.

Cambio pesos colombianos por bolívares venezolanos. Pido billetes grandes de 10.000 y 5.000 bolívares. El cambio es mejor si aceptas billetes pequeños de 50 y 100 bolívares. Pero no quiero atravesar la frontera con un saco a la espalda. Mis 200.000 pesos colombianos, es decir mis 61,34 euros, se han convertido en 833.333 bolívares. Me dan 40 billetes de 10.000 y 80 de 5.000. Son dos fajos asumibles que no ocupan mucho espacio en una de mis bolsas. En el valor de 50 bolívares hubiera tenido que manejar 16.000 billetes. 

Esta frontera siempre ha sido una de las más activas de todo el continente latinoamericano. El contrabando forma parte de la economía fronteriza. Como es sábado miles de venezolanos aprovechan el día de asueto laboral para atravesar la frontera a pie y comprar productos de primera necesidad que después revenderán en su país. El tráfico rodado está suspendido desde hace dos años, cuando se produjo una crisis migratoria entre ambos países que provocó el cierre temporal de la frontera.

Las autoridades venezolanas deportaron entonces a más de un millar de colombianos que estaban indocumentados en Venezuela. Ambos países comparten 2.219 kilómetros de frontera y unos 20.000 miembros de la Guardia Nacional venezolana custodian los 17 puntos fronterizos ubicados a lo largo de esa larga extensión.

La cola avanza lentamente por el Puente Internacional Simón Bolívar. Parece el puente de los lamentos. Algunas personas se despiden de sus familiares. El calor empieza a apretar. El tránsito a pie es lento pero ordenado.  La mayoría de los transeúntes tiene tarjeta fronteriza. Desde mayo es obligatoria y permite transitar por las ciudades fronterizas de los cinco puntos de ingreso autorizados durante los siete días de la semana, desde la cinco de la mañana hasta la ocho de la noche. Más de 600.000 venezolanos han solicitado la tarjeta fronteriza que tiene una validez de seis meses.

Otros centenares de personas cargan maletas y grandes bultos. Son los que abandonan el país. Tienen que presentar su pasaporte y cumplir con los requisitos exigidos por la autoridad migratoria colombiana. El desabastecimiento y la incertidumbre política en Venezuela han provocado que el número se haya multiplicado en los últimos meses.

Algunos entran en Colombia con la intención de quedarse, entre ellos colombianos que abandonaron hace décadas su país y que ahora regresan con sus ahorros para iniciar una nueva etapa de sus vidas. Pero el propósito de la mayoría de venezolanos a los que pregunto es proseguir su viaje hasta Ecuador, Perú y Chile.

Como yo voy en dirección contraria apenas pierdo cinco minutos en la caseta venezolana de inmigración. El policía me pregunta amablemente si es la primera vez que visito el país y le contesto que sí. Me estampa el sello y me desea una buena estancia.

Me habían advertido que tuviera cuidado en el puesto de control de la Guardia Nacional de Venezuela, que hay unos cien metros después de la oficina de inmigración. Los venezolanos aseguran que los policías suelen revisar a fondo los equipajes, y las arbitrariedades y los robos son permanentes. Uno de los policías me ordena que me detenga. Quiere inspeccionar mis bolsas. Le enseño mi pasaporte y me pide que le acompañe a un cuarto cochambroso en la parte de atrás de una caseta sin apenas ventilación.

Me pregunta por qué no he volado directamente a Caracas desde España. Le explico que voy a la ciudad de Mérida que está más cerca de la frontera colombiana que de la capital venezolana. Me devuelve el pasaporte y me despide lastimosamente como si hubiera perdido a una potencial víctima. A un centenar de metros me espera mi taxista que ha seguido todo el proceso con cierta preocupación. “Has tenido suerte. En la parte de atrás de la caseta siempre hay problemas”, me dice sonriendo mientras empezamos el viaje en Venezuela.

Más información




Pie
Enlaces recomendados

© HERALDO DE ARAGON EDITORA, S.L.U.
Teléfono 976 765 000 / - Pº. Independencia, 29, 50001 Zaragoza - CIF: B-99078099 - CIF: B99288763 - Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza al Tomo 3796, Libro 0, Folio 177, Sección 8, Hoja Z-50564
Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Grupo Henneo