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Real Zaragoza

La puerta al futuro

En caso de que el Real Zaragoza conquiste esta tarde el ascenso, cambiará de modo radical su escenario económico.

José Miguel Tafalla. Zaragoza 21/06/2015 a las 06:00
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Entrenamiento del Real Zaragoza en Barranco Seco, ciudad deportiva de la I.D. Las Palmas.Oliver Duch

Pocas veces un encuentro de fútbol, un solo y único partido, como es el que esta tarde se disputa en el estadio de Gran Canaria, ha llevado aparejada tanta trascendencia societaria para un club.

Si el Real Zaragoza sale triunfante de esta cita, o hace valer la renta que logró el pasado miércoles en La Romareda, se encontrará de inmediato con un escenario francamente prometedor en relación a su futuro, tanto si se mira esta cuestión desde una óptica deportiva como si se elige un prisma económico.

El ansiado regreso a Primera División situaría al club del escudo del león en un espacio que se considera su lugar natural, por el peso histórico que ha tenido en el fútbol español y también porque ha sido grande en Europa en diversos momentos, con Los Magníficos y los héroes de la Recopa de París como fuentes principales de esta dimensión continental.

Al mismo tiempo, la conquista de esta meta deportiva colmaría las enormes ilusiones zaragocistas que se han despertado en las últimas semanas en Aragón y Zaragoza, estado de ánimo que de alguna manera incluso ha cambiado el tono vital de la capital aragonesa.

A Zaragoza se le ve en estos días de esperanza futbolística más viva y alegre, con la sonrisa abierta y un sano orgullo venido arriba. La pasión por el Real Zaragoza, como club y señal identitaria, como patrimonio deportivo de todos y símbolo de la región, ha despertado de nuevo, después de atravesar por un decenio muy complejo, de crisis pronunciada, cuando no de depresión.

Después de la gesta de Gerona, episodio que entronca con esencias que parecían casi perdidas, las expresiones exteriores del sentimiento zaragocista han recuperado la libertad de manifestarse abiertamente en la vida ordinaria, más allá de La Romareda y sus aledaños.

Con casi toda seguridad, la consecución del ascenso a Primera División no sería en este sentido un punto final, sino alimento para seguir construyendo, con mayor vuelo, un apasionante relato que arrancó el 18 de marzo de 1932.

Mientras tanto, en una dimensión societaria, la Primera División significa la apertura de puertas al futuro, la más que probable regeneración de la entidad en su balance y cuenta de resultados. No hay, en el fondo, una herramienta mejor y más efectiva para abordar el renacimiento de la sociedad anónima deportiva aragonesa que un ascenso.

En la Liga BBVA, sus ingresos ordinarios pueden rondar los 40 millones de euros, de los que 26 (en términos redondos) corresponden al valor de los derechos de televisión.

Esta cantidad, puesta en manos de una gestión ordenada y seria, da suficiente de sí como para hacer frente a tres capítulos fundamentales: los pagos a la Agencia Tributaria derivados del último acuerdo alcanzado con Hacienda, la satisfacción de las obligaciones nacidas del concurso de acreedores y la confección de una plantilla con capacidad para ocupar lugares intermedios en la élite de nuestro fútbol.

Hasta aquí, la labor de la nueva propiedad se ha centrado en una tarea de supervivencia de la entidad, a la que ha habido que inyectar considerables sumas de dinero con el único fin de que mantuviera las constantes vitales. Un ascenso daría lugar a otra dimensión, a una verdadera gestión de recursos y de capacidades para que el Real Zaragoza vuelva a ser quien fue en un plazo de tiempo relativamente corto.

Por el contrario, una derrota en el estadio de Gran Canaria dibujaría un marco societario verdaderamente estrecho, al margen de retener al equipo en Segunda División por tercer año consecutivo. La moneda más común serían los agobios financieros y una prolongada lucha por la supervivencia ante el peso de la deuda (se sitúa por encima de los 90 millones de euros), las obligaciones mercantiles establecidas a corto y medio plazo y las limitaciones presupuestarias que fijan los controles económicos de la Liga de Fútbol Profesional (LFP).

En Segunda, el club difícilmente podría irse por encima de un presupuesto superior a los 4 millones de euros para el conjunto de gastos globales de la entidad; es decir, plantilla de futbolistas, cuerpo técnico y personal no deportivo. Como ya ha sucedido en el presente curso, la confección del plantel debería hacerse con una inversión modesta, alejada de los clubes que disponen de la ayuda al descenso o de entidades que no arrastran pasivos exigibles importantes y son capaces de generar ciertos volúmenes de ingresos, como es, por ejemplo, el caso de Las Palmas.

Ésta es una consecuencia que trae causa, fundamentalmente, de dos factores. El primero -ya referido-, el lastre de la deuda que arrastra el Real Zaragoza. El segundo, la enorme brecha económica que existe en el fútbol español entre su primera categoría y segunda.

En otros países europeos, este problema se ha mitigado mediante un reparto de los ingresos por derechos de televisión más equitativo, en el que no se produce tanta diferencia entre los grandes clubes y las entidades con menor potencial económico. La Premier League es tomada de ordinario como ejemplo a seguir en este capítulo.

Con el objetivo de que el Real Zaragoza no se vea sometido a un corsé presupuestario tan ajustado en caso de permanecer en Segunda, los directivos del club han estado estudiando diferentes fórmulas para ampliar algo el gasto en la confección de la plantilla; pero las comisiones de control presupuestario de la LPF se han mostrado reticentes. Piden más amortización de deuda.







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