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Gastronomía
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Los secretos de un buen rebozado

Una buena fritura le da un sabor estupendo a un bacalao o a una merluza, pero lo cierto es que cada vez acompaña a más productos, incluso a algunas frutas.

Alejandro Toquero. Zaragoza Actualizada 29/04/2013 a las 12:33
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Diferentes tipos de rebozados en Casa JuanicoALMOZARA FOTOGRAFIA

Para conocer un poco más sobre el arte del rebozado en Zaragoza podríamos haber acudido a unos cuantos establecimientos, ya que se trata de una plaza donde la fritura gusta y, en general, se prepara bien. Pero, sin duda, una de las casas señeras la encontramos en la plaza de Santa Cruz. Casa Juanico imparte su magisterio culinario desde 1929; desde hace unos años de la mano del cocinero Miguel Ángel Velasco.

El bacalao rebozado y el jamón con chorreras siguen siendo sus dos señas de identidad, aunque su barra ha evolucionado mucho. No ha sido necesario apretarle demasiado a este chef para que confiese los secretos de sus rebozados, que no se refieren a elaboraciones y procesos muy complicados sino más bien a diferentes fórmulas alrededor de determinados ingredientes.

Básicamente, dependiendo del emulsionante (agua carbonatada, soda, sifón, cerveza…) y del tipo de harina, «más ligera, como la de pastelería, o más fuerte, como la de panadería», los resultados van a ser unos u otros, es decir, «conseguiremos un rebozado más ligero y crujiente o más tirando a masa de pan», comenta.

Miguel Ángel Velasco no cree demasiado en el huevo para el rebozado porque «te sella la salida de los líquidos, hace la cocción por dentro, tiende a cristalizar y de alguna forma enmascara el sabor del producto». Su fórmula pasa por utilizar harina, sal y un emulsionante como la ya reseñada agua carbonatada o, en su caso, la mezcla de agua y la conocida levadura Royal.

En primer lugar, añade la sal a la harina, ya que si la incorporase después de la levadura se rompería la emulsión. «A continuación se pone el agua –prosigue el chef– se remueve y, por último, hay que añadir la levadura. Se bate todo para que se mezcle bien con el aire y emulsione más, y se deja alrededor de un cuarto de hora de fermentación». En el caso de utilizar agua carbonatada, sifón o soda, hay que prescindir de la levadura.

Esta es la base de casi todos sus fritos, pero claro, luego está la mano del cocinero, los porcentajes de unos u otros ingredientes para conseguir según qué texturas y la utilización de harinas más o menos ligeras. «En general –explica– lo que me gusta es el contraste; en los pescados, que sean rebozados más crujientes y, en la carne, que suavicen, ya que el producto en sí mismo da suficiente consistencia».

Otro aspecto importante es la temperatura del aceite. «Debe estar entre 170 y 180 grados –asegura–, porque si te pasas puede ocurrir que se queme por fuera y por dentro esté sin hacer, y si te quedas corto se queda esponjado y absorbe mucha grasa». Y concluye su catálogo de recomendaciones refiriéndose al mejor aceite para este tipo de frituras: «Me gusta más el de girasol, ya que el de oliva enmascara mucho el producto».

Tempura

Para hablar de la última preparación, la tempura, hemos acudido al restaurante Uasabi, en el Tubo zaragozano, donde el chef Abel Mora ofrece una curiosa fusión de cocina nikkei con toques aragoneses. Al referirse a las características que debe tener una tempura, habla de la sutileza, de esa capa que no debe ocultar el producto sino velarlo ligeramente, de un tenue rebozado, muy crujiente, «capaz de mantener las propiedades del alimento».

Resulta curioso cómo Abel Mora ha hecho de la hoja de la borraja uno de los iconos de su establecimiento, que ofrece en forma de ración con zanahoria, judías y langostinos en tempura. «Lo principal es que esté bien fría –comenta este cocinero, especializado en cocina japonesa y en la fusión de productos de varios continentes–; en nuestro caso utilizamos harina de trigo, agua, hielo y una yema de huevo».

La masa, prosigue, «debe tener la consistencia de una crepe, ni muy líquida ni espesa, pero eso sí, insisto, tiene que estar muy fría, ya que es el contraste del aceite y la masa fría el que hace que quede muy crujiente». Y muy importante, por supuesto, degustarla al momento, ya que pasados diez minutos pierde bastante consistencia.

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