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Economía europea

Francia e Italia, los nuevos 'apestados' de la Unión Europea

Hollande y Renzi exigen más tiempo para cumplir el déficit y prometen reformas, pero a un ritmo que no convence a Bruselas.

Adolfo Lorente. Bruselas Actualizada 21/09/2014 a las 17:52
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Matteo RenziAfp

Europa vuelve a hablar de inversión, de crecimiento, de estímulos monetarios y fiscales, de festines de liquidez a cuenta del BCE... En definitiva, de hacer algo. Pero, ¿qué? Eso es lo que ya ha comenzado a diseñar la futura Comisión presidida por Jean-Claude Juncker. El tiempo apremia y el margen de error para evitar una tercera recesión es mínimo. Todo está mucho peor de lo esperado, Europa no reacciona y las previsiones sólo hablan de oscuridad. 

   Llámenlo "autocrítica", en palabras del ministro Luis de Guindos, o una rectificación en toda regla. Toca a rebato. Porque las alarmas hace tiempo que empezaron a ensordecer una zona euro cada vez más dividida entre Alemania, enrocada en seguir con la austeridad y las reformas, y potencias como Francia e Italia, sumidas en una profunda depresión y señaladas en Bruselas como las nuevas 'apestadas' en favor de países como España, anteayer arrinconado como patito feo del euro y hoy, elevado a los altares para ejemplo a seguir. Paradójico. 

   La zona euro es un selecto club formado por 18 economías que suman un Producto Interior Bruto (PIB) de 9,5 billones. 18 banderas, 18 jefes de Estado o de gobierno, 18 ministros de Finanzas que se reúnen periódicamente... Una imagen coral que en la práctica se reduce a cuatro o, a lo sumo, cinco actores: Alemania (2,7 billones); Francia (2), Italia (1,5), España (1) y Holanda (0,6 billones). Todas suman en torno al 85% del peso de la moneda única, lo que en términos bancarios, tan manidos en esta crisis, les confiere una denominación de 'países sistémicos'. Si cae uno, arrastra al euro. Así lo evidenció el rescate financiero de España, que obligó a Bruselas a activar todos los resortes a su alcance para evitar "un desastre". 
       

Inversión y crecimiento

       

Seis años después del estallido de Lehman Brothers, de dos recesiones, de polémicos rescates a costa del erario público y millones de puestos de trabajo perdidos, la zona euro presenta un cuadro desolador. En el segundo trimestre se quedó plana arrastrada por Alemania, que cayó el 0,2%, Italia, que confirmó su vuelta a la recesión (-0,2%), y Francia, que también quedó congelada. Sólo España (0,6%) y Holanda (0,5%) mostraron síntomas de leve mejoría. "Quizá con ligeras modificaciones, pero estos datos se repetirán en el tercer trimestre", advierten fuentes comunitarias. 

   Al margen de la locomotora alemana -las últimas cifras son excepcionales y, salvo sorpresa, volverá a la senda del crecimiento-, el problema se llama Francia, sobre todo, e Italia. No reaccionan, sus gobiernos prometen reformas que no terminan de materializarse y países como España, a las puertas de una serie de citas electorales, temen que se produzca un efecto contagio que puede tirar por tierra todo el esfuerzo realizado. Tanto en lo económico (las exportaciones son clave) como en el político. 

   París y Roma, los dos grandes baluartes del socialismo europeo, quieren una nueva política que hable sobre todo de crecimiento e inversión, y no tanto de reducción del déficit o reformas de difícil venta política. Así se recoge en dos documentos elaborados por el Gobierno de Matteo Renzi, a los que ha tenido acceso este periódico y en los que se propone crear un fondo común para fomentar la inversión en sectores estratégicos -infraestructuras, mercado digital...-, con el Banco Europeo de Inversiones y los bancos nacionales (en el caso español, el ICO) como protagonistas.   Una vía enmarcada en el plan de estímulos anunciados por Juncker de 300.000 millones, que corre ahora un serio peligro de quedar en papel mojado por las reticencias alemanas de inyectar dinero fresco fiándolo casi todo al papel del sector privado.
       

Incumplimiento del déficit

       
Francia e Italia suman casi el 40% del PIB de la zona euro y, sin ellas, la recuperación se antoja imposible. Sin embargo, sus problemas tienen difícil solución. François Hollande, por ejemplo, vive en un perpetua crisis política por anunciar unos recortes que no terminan de llegar. Desde el inicio de la recesión el gasto público se ha disparado hasta rozar los 1,2 billones anuales, y es incapaz de contener el déficit público como le exige la Comisión. Esta semana, sin ir más lejos, confirmó que incumplirá sus objetivos para este año y que, lejos de alcanzar el 3,8% prometido, cerrará al 4,4%, dos décimas más que en 2013.

Porcentajes que puede parecer nimios pero que, en la práctica, significan que el Eliseo gastará 90.000 millones más de lo que es capaz de ingresar durante el presente ejercicio.

   Algo incomprensible a ojos de Berlín, que acaba de presentar un presupuesto con déficit cero para 2015: gastar lo que se tiene, nada más. El problema para Europa es que Alemania tiene demasiado y, sobre todo, mucho margen de actuación fiscal y presupuestaria, de ahí que Bruselas y destacados socios le exijan un esfuerzo extra, que invierta y tire del carro.

   Francia e Italia sufren, además, un serio problema de competitividad, el mismo que por ejemplo superó España a través de la polémica devaluación interna: bajar salarios, márgenes de beneficios y precios más reducidos. España, para la UE, es el ejemplo a seguir, ¿y para Renzi?... "Cuando lo escucho me da la risa", espetó el martes en el Parlamento recordando que tenemos un paro del 25%, el doble que el suyo. "No podemos crecer bajando salarios", argumentó.

   En París, ídem de ídem. Su primer ministro, Manuel Valls, reafirmó esta misma semana su compromiso con la agenda reformista pero advirtió de que ni Bruselas ni Berlín le van a decir cómo tiene que hacer las cosas. "Al final se usará la flexibilidad que está en el Pacto de Estabilidad y se le dará más tiempo para cumplir el déficit. Eso sí, habrá de venir de la mano de un programa de reformas y plazos escritos sobre un papel", sentencia una alta fuente comunitaria.







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