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Perspectivas 2018

Hacer lo contrario

"Donde hubo devaluación salarial debe haber crecimiento de los salarios".

Daniel Alastuey Lizáldez 02/01/2018 a las 05:00
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Recuperado el nivel de riqueza previo a la crisis, lo primero que podemos decir es que en Aragón se produce hoy lo mismo que en 2008 pero con sesenta y dos mil empleos menos, prácticamente un 10%, que cuando acababa de cerrarse la Expo de Zaragoza. Y no hablamos del mismo tipo de empleo, porque si atendemos a la calidad, resulta que tenemos ochenta mil empleos menos a tiempo completo, pero diecisiete mil más a tiempo parcial, por lo que la cantidad de empleo necesario para generar la misma riqueza es mucho menor. Eso ocurre sobre todo en la industria, que prácticamente produce lo mismo con treinta mil empleos menos, y nos da una indicación de por dónde empieza a discurrir el futuro.

El paro todavía golpea con dureza: setenta mil personas permanecen en esa situación, y treinta mil de ellas desde hace un año o más. Cuatro mil quinientas familias tienen a todos sus miembros activos en desempleo, y del total de desempleados un cuarto cobra una prestación en torno a los 800 euros y otro cuarto un subsidio de apenas 426; el resto, la mitad de todos los desempleados, nada.

El paro tampoco se distribuye igual en el conjunto de la sociedad aragonesa. Si eres joven y mujer tienes más posibilidades de estar parado. Y el empleo tampoco tiene una distribución equilibrada: uno de cada siete ocupados tiene un empleo a tiempo parcial, pero si hacemos un desglose por sexo veremos que solo uno de cada veinte hombres tiene este tipo de empleo mientras que los contratos a tiempo parcial le tocan a una de cada cuatro mujeres. Está claro que la crisis y sus consecuencias sí tienen sexo, y es el femenino.

También sabemos que los salarios han perdido en este periodo más de ocho puntos de poder adquisitivo y que en los últimos trimestres, en los que la economía ha crecido de una manera vigorosa, los costes salariales de las empresas se han estancado, de tal manera que los únicos que han perdido en esta crisis (los beneficios empresariales ya se han recuperado) han sido los trabajadores.

Y si en medio de las peores corrientes de la crisis el relato del sacrificio necesario para salir de la tormenta era asumido por una parte importante de los ciudadanos, arribados a las playas del crecimiento y viendo que unos iban en el barco de turistas y otros de galeotes, resulta obsceno seguir exhibiéndolo y utilizándolo para contener las lógicas aspiraciones de recuperación de las personas.

Las políticas que durante los últimos años se han practicado son una buena guía para saber lo que hay que hacer ahora: lo contrario. Donde hubo devaluación salarial debe haber crecimiento de los salarios, públicos y privados, y de las pensiones. Donde se deterioró la calidad del empleo debe restituirse la causalidad del empleo temporal para reducirlo a límites razonables. Donde se desmanteló la red de protección social debe restituirse un sistema que garantice condiciones dignas de vida a quienes más han sufrido durante la crisis. Donde hubo recorte deliberado de los servicios públicos por parte del Ministro de Hacienda debe haber financiación suficiente a las administraciones periféricas para que puedan mantener los servicios y atender a otras necesidades económicas.

Y donde hay voluntad manifiesta de recortar impuestos para beneficiar a los que más tienen (Trump acaba de dar el pistoletazo de salida), debe haber una reforma fiscal que haga nuestro sistema más progresivo y capaz de recaudar en la media (sesenta o setenta mil millones de euros más) de los países europeos a los que queremos igualarnos.

Eso es exactamente lo que necesitamos los aragoneses, y no vamos a poder hacerlo si no asumimos que en un mundo donde los poderes económicos tienen plena libertad de actuación los ciudadanos necesitamos participar en estructuras políticas que, superando los estados, sean capaces de imponer algún tipo de orden. Y no solo a los poderes financieros, que tienen numerosos recovecos en los que escamotear sus beneficios, sino a las empresas que pueden permitirse una presión solo posible por la fragmentación de las regulaciones y los mercados nacionales.

Y necesitamos mucha educación. De las dos.





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