PATRICIA ARIZÓN. Huesca
La afición del Huesca recordará por siempre la tarde del 15 de junio de 2008. Tras un partido épico, de esos que hacen grandes a los equipos del deporte rey y a los futbolistas, la ciudad entera se lanzaba a la calle para festejar por todo lo alto un ascenso anhelado y merecido. El Huesca era ya equipo de Segunda y tanto los fieles seguidores azulgranas como aquellos menos apasionados, quisieron disfrutar de una jornada que pasará a formar parte de la historia del deporte aragonés.
A partir de las siete de la tarde, la plaza de Navarra se llenaba de banderas y bufandas con los colores del equipo y de la ciudad, pero la fiesta empezaba mucho antes, cuando a las cuatro el Jai Alai abría sus puertas para que 800 seguidores oscenses pudieran disfrutar del partido en una pantalla gigante instalada por la Peña Alegría Laurentina. La ocasión merecía un lugar así, donde los muchos aficionados que no habían podido trasladarse hasta Écija pudieran llevar en volandas a sus ídolos y vivir juntos una tarde inolvidable.
El partido de El Alcoraz con victoria para los de Onésimo dejaba la eliminatoria a favor del Huesca, pero todavía quedaban noventa minutos de juego en los que podía pasar cualquier cosa. Pero el ambiente era de victoria, de triunfo, de ascenso..., por lo que las voces de los aficionados azulgranas no dejaron de animar como si esa sala fuera el mismo Alcoraz y desde el campo sevillano de San Pablo pudieran escucharles. Los cánticos se sucedieron durante toda la primera mitad, ante el correr de los minutos que acercaban al Huesca al cielo. Al comienzo de la segunda parte quedaba menos y a pesar de que el Huesca apenas creaba ocasiones de gol, las continuas paradas de Eduardo, sin duda, uno de los hombres más aplaudidos y vitoreados, hacían que todos los presentes en el Jai Alai se sintieran aficionados de Segunda.
Pero la insistencia del Écija tuvo su recompensa y el gol de Nolito en el minuto 64, creaba la incertidumbre. A pesar de ello, los ánimos no cesaron en ningún momento; más aún cuando el colegiado expulsó a Dorado en el 88 señalando una peligrosa falta al borde del área que hizo que muchos no tuvieran valor para mirar la pantalla. Los cuatro minutos de tiempo añadido sentaron como un jarro de agua fría y más, si cabe, se helaron las almas azulgranas cuando la pantalla gigante se apagó. Pero la imagen volvió para vibrar con la imagen del partido. Roberto hizo el empate en el último suspiro con un golazo de leyenda y el Jai Alai estallaba en un grito de euforia.
Baños en la plaza de Navarra
Saltos, cánticos y lágrimas de emoción siguieron al pitido final. El sueño de toda una ciudad se había hecho realidad por lo que había que ir a celebrarlo al corazón de Huesca, a la plaza de Navarra, a compartir con aficionados venidos de cualquier rincón de la ciudad, la gesta conseguida.
Los aficionados del Huesca se bañaron en la fuente, mientras cientos y cientos de seguidores llegaban desde todos los accesos a la plaza. Al final, más de 2.000 personas se concentraron para vivir un momento inolvidable. Niños, jóvenes y mayores se convertían en los protagonistas absolutos de la fiesta, una fiesta repleta de banderas con los colores del club, de Huesca y de Aragón.