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Real Zaragoza

​La trampa de Anduva

El Real Zaragoza visita al Mirandés, un rival con más fútbol que nombre y que es el equipo con mejor forma de Segunda.

Chema R. Bravo 20/12/2014 a las 06:00
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Los futbolistas del Real Zaragoza realizan estiramientos al término de un entrenamiento.Guillermo Mestre

El 2014 se le consume esta tarde al Zaragoza en Miranda de Ebro, río arriba. Un año que quedará grabado en la memoria de su gente como el susto de muerte que fue, como aquel año en el que el Real Zaragoza estuvo a punto de desaparecer en unos días de julio. Mientras mira a 2015, reordena su vida y retoma el color, el equipo aragonés tiene uno de esos partidos que deben dar sentido al gran deseo fijado para cuando en unos días gire el calendario: el ascenso a Primera División.

Visita al Mirandés, el recogido estadio de Anduva, uno de esos sitios donde no se consolida un ascenso, pero donde si puede perderse. Hay trampa en el rival de hoy de los de Ranko Popovic, que acuden con la baja de Javi Álamo por sanción y con Jaime Romero como relevo del canario. El Mirandés descendió el pasado verano a Segunda B, aunque la condena al Murcia por sus irregularidades contables le resucitó y le otorgó un nuevo curso en Segunda. Pocas cosas cambiaron en el equipo burgalés: con aquello previsto para competir en Segunda B salió a los campos de la categoría superior. Puede parecer un conjunto austero porque lo es, plagado de guerrilleros del fútbol vasco o jóvenes esculpidos en ese fútbol, pero no debe correrse el riesgo de medir al Mirandés por su nombre sino por sus hechos: si hoy le arruina la tarde al Zaragoza atrapará a los aragoneses en la clasificación.

No hay equipo en mejor forma ahora en Segunda, con 14 puntos de los últimos 18 disputados, seis jornadas sin perder y una fortaleza defensiva plasmada en un único gol encajado en esos seis partidos. Es un equipo con la huella de Carlos Terrazas, uno de esos técnicos que se conoce el código del fútbol esforzado como pocos en los escalones secundarios del balompié nacional. Ya cuajó un buen equipo en Guadalajara. Entonces lo descendieron en los despachos anulando la salvación que había atado en el campo. Ahora, el fútbol le ha devuelto la moneda en esos mismo salones a Terrazas, cuya mayor preocupación hoy es cómo reemplazar al sancionado central Álvaro Corral. Tampoco parece que llegue a tiempo Emilio Sánchez, con problemas físicos. Salvo Corral, el equipo apunta a vestirse con los mismos nombres que hace una semana vencieron 1-3 al Barcelona B, con un par de goles de Urko Vera. Este delantero de anatomía norteña (mide 1,92 y se conoce el peso del aire como pocos arietes en Segunda) recoge varias de las esencias del Mirandés: batalla, incordia, socorre, resuelve y es eficaz en cada uno de sus comportamientos sobre el campo.

El Mirandés viene también a confirmar que del fútbol de siempre apenas queda nada: los guantes en este equipo de tradiciones humildes, casi endogámicas, más cantábricas que castellanas, se los viste el portero de la selección de Ghana, Razak. La universalidad del fútbol ha llegado también a Miranda. Razak es un chicle de músculos que está en el momento de su vida. Lo para todo, con solo un gol encajado en sus últimos cinco partidos. Desde que recuperó una mandíbula rota con su selección y regresó a la portería, el Mirandés se ha disparado en la clasificación.

El Zaragoza, por su parte, necesita una nueva victoria que confirme su paso firme de la mano de Ranko Popovic, lo asegure una semana más en los puestos de promoción y le permita, por qué no, posicionarse con el viento de cola para los partidos, duros de verdad, del inicio del año, Valladolid y Las Palmas, donde el equipo aragonés debe lanzarse hacia las posiciones de ascenso directo, para lo que hay tiempo y madera.

La idea de Popovic se anuncia como indiscutible. El Zaragoza saldrá a por la pelota y a aglutinar posesión. Falta por comprobar si esas intenciones serán posibles en el cajón de Anduva, donde lo verde, el campo, mide tanto como en otros estadios, aunque sus dueños procuran el roce.

Jugarán los habituales, con Jaime por Álamo. La defensa también aguanta a expensas de que vuelvan los principales: Mario, Vallejo y Rubén. Que no se note su ausencia se antoja una misión fundamental en un equipo que se ha acostumbrado a saber que tendrá que marcar gol porque encaja todos los días: así lleva diez jornadas seguidas. Demasiadas.







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