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Grecia

Tsipras busca volver a la negociación en Bruselas en horas decisivas para una Grecia 'acorralada'

El primer ministro griego ganó la batalla de Syntagma pero su guerra es convencer a países como Alemania para que vuelvan a prestarle dinero

El corralito griego seguirá al menos dos días más y Tsakalotos coge el testigo de Varoufakis en la negociación

Alexis Tsipras ya tiene el mandato popular que siempre quiso. También el político, porque este lunes los grandes partidos griegos le dieron su apoyo para que acuda a Bruselas a negociar el mejor acuerdo posible con la troika, con sus acreedores, a los que debe 240.000 millones y a quienes pretende pedir algunas decenas de miles de millones más. Tsipras pasará del ardor de Syntagma a la cruda frialdad comunitaria. El domingo ganó una gran batalla, pero su guerra no es triunfar en un referéndum en su país sino convencer a los contribuyentes de los 18 miembros del euro para que le sigan prestando dinero. Éste es el gran problema.

Tsipras ha logrado toda la legitimidad dentro de Syriza, cierto, pero su cuestionable estrategia del órdago permanente puede pasarle factura en Europa, donde muchos gobiernos, como el alemán, se encuentran ahora con enormes problemas para convencer a sus parlamentos de que dar más dinero a Grecia servirá para algo. Como algún país decida emular a Syriza y llame a las urnas a sus ciudadanos para preguntar sobre esta cuestión, las sorpresas pueden ser devastadoras.

Son horas decisivas para la 'acorralada' Grecia -sus bancos seguirán varios días más cerrados y los controles de capitales, de variar, serán a peor-, que busca cerrar "inmediatamente" un acuerdo que le permita respirar algo de normalidad.

Este 7 de julio, San Fermín, Tsipras se encerrará en el Consejo Europeo con un variopinto lote de 18 jefes de Estado y de gobierno enrabietado, enfurecido y con escasas ganas de acuerdo. El primer ministro griego comprobará de nuevo cómo el ruedo de Bruselas dista mucho de ser Syntagma. Un coso que este lunes se cobró su primera víctima, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, cuya dimisión ha sido la historia de un suicidio anunciado. Llamar "terroristas" a sus socios, a esos a los que sigue pidiendo dinero, no tiene otra definición.

Europa contiene la respiración. Se juega demasiado, nada menos que la irreversibilidad del euro. Sí, palabras mayores que asustan a París pero que envalentonan a Berlín, donde no son pocas las voces que creen que ha llegado el momento de saltar al vacío e 'invitar' a Grecia a salir del euro. Francia y en menor medida Italia lideran la escasa bandada de palomas, mientras que Alemania encabeza la nutrida representación de halcones, con Finlandia, Holanda, Austria, Lituania, Letonia, Estonia o Eslovaquia siguiéndola fielmente; también España, Irlanda o Portugal, que han sufrido en sus propias carnes la severa dieta de adelgazamiento de la troika.

La buena noticia para Tsipras y especialmente para Grecia es que aún existe algún puente levantado. Frágil, agrietado, pero en pie. Hay señales que invitan a un tímido optimismo para la consecución de acuerdo. A saber: la dimisión de Varoufakis, la evidente rebaja del tono tremendista protagonizado por ambos lados en los últimos días; la decisión de Tsipras de convocar a todos los partidos más o menos homologables-excepto los neonazis y los comunistas- y cerrar un acuerdo de Estado para negociar con una sola voz en Bruselas; la llamada de Tsipras a la canciller, Angela Merkel, para decirle que este martes presentará otra oferta formal en el Eurogrupo que se celebrará a la una y en la Eurocumbre que arrancará a las seis; el empeño de Francia en evitar lo peor, el mensaje del FMI diciendo que está "listo" para ayudar...

Un cúmulo de circunstancias que indican que cierta sensatez ha llegado a la mesa de negociación. Ha costado cinco meses y un peligroso corralito en la Europa del siglo XXI, pero el rayo de luz sigue vivo después de que los grandes líderes comunitarios advirtieran de que un 'no' traería de vuelta el dracma.

El BCE eleva la presión


El primer ministro italiano, Matteo Renzi, fue precisamente el que lanzó este órdago en las redes sociales. Este lunes, sin embargo, se mostró mucho más conciliador y abogó por buscar una solución. Desde la Comisión Europea, el encargado de hablar fue el vicepresidente del Euro, Valdis Dombrovskis, que mostró "respeto" por el resultado pero lamentó que "ahora aumenta la distancia" entre ambas partes. Lo hizo tras remarcar que el futuro de Grecia está en "Europa", aunque preguntado por si también lo está en la Eurozona, eludió pronunciarse al respecto. "Los griegos quieren quedarse en la Eurozona. También es mi meta, pero vamos a ver si lo logramos", recalcó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, tras mantener una conferencia telefónica con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker; el del Consejo, Donald Tusk, y el del BCE, Mario Draghi.

Veremos qué sucede este martes. Es un día crucial para el futuro inmediato de Grecia, que busca a toda costa un principio de acuerdo que sirva de señal política para que el Banco Central Europeo amplíe la línea de emergencia (ELA) que mantiene con vida a la banca helena, a la que apenas le quedan mil millones en sus arcas. Este lunes, casi todas las miradas estaban puestas en Fráncfort, donde el Consejo de Gobierno del BCE decidió mantener el ELA en "89.000 millones", cantidad establecida el 26 de junio, día en que se rompieron las negociaciones.

Sin embargo, el Eurobanco decidió dar un nueva vuelca de tuerca en su presión hacia Grecia aumentando el 'haircut' aplicado sobre el colateral necesario para recibir más liquidez. Dicho de otro modo, que si quieren dinero del BCE, deberán presentar más y mejores avales. "La situación financiera de la República Helénica tiene un impacto en los bancos griegos ya que las garantías que usan en las operaciones de provisión urgente de liquidez dependen en gran medida de activos vinculados al Gobierno", reza el comunicado del BCE, que dice estar "determinado a usar todos los instrumentos disponibles dentro de su mandato". Más presión sobre Tsipras, más presión sobre Grecia. No hay tiempo.
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