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Opinión

Pi. Diario de un emprendedor

Pedro Mata Actualizada 23/12/2012 a las 14:28
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El naufragio de Pi (reflejado en la película 'La vida de Pi'. Ang Lee. 2012) y su lucha por la supervivencia se puede contemplar como una analogía del emprendimiento.
Pi es un hindú que vive en una zona de la india de clara influencia francesa. Su padre es un emprendedor que fue capaz de modificar su negocio original de un hotel a un zoo, y de tomar la decisión de emigrar a otro país, Canadá, cuando las circunstancias se pusieron difíciles. Tres proyectos de emprendimiento, siempre luchando, siempre hacia delante, modificando continuamente el modelo de negocio si es necesario.


En el viaje al Canadá, naufraga el barco en el que navegan. Están a la altura de la fosa de las Marianas, el punto más profundo de la corteza terrestre. No hay peor sitio para hundirse. No pueden caer más bajo. Mientras se están hundiendo, se ven rodeados de tiburones. La analogía no puede ser más dramática, a la vez que realista. Cuando uno se hunde, parece que nada puede ser peor (aunque pronto se comprobará en la película que sí que se puede empeorar…). Los tiburones que están bajo la superficie, y que probablemente se desconocen, aparecen entonces para llevarse lo que queda de uno. Pero entonces surge el emprendedor que hay en Pi y su lucha por sobrevivir.

Sin ánimo de “destripar” la película, Pi tiene una serie de características que le facilitan su “proyecto”:

- Confianza en sí mismo y ganas de luchar. Pi tiene unas fuertes convicciones religiosas (afirma profesar tres religiones), que le dan una profunda confianza en la providencia divina. Si bien parece existir una predominancia del humanismo cristiano en la actitud del náufrago, hay importantes influencias del hinduismo y del islamismo. El cristianismo le aporta confianza y la justificación del sufrimiento y del dolor. El hinduismo hace que sienta un profundo respeto por la naturaleza que le rodea, hasta por aquellos animales que pueden acabar con su vida. El islamismo le aporta organización y procesos.

- Es un estudiante bien formado; especialmente en humanidades. Ávido lector de todo tipo de literatura (lo que le permite tener referencias, ideales en los que fijarse), es políglota, conoce numerosas culturas (sin salir de su país) y tiene buena formación en matemáticas. Estas características le facilitan, entre otras cosas, comprender el manual de supervivencia y ponerlo en práctica.

- Sabe gestionar sus recursos y está enfocado a sus objetivos. El bueno de Pi hace lo que puede con lo que tiene. Su objetivo está claro, sobrevivir, y los medios son los que son. En otras palabras, enfoque total al objetivo con los recursos disponibles.

- Es valiente, constante, con una inquietud que no le permite acomodarse. No se desanima, a pesar de que las circunstancias no podrían parecer peores desde un punto de vista existencial o vital. Es capaz de enfrentarse a su “lado más oscuro” hasta conseguir dominarlo.

Estas características de Pi son también características de los emprendedores. En definitiva: conocimiento y formación, confianza en uno mismo, respeto por la naturaleza, organización, espíritu de lucha, encontrarle sentido al sufrimiento, valentía y constancia, humildad para enfrentarse a uno mismo, insatisfacción con lo conseguido y búsqueda continua de alternativas y formas de mejora. Además, hay que tener claros los objetivos a alcanzar, partiendo de los medios de los que se dispone, y estar siempre enfocado, no desviarse del camino. Si uno se desvía, intentar volver al camino lo más rápidamente posible.

En un momento determinado, Pi tiene la posibilidad de quedarse en el “paraíso”, pero su espíritu emprendedor le recuerda que el que se acomoda se “envenena”. El emprendedor que se queda quieto no mejora, y acaba fracasando o inmóvil en nichos maduros de mercado, viendo cómo se acerca su final.

Por último, no hay que olvidar que el día en que todo vaya bien todo será bello y es fácil que uno se encuentre rodeado de infinidad de “amigos” (los suricatos en la película). Al caer la noche, si empiezan los problemas, uno se puede quedar solo, envenenado, y volverse a ver rodeado de tiburones. Será en ese momento cuando el espíritu emprendedor tendrá que resurgir para volver a comenzar.película.

Pedro Mata es gerente de la Fundación Aragón Invierte








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