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Francia

Montebourg, el ministro díscolo que ha hecho saltar el Gobierno francés

Ha ejercido durante más de dos años como "electrón libre" en el Gobierno de Francia. 

Efe. París Actualizada 25/08/2014 a las 22:13
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Arnaud Montebourg, hasta ahora ministro de Economía e IndustriaAFP

Arnaud Montebourg, hasta ahora ministro de Economía e Industria, ha ejercido durante más de dos años como "electrón libre" en el Gobierno de Francia, oponiéndose abiertamente a decisiones económicas del Ejecutivo y reclamando un cambio de política de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo.

Hasta que sus últimas críticas a la "austeridad" del Ejecutivo que pilota Manuel Valls, bajo la presidencia de François Hollande, han colmado el vaso de la paciencia del primer ministro y del jefe del Estado.

Valls anunciará este martes, un nuevo Gobierno, en el que no estará Montebourg, que este lunes tomó por última vez la palabra desde el Ministerio de Economía para reiterar que "si no hay ninguna corrección, habrá más parados" y anunciar que abandona el equipo socialista que lleva las riendas del país.

"En toda comunidad humana es natural que haya desacuerdos. En toda democracia es normal que haya debate", dijo Montebourg (Clamecy, 1962), que con su indisciplina federa a los diputados del ala más a la izquierda del Partido Socialista, muy críticos con el golpe de timón de Hollande para recuperar competitividad con una rebaja de cotizaciones a las empresas y recortes en servicios sociales.

Montebourg, licenciado en Derecho y en Políticas, hispanohablante y padre de dos hijos, ha sido además la voz más clara del Ejecutivo galo contra la austeridad promulgada por la Comisión Europea y contra la política monetaria del Banco Central Europeo, que según su análisis ha propiciado un euro muy caro que dificulta las exportaciones francesas.

Tercero en las elecciones primarias de su partido para designar al candidato a las presidenciales de 2012, por detrás del victorioso Hollande y de Martine Aubry, entró en mayo de ese año como ministro de Industria en el Ejecutivo, que pilotaba entonces Jean-Marc Ayrault.

Adalid de un "patriotismo industrial" que ha quedado simbolizado con su impulso al concepto de "Made in France", Montebourg mantuvo una tensa relación con Ayrault, un político poco dado a las salidas de tono de su ministro.

Ya entonces rozó la salida del Gobierno, pero su discurso de izquierda antiglobalizadora y de patriotismo económico le convertían en un contrapeso al progresivo viraje de Hollande hacia una política económica próxima a los postulados de Bruselas.

Reaccionó pública y ferozmente contra algunos grandes industriales que cerraban fábricas en Francia, como la siderúrgica Arcelor Mittal en los altos hornos de Florange, o el grupo Titan, que producía neumáticos Goodyear en territorio francés.

Pero quizá su dossier más sonado tuvo que ver con la venta del grupo industrial Alstom a la multinacional estadounidense General Electric, anuncio que llegó sin aparente conocimiento del ministro de Industria, que se esforzó por privilegiar "in extremis" un acuerdo de la empresa francesa con la alemana Siemens.

A pesar de los esfuerzos de Montebourg, General Electric terminó comprando la parte de Alstom dedicada a la energía, aunque el Estado francés entró al accionariado del nuevo grupo.

Tras las elecciones municipales del pasado marzo, que se saldaron con una histórica derrota de los socialistas, Hollande nombró como primer ministro a Manuel Valls.

El nuevo jefe del Ejecutivo, en el flanco más a la derecha del Partido Socialista, tenía el encargo de aplicar el llamado "pacto de responsabilidad", la reducción en 30.000 millones de euros de las cotizaciones que pagan las empresas -a cambio de crear empleo-, financiado con una disminución del gasto público de 50.000 millones de euros en tres años con recortes en educación, sanidad y pensiones, entre otras partidas.

Sorprendentemente, Montebourg no salió del Ejecutivo en la configuración del nuevo Gobierno en abril, sino que ganó enteros y sumó la cartera de Economía a la de Industria.

Poco después, en junio, explicó su personal concepción del "pacto de responsabilidad", que pasaba por invertir en sectores punteros, crear nuevos empleos industriales y por distribuir el dinero ahorrado a través de una regla de "tres tercios".

Una parte para el saneamiento de las cuentas públicas, una segunda para la bajada de las cotizaciones obligatorias de las empresas y, finalmente, una tercera para bajar la presión fiscal de los hogares, explicó entonces.

Montebourg dijo que detallaría sus propuestas en septiembre, pero cuando arranque el próximo mes habrá perdido su cartera ministerial, al igual que Aurélie Filippetti y Benoît Hamon, hasta ahora ministros de Cultura y Educación, respectivamente, que tampoco comparten el rumbo político del Gobierno.

Queda por conocer el futuro político de Montebourg y si intentará erigirse como estandarte del descontento socialista, con los ojos puestos en las elecciones presidenciales de 2017. 
 







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