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Papeles de Panamá

Cómo un lacónico mensaje desembocó en un escándalo mundial

El diario alemán 'Süddeutsche Zeitung' ​revela algunos detalles de la historia de investigación.

Efe. Berlín Actualizada 08/04/2016 a las 00:00
'Süddeutsche Zeitung'AFP

La historia de los llamados "papeles de Panamá", que ha desembocado en un escándalo que ha sacudido prácticamente a todo el mundo, se inició con un lacónico mensaje al diario alemán 'Süddeutsche Zeitung' que sería el comienzo de una investigación periodística internacional.

"Hola, habla John Doe. ¿Tienen interés en datos? Se los doy con gusto", fue el mensaje que recibió el periódico de una fuente anónima hace más de un año.

Luego siguieron otras noticias y posteriormente -en varias entregas- los datos anunciados que al final abarcaban 2,6 terabytes.

El rotativo, en un artículo en el que revela algunos detalles de la historia de investigación, asegura que se trata de la filtración de datos más grande que haya llegado a los medios.

El diario destinó un equipo especial a que contrastase la autenticidad de los datos y decidió hacer partícipe de ellos al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), con el propósito de que se pudiera contrastar el mayor número de historias posibles a nivel mundial.

El ICIJ, fundado en 1997, es una asociación internacional de periodistas de investigación al que pertenecen cuatro reporteros del periódico alemán.
A la investigación de los "papeles de Panamá" -centrados en las empresas opacas creadas por el bufete Mossack Fonseca- se sumaron 400 reporteros de una decena de países.

Los resultados están siendo publicados actualmente en veinte idiomas y salpican tanto a políticos como a deportistas y dirigentes deportivos y a 29 personas que aparecen en la lista de la revista 'Forbes' de las 500 mayores fortunas del mundo.

Los "papeles de Panamá" contienen datos de más de 200.000 empresas opacas creadas entre 1977 y 2015.

Ya hace dos años un informante había vendido a las autoridades alemanas datos internos sobre el bufete panameño, pero que afectaban sólo a unos cientos de compañías.

Esa primera filtración condujo a registros de despachos y viviendas de un centenar de personas en Alemania y varios bancos, entre ellos el Commerzbank, el segundo del país, se declararon dispuestos a pagar multas millonarias en relación con los negocios realizados con Mossack Fonseca.

Pero lo de ahora tiene otras dimensiones y nadie sabe cuándo se terminarán de contar todas las historias que revelan los papeles ni qué harán las autoridades de los países afectados por ellas.

Hay historias casi marginales como la de Leticia Montoya, una mujer que vive en un barrio modesto de Panamá y que aparece como directora de cerca de 3.000 empresas opacas.

Su sueldo, según el diario alemán, es insignificante en comparación con los ingresos que representan para el bufete el uso de su nombre como directora, por el que cobran a sus clientes 100 euros al año, lo que, con 3.000 empresas que presuntamente dirige, representa una facturación anual de 300.000 euros.

El rotativo recibió el número de teléfono móvil (celular) de Montoya de su marido, que al parecer no tenía la menor idea de que su mujer era una especie de reina de las empresas opacas.

El nombre de Jürgen Mossack, socio de Mossack Fonseca, ha pasado de ser desconocido en Alemania a ser reconocido por todo el mundo. El diario también ha reconstruido su historia.

Mossack nació en Fürth (sur de Alemania), pero a comienzos de los años 60 su familia emigró a Panamá.

Su padre había sido durante la II Guerra Mundial miembro de las SS y, tras la capitulación alemana, fue hecho prisionero por los aliados.

No obstante, posteriormente se convirtió en informante de la CIA y probablemente también de los servicios secretos alemanes.

El trabajo de su bufete, al que se sumó en 1986 Ramón Fonseca como socio, exigía una absoluta discreción, ahora rota por la investigación periodística que se inició con el mensaje lacónico del informante que firmaba como John Doe, es decir 'Fulano de tal'.

Los efectos de estos documentos van desde Islandia hasta España, desde Rusia -uno de los países más afectados por las historias que han empezado a contarse- hasta el Reino Unido, desde Estados Unidos hasta Argentina y desde los palacios de gobierno hasta la casa de Leticia Montoya.

Todo, a partir del mensaje lacónico de John Doe. 







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