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Estados Unidos

McCarthy, el heredero del trono republicano que tropezó con el Tea Party

El camino de McCarthy ha sido mucho más corto, para llegar tan lejos, que el de la mayoría de sus predecesores.

Raquel Godos Actualizada 08/10/2015 a las 20:41
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El "número dos" de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, frenó hoy en seco su ascenso vertiginoso a la cúpula del Partido Republicano en el Congreso de EEUU al tropezar, cuando estaba a punto de alcanzar un nuevo éxito, con el ultraconservadurismo del Tea Party.

McCarthy renunció hoy de manera inesperada a ser el candidato a sustituir como presidente de la Cámara a John Boehner, quien ha ocupado el puesto desde enero de 2011 y le dio su respaldo.

El camino de McCarthy ha sido mucho más corto, para llegar tan lejos, que el de la mayoría de sus predecesores, pero cuando apenas estaba a un paso de subir al "trono" republicano se encontró de frente con el muro erigido por el ala más conservadora del Partido Republicano.

Su primer gran golpe de suerte ocurrió durante el verano de 2014, cuando el entonces "número dos" de la Cámara Baja y mano derecha de Boehner, Eric Cantor, perdió sorprendentemente las elecciones primarias para ser reelegido por su escaño en Virginia, lo que obligó a los conservadores a escoger a un nuevo liderazgo.

Como resultado de ese giro inesperado en la ruta de los legisladores republicanos, McCarthy se convirtió en el "número dos" de la Cámara Baja con menos experiencia legislativa de la historia, al llevar poco más de siete años y medio en activo dentro de los pasillos del Capitolio.

Si hubiera llegado a la presidencia de la Cámara de Representantes habría batido más marcas, después de un siglo en el que los máximos líderes de esa institución han alcanzado el puesto con una experiencia media como legisladores de unos 23 años, según apunta el sitio especializado en política estadounidense, Smart Politics.

No obstante, a sus 50 años y tras representar desde 2006 al distrito 23 de California, McCarthy ha decidido echarse a un lado y bajar el listón de sus ambiciones ante la posibilidad de no lograr el apoyo de su partido para ser confirmado en el cargo en el pleno de la Cámara por el rechazo del ala más conservadora.

Pese a partir como favorito y tener casi ganada con seguridad la votación interna de hoy - para la que se requerían 124 votos - McCarthy lo iba a tener muy complicado para conseguir los 218 votos necesarios de toda la Cámara.

Las dificultades del "número dos" estribaban en que los demócratas iban a votar a su líder, la que fuera la primera mujer presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, y los afines al Tea Party iban a brindar su apoyo al congresista Daniel Webster.

Conocido por sus notables dotes sociales, muchos achacan a su capacidad de oratoria y su carácter cercano las principales razones del éxito de McCarthy, aunque también había quien cuestionaba que pudiera forjar consensos, debido a su mano dura, difuminada por su fama de hombre afable.

De la mano de su don de gentes, su nombre también emergió gracias a la popular serie "House of Cards".

McCarthy se ofreció a ayudar a los guionistas de la productora de la serie, Netflix, a enriquecer la historia, e incluso a dejar que el actor Kevin Spacey, quien encarna a su protagonista, Frank Underwood, se convirtiera durante un tiempo en su sombra para lograr inspiración.

"Si quieres hablar con él, entonces te conviertes en lo único que existe en el mundo", explicó recientemente el exrepresentante de Arkansas Tim Griffin, sobre las capacidades de McCarthy.

"Pero para McCarthy, -con relativa poca experiencia gubernamental y en ocasiones un camaleón político- la pregunta ahora es si puede transformarse, desde el divertido papá siempre listo para un viaje a Disneylandia, en el papá que obliga que los niños hagan su tarea de álgebra y se coman la coliflor", afirmaba esta semana el diario "The New York Times".

La respuesta, claramente, parece ser no.

Las cualidades que le han aupado con tanta rapidez a rozar uno de los puestos de mayor poder en Estados Unidos, le han lastrado también al no convencer al cada vez más poderoso Tea Party de que podría atender sus ruegos y cerrar las divisiones de su bancada.
Las mismas, precisamente, que empujaron a dimitir al todavía presidente, John Boehner. 







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