Preocupado, con motivos, por el desafección ciudadana que reflejan las encuestas y el rechazo a sus recientes anuncios, el Gobierno ha lanzado una ofensiva en varios frentes, que incluye el viaje de la vicepresidenta Salgado para explicar a inversores y también al 'Financial Times', tan crítico en los últimos meses con el Gobierno Zapatero, las medidas para contener el déficit.
Ojalá que la misión sea un éxito, pues, aunque no es alentador que el Gobierno de España tenga que dar explicaciones en los foros euroescépticos, el objetivo es que la imagen del país no resulte dañada y, sobre todo, que no haya motivos objetivos para ese detetioro. Las acusaciones genéricas de José Blanco sobre una conjura para derribar a Zapatero casan mal con la seriedad que el momento requiere. Los ciudadanos, cuatro millones de los cuales sufren el drama del desempleo, merecen saber qué medidas va a tomar el Gobierno. El Parlamento, donde el presidente Zapatero ha anunciado que comparecerá, a petición de la oposición, es el lugar indicado, el foro donde las fuerzas políticas debieran alcanzar un acuerdo, aunque fuera de mínimos, que restituya la confianza perdida, tan necesaria.
Para aprender Derecho fue un ineto/ ¿ni Primero aprobó, por ser esato¿/ y cuando con el PSOE entró en contato/ fue como aluno el fin de su trayeto./ Mas resultó ser ótimo y perfeto/ ¿no ostante su istrución de autodidato¿,/ pues dejó a Zapatero estupefato/ y, desde aquel istante, fue su adeto./ Para otener vitoria eletoral/ no le es preciso ser inteletual,/ e incluso ni le afeta ser corruto./ En sus estudios, prático, hizo pausa,/ porque tiene, en efeto, honoris causa,/ dotorado en calunia y esabruto./