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Accidentes aéreos

La investigación de la catástrofe aérea de Swiftair en Mali culpa a los pilotos españoles

La tripulación no activó el sistema de descongelación de las sondas de presión, lo que se tradujo en el envío de información errónea al piloto automático y la caída del avión.

Efe. París Actualizada 22/04/2016 a las 21:23
Restos del avión siniestrado en MaliAfp

Un olvido de los pilotos españoles del avión de la aerolínea Air Algérie, operado por la española Swiftair, fue el origen del accidente del aparato el 24 de julio de 2014 en Mali, que costó la vida a 116 personas, indicaron este viernes los investigadores.

En su informe final sobre la tragedia, los peritos de la Oficina de Investigación y Análisis (BEA) francesa, encargados de las pesquisas por las autoridades malienses, confirmaron los motivos del accidente adelantados en su informe preliminar de abril de 2015.

"El análisis de los datos disponibles indica que la tripulación no activó" el sistema de descongelación de las sondas de presión, situadas en la parte delantera del avión, lo que se tradujo en el envío de información errónea al piloto automático, concluyen los investigadores.

El director del BEA, Rémi Jouty, aseguró que el análisis de los datos disponibles "no permite conocer los motivos por los cuales los pilotos no activaron ese sistema de descongelación". En este sentido, Jouty afirmó que no han podido tener acceso a las grabaciones de la cabina a causa de una avería en la caja negra encargada de grabarlos.

El avión, un MD83, había despegado sin problemas del aeropuerto de Uagadugu con destino a Argel, con pasajeros de trece nacionalidades y los seis miembros de la tripulación, todos ellos españoles. Jouty destacó que los pilotos tenían experiencia y cualificación suficiente, y que conocían bien la ruta, puesto que la aseguraban para Air Algérie desde hacía tiempo.

De hecho, habían hecho el camino en sentido inverso unas horas antes, lo que les había permitido detectar que en su camino encontrarían una masa tormentosa que trataron de rodear en el vuelo siniestrado.

Cuando alcanzó los 9.500 metros de altitud los tripulantes activaron el piloto automático, tal y como indica el protocolo. En ese momento, señaló Jouty, debían tener activados los sistemas de descongelación, según el protocolo, puesto que la temperatura estaba por debajo de los 6 grados.

"En esas circunstancias meteorológicas no es extraño encontrar la formación de cristales de hielo que pueden perturbar el funcionamiento de las sondas de control de la presión de los motores", señaló el director del BEA.

Los investigadores consideran que esos cristales de hielo bloquearon las sondas, lo que trasmitió al piloto automático informaciones erróneas sobre la presión, por lo que disminuyó la velocidad del aparato. Para mantener la altitud, el piloto automático elevó el morro del avión, lo que provocó que este dejara de planear y descendiera bruscamente. Jouty indicó que en ese momento los pilotos no supieron reaccionar a la situación.

No respondieron de forma adecuada a las alarmas que indicaban que el aparato estaba en caída libre y, por motivos desconocidos, solo desconectaron el piloto automático 20 segundos después de que este comenzara. Cuando lo hicieron, señaló el director del BEA, tampoco hicieron las maniobras adecuadas para enderezar el avión y recuperar su control.

"Los parámetros indican que no hubo maniobra de recuperación" de la caída libre "por parte de la tripulación" y que "el avión se estrelló contra el suelo a una gran velocidad", señala el informe final. Jouty aseguró que se han registrado incidencias similares en el pasado y que los pilotos supieron controlarlas y recuperar el control del avión.

Pese a todo, el responsable del BEA indicó que su labor no está en determinar las responsabilidades del accidente "si no en tratar de comprender sus causas". En este sentido, el BEA ha emitido una serie de recomendaciones extraídas del estudio de este accidente y destinadas a evitar que se repita.

Entre ellas, destaca el estudio de un sistema de descongelación permanente de las sondas de presión o la mejora de la formación de los pilotos frente a situaciones de caída libre en vuelos de gran altitud.
 







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