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Perspectivas 2018

Recuperar el fuelle y una Opel que ahora habla francés

Durante cerca de tres años la economía aragonesa creció menos que la media española... Hasta el tercer trimestre de este año. Clave en esta realidad es el empuje de una industria en la que Opel y su fábrica de Zaragoza abren una nueva etapa en el grupo PSA tras ser vendida por GM.

Los protagonistas

Los datos de coyuntura del tercer trimestre de este año, conocidos hace solo dos semanas, han revelado que la economía aragonesa crece por primera vez en cerca de tres años más que la media española. Así solía ser durante mucho tiempo, en gran parte por nuestro diferencial en el área industrial, pero las cosas habían cambiado. La actividad fabril sufrió mucho las consecuencia de la crisis económica y acabó por notarse, sin olvidar que mal que nos pese en gran medida el trabajo de la fábrica de automóviles de Opel en Figueruelas sigue pesando demasiado en el conjunto de la economía regional. Y como se ha dicho siempre, "si Opel estornuda, Aragón se constipa".

La actividad empresarial en la comunidad autónoma ha vivido altibajos, como en toda España, pero si algo se aprendió de la crisis (o se dio como consecuencia de ella, en muchos casos por necesidad) es que hay que salir a mercados exteriores. Y ahí también ha habido altibajos, porque en los países de destino –en Europa, fundamentalmente– la desaceleración económica ha estado muy extendida. Pero erre que erre, con un ‘expertise’ que no ha dejado de ser bien valorado fuera del país, muchos de nuestros productos y servicios siguen triunfando allende nuestras fronteras. Y eso nos ha venido muy bien.

Empresas aragonesas de muy diversos sectores pelean cada día para vender mejor y eso se está trasladando a las estadísticas. En las del tercer trimestre de este año su aportación ha permitido que el crecimiento de nuestro producto interior bruto (PIB) se incremente un 3,2%, una décima más que la media española y seis más que la de la Unión Europa. Así que esa desaceleración que los más críticos con el Gobierno socialista de Javier Lambán en el Pignatelli –muchos, precisamente, desde ámbitos empresariales– atribuían a políticas fiscales poco favorecedoras, parece quedarse un poco atrás. Crecemos más y mejor (fundamentalmente por la actividad empresarial, aunque existe el persistente empeño de atribuir la evolución económica especialmente a los políticos), lo que en cualquier caso es una buena noticia. Creceríamos, dirían los críticos con la gestión de Lambán, si en materia de impuestos estuviésemos más cerca de Madrid.

La actividad económica va mejor, en cualquier caso, porque nuestras industrias están dando el callo. En automoción, y no solo por la planta de Opel, que hoy tiene cuatro modelos en sus cadenas de montaje, sino por esa industria auxiliar que trabaja para la marca del rayo pero también para otras como Volkswagen, Seat, Mercedes o Ford. También mejora el PIB por industrias como la de los electrodomésticos, con el liderazgo de BSH; la del sector del papel, con Saica, Gomà Camps oTronchetti; la de los colchones, con Pikolin e incluso Relax, y otras actividades fabriles que también muestran empuje.

En otros sectores la marcha también es positiva. Aragón ha ganado enteros en logística, en agroalimentación, en actividades relacionadas con la actividad energética... Y lo hace con multinacionales, con empresas de capital español, con pymes locales y con emprendedores, a pesar de que todos ellos padezcan los negativos efectos de una burocratización que sigue lastrando nuestras expectativas, un punto negro que nos coloca entre las peores comunidades autónomas para hacer negocios, según constata un índice elaborado por el Banco Mundial.

En este escenario, estamos ante el reto de recuperar el fuelle perdido y luchar contra las adversidades. La economía crece en entornos del 3%, un dato excelente, y se está creando empleo, pero este es muy precario. Quizás habrá que asumir que cada vez hay que pensar menos en lo del puesto de trabajo para toda la vida, pero hay excesos que no deberían cometerse. Lo mismo que ocurre con los sueldos: la contención salarial hace a las empresas más competitivas, de acuerdo. Pero eso es una cosa y otra es que los beneficios no lleguen a todos los que contribuyen a la buena marcha de una compañía.

La noticia del año

En el balance del ejercicio 2017 y con el pensamiento puesto en lo que nos depara 2018 hay que reconocer el protagonismo del cambio de dueño en Opel. Después de casi un siglo como propietaria de esta empresa alemana, la multinacional estadounidense General Motors decidió a principios de año vender su filial europea tras ser incapaz de conseguir que vuelva a beneficios después de más de tres lustros. En febrero se anunció que GM estudiaba un acuerdo con el grupo francés para desprenderse de Opel y el 6 de marzo la operación se firmó en París, un día antes de la apertura a la prensa del Salón del Automóvil de Ginebra, la primera gran cita anual del sector. Carlos Tavares, el presidente de PSA, artífice del abandono de los números rojos en la compañía de las marcas Peugeot, Citroën y DS, proclamaba su interés en conseguir que, con Opel, se cree "un gran campeón europeo". Segundo fabricante en el Viejo Continente después del grupo Volkswagen, superando ahora a la también gala Renault.

La operación siguió todos los trámites pertinentes, ‘due dilligences’ de Competencia europea incluidas, y Opel pasó a formar parte de PSA de modo oficial el pasado 1 de agosto. Un mes después, Tavares recibía en el Salón del Automóvil de Fráncfort a periodistas de todo el mundo como el ‘gran jefe’ de un grupo que se hace algo alemán sin dejar de ser francés, bien sûr, y anunciando que aplicaría en Opel la misma receta que permitió devolver a PSA a la senda de los beneficios. Una receta que conocen en plantas españolas como la de Vigo y que incluye una contención salarial y un incremento de la flexibilidad que la compañía quiere aplicar en la planta de Opel en Figueruelas, como se ha demostrado en la negociación del convenio colectivo de la factoría aragonesa. A cambio, eso sí, en Zaragoza se seguirán ensamblando los SUVlanzados este año –el Opel Crossland X y el Citroën C3 Aircross– y vendrá un Corsa que incluirá desde 2020 una versión eléctrica.

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