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CRÍSIS DEL EURO

La crisis europea, un 'déjà vu' para los argentinos

Una década después, los argentinos aún permanecen en el purgatorio por las heridas no cicatrizadas de aquella crisis y miran lo que sucede al otro lado del Atlántico como quien ve una película de terror de la que ya sabe el final.

NATALIA KIDD. BUENOS AIRES Actualizada 01/12/2011 a las 16:24
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El corralito argentino sacó a la calle a los ahorradores que reclamaban su dineroHERALDO

La recesión, el insostenible endeudamiento y las altas tasas de desempleo que viven varios países europeos son como un 'déjà vu' de la crisis que hace diez años hundió a Argentina en un infierno político, económico y social.

Una década después, los argentinos aún permanecen en el purgatorio por las heridas no cicatrizadas de aquella crisis y miran lo que sucede al otro lado del Atlántico como quien ve una película de terror de la que ya sabe el final.

Las comparaciones surgen entonces casi naturalmente, en un ejercicio de búsqueda de similitudes y diferencias entre aquellos convulsionados tiempos en Argentina y las resquebrajadas economías europeas, en particular Grecia, la más acosada por la crisis.

"Una de las principales diferencias es la cultural, los europeos son otro tipo de países que tienen mucho más que perder si entran en un cese de pagos, como lo hizo Argentina, o salen del euro", dijo Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb.

Para el experto, los preocupantes niveles de productividad, competitividad y endeudamiento de muchas economías europeas son "muy similares" a los de Argentina en 2001.

Una salida complicada

"Y esto de comenzar a pagar tasas de interés mayores los empieza a meter en un brete porque pasan a ser economías recesivas y con necesidades de hacer ajustes. Y la salida sólo con ajuste es bastante complicada", advirtió Lamothe.

Argentina sabe bastante de los efectos de los ajustes. Los tuvo -y muy fuertes- en los meses previos al estallido de la crisis, a finales de 2001, y la receta, impuesta por los organismos internacionales y aceptada por el Gobierno de Fernando de la Rúa, no hizo más que profundizar una recesión iniciada en 1998.

Sin margen de maniobra por aferrarse a la ley de convertibilidad "uno a uno" entre el peso y el dólar que regía desde 1991 y sin fuentes de financiación exterior por el retiro del apoyo de Fondo Monetario Internacional a finales de 2001, Argentina entró en caída libre, con severos problemas de solvencia fiscal y en el sector bancario.

Hacia finales de 2001 Argentina tenía, como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), un superávit fiscal primario del 0,5%, un déficit de cuenta corriente en la balanza de pagos del 1,2% y una deuda del sector público del 53%, con una tasa de desempleo del 18,3% y la de pobreza del 38,3%.

Grecia acumula hoy cuatro años de recesión, cerrará el año con un déficit del sector público del 9%, su deuda equivale al 162% del PIB y el desempleo es creciente, con un pronóstico de paro del 17% para el 2012, cuando la economía se contraerá un 2,8%, según las previsiones oficiales.

Para Fausto Spotorno, director de Research de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, la crisis griega es "muy similar" a la argentina, "con un tipo de cambio fijo y un gasto público creciendo en forma descontrolada al igual que el endeudamiento".

"Solo que todos los números de Grecia son hoy el doble de malos que los que tenía Argentina en 2001: el doble de déficit fiscal y el doble de endeudamiento. Grecia llegó a una situación mucho más complicada", apuntó el experto.

La diferencia está en la financiación

Spotorno marca una gran diferencia: mientras Argentina se quedó sin financiación externa, Grecia recibe millonarios paquetes de ayuda de sus hermanos europeos.

"Por esta capacidad de financiarse que tiene Grecia, es como si la economía argentina hubiera evitado el 2001 y hubiera seguido de fiesta por seis años más, haciendo más grande el problema", señala el experto.

Otra diferencia radica en las vías posibles de solución. Argentina terminó por salir de la convertibilidad y devaluar, mientras que Grecia, al no tener moneda propia, no puede recurrir a la alternativa de la depreciación para ganar competitividad.

"La ventaja que tuvo además Argentina es que tenía un sector de bienes exportables (materias primas y sus derivados) muy dinámico que Grecia no tiene", agregó Spotorno.

La de Grecia y sus vecinos es, por otra parte, una crisis de dimensiones infinitamente mayores a la de Argentina, un proceso con derivaciones de alcance global, un tormento al que el país suramericano reza por no regresar al cabo de nueve años de crecimiento económico, una deuda reestructurada, disciplina fiscal y una tasa de desempleo del 7,2%, la menor de los últimos diez años.








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