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Italia

Lluvia, frío y temor al abandono tras el terremoto de Italia

Más de 3.500 personas han perdido sus casas y muchas reciben el otoño en campamentos provisionales.

Cristina Cabrejas. Roma Actualizada 31/08/2016 a las 13:35
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Tiendas instaladas en los alrededores de Amatrice

A las difíciles condiciones en las que ya se encuentran las más de 3.500 personas que han perdido sus casas tras el terremoto en el centro de Italia y que viven en tiendas de campaña desde hace una semana, se suma ahora la lluvia, el frío, pero sobre todo les preocupa ser abandonados.

"No nos abandonéis", es la frase que más repiten los supervivientes del terremoto a las autoridades que acuden a visitarles en los campamentos, pues crece el miedo a tener que pasar meses bajo la lluvia y el frío en estas tiendas a la espera de otra ubicación.

Desde este martes las condiciones meteorológicas han empeorado en la zona afectada por el terremoto de magnitud 6 en la escala Richter que devastó municipios enteros de la cordillera de los Apeninos centrales, donde ha llovido incesantemente durante la noche y se teme que el tiempo siga empeorando.

Si en esta semana los desalojados no podían estar dentro de las tiendas durante el día por el calor, ahora la lluvia no les deja salir.

"¡Lo que les faltaba, la lluvia!", lamenta Franco Santini de la Confederación de las Misericordias, una asociación católica que se dedica al voluntariado y que colabora con la Protección Civil, y que ha instalado y gestiona dos campos para 500 personas en Amatrice.

Santini, que es abogado, ha interrumpido sus vacaciones y ha dejado a su mujer y sus tres hijas para venir a ayudar, al igual que los otros 120 voluntarios de las Misericordias y que se afanan día y noche en atender a estas personas.

Explica que la lluvia complica aún más las labores en el campamento, como el cocinar, y sobre todo el pasar las horas, porque ahora está todo lleno de fango.

"Aquí se hace de todo, se cocina, se gestionan las provisiones, se ayuda en todo lo que se puede, incluso jugando a cartas con estas personas para pasar el tiempo", cuenta.

Santini señala que los supervivientes poco a poco van encontrando sosiego a pesar del drama y dice que al principio estaban bastante aturdidos y desorientados e incluso "querían pagar el café que se les ofrecía".

"Ahora se sientan contigo y te cuentan la fortuna de estar vivos, hablan de los amigos que han perdido y también su confianza en el futuro", agrega este voluntario.

"Aún - cuenta - cuando advierten los temblores que se siguen repitiendo durante la noche, escapan corriendo sin darse cuenta de que dentro de las tiendas están seguros".

No obstante al momento difícil, "la solidaridad ha funcionado a la perfección" y "los campos que se han instalado tienen de todo, mantas, juguetes, pañales", y las provisiones de comida no faltan, así como que en cada campo hay un médico que atiende las 24 horas del día, señala el voluntario de las Misericordias.

Las comidas se sirven en los horarios establecidos y es un momento importante de reunión entre todos, "pero la cocina está siempre abierta para un tentempié o un café", asegura.

"Ahora lo que más temo es la nieve. Esperemos que llegue lo más tarde posible, porque cae mucha y hace mucho frío, y mientras nos encuentren alguna ubicación mejor", explica una anciana que ha perdido su casa en Arquata.

El teniente alcalde de Arquata, Michele Franchi, pide que "dentro de un mes las tiendas tienen que desaparecer y darles otro lugar más digno, aquí hace frío y no pueden quedarse.

Las tiendas son impermeables y en estos días habían colocado estufas para calentarlas, pero en las últimas horas se han tenido que instalar también pasarelas y cubrir con grava muchos caminos para evitar el barro.

Otra de las preocupaciones de los damnificados son sus pertenencias, que han quedado en sus casas a la merced de cualquier desconsiderado que quiera robarlas y por ello "muchos pasan el día controlando que nadie entre en sus viviendas", explican los voluntarios.

Otros, dicen, vuelven al campo a dar de comer a sus animales o intentan ver si pueden abrir sus negocios y "les esperamos para cenar".

Los voluntarios de la Misericordia también han participado en rondas de vigilancia durante la noche para evitar robos en las casas que no se encuentran en la zona roja, pero que también han tenido que ser abandonadas.

Santini explica que aunque la situación en el campo por el momento es buena y los evacuados están completamente asistidos, "no podrán estar aquí más de un mes".

La solución que se está estudiando es la de reubicarlos en otras instalaciones o incluso en hoteles, pero no todos quieren alejarse de sus antiguas viviendas.

"¿Llegarán en un mes las deseadas casas de madera que les han prometido?", se preguntan ahora, mientras lo que sí que llegará seguro será el frío otoño de los Apeninos.







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