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Real Zaragoza

Un Real Zaragoza aún en construcción pierde en Barcelona

El Real Zaragoza cae goleado y pierde su imbatibilidad en el Mini Estadi ante un Barcelona B comandado de nuevo por un Adama Traoré imparable

HA 11/09/2014 a las 06:00
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Robert Costa comete falta sobre Borja Bastón.Albert Salamé

Desde las gradas del Mini Estadi se observa un horizonte majestuoso. El efecto óptico sitúa el Palau Blaugrana y, sobre todo, el Camp Nou al alcance de la mano. Una perspectiva que ilusiona a los cachorros del club azulgrana y que también sirve de estímulo y metáfora a los jugadores zaragocistas. Jugar en aquel estadio debe ser la meta a franquear cuanto antes por el vigor y la salud de la entidad, el final de este tortuoso camino por la Segunda División. Tan cerca en lo visual, tan lejos –y complicado– en lo material.

La visita a tierras catalanas suponía una exigente prueba para calibrar dónde está exactamente este Real Zaragoza. Pese a que los anfitriones no contaban con cinco de sus estrellas -cuatro de las cuales se hallan concentradas con sus respectivas selecciones absolutas- la calidad se acumula y rebosa en el vestuario que dirige Eusebio Sacristán. La mera presencia del exuberante Adama Traoré es suficiente para desequilibrar un partido en esta categoría y seguramente en escenarios más elevados. Y aliados como Samper, Joan Román o Grimaldo también desprenden el aroma de fútbol grande.

Un listón que le resultó imposible de superar a una escuadra aragonesa que extravió en la Ciudad Condal su preciada imbatibilidad. La derrota, probablemente excesiva en lo numérico, debe ser un contundente recordatorio del fatigoso desafío que deparan las 39 jornadas que restan. 

Más allá del tropiezo y de los exiguos dos puntos que acumula en el casillero, la gran bofetada y el principal motivo de preocupación es que anoche se desvaneció el equipo sólido y rocoso que había comparecido tanto en la visita al Recreativo de Huelva como en la Romareda frente a Osasuna. Aquel once ordenado e intenso que había prendido la mecha de la ilusión se descosió en un segundo tiempo para el olvido. Quiso resistir a diferentes contrariedades pero falló en el intento y terminó convirtiéndose en un juguete en los pies de Adama, Dongou y compañía, que se divirtieron a su costa sacando brillo a sus virtudes.

Eso sí, nadie debe olvidar que nos hallamos ante un proyecto en construcción. Las extraordinarias circunstancias que ha vivido la institución durante este verano han mediatizado enormemente la confección y la conjunción de la plantilla. 
Sin ir más lejos, hace unos pocos días fueron presentados los dos últimos fichajes, Willian José y Lolo. Y todavía podría desembarcar uno más, un mediapunta, esta misma semana. 


Víctor Muñoz apenas ha dispuesto de entrenamientos con el arsenal al completo. Como ya advirtió Ángel Martín González, la pretemporada se llevaría a cabo sobre la marcha, en el fragor de los encuentros oficiales. No es lo más recomendable, pero no ha habido otra opción. Tamaña rémora no debe obviarse. Es de esperar que con la normalización del trabajo con un grupo de futbolistas ya definido y definitivo, el engranaje funcione con más fluidez. Será entonces cuando afloren las complicidades y los automatismos y se interiorice el sistema planteado por el técnico. 

La rotundidad de la derrota hiere pero no mata. De hecho, el Real Zaragoza mostró dos caras diametralmente opuestas. Una esperanzadora y otra inquietante. En la primera mitad sostuvo un igualado pulso con su contrincante. Tras una poderosa salida del Barcelona B, en la que el filial acaparó la posesión e hilvanaba mortíferas combinaciones, las fuerzas se nivelaron. Con Mario liderando la defensa, Ruiz de Galarreta y Dorca alimentando las transiciones y Javi Álamo y Pedro Sánchez como inquietos puñales. El monólogo se había transformado en un diálogo de tú a tú que infiltró dudas en los barcelonistas.

Pero tras dos paradas imposibles de Whalley a disparos a quemarropa de Dongou en el minuto 32, se desplomó una tonelada de infortunio para los aragoneses. El árbitro gallego Alberto Pérez Pallás asestó el pinchazo más severo e injusto al conceder como válido un remate de Dongou en el que un compañero suyo se hallaba en clarísima posición de fuera de juego al intervenir en la jugada al distraer a Whalley. El asistente, la persona que tenía una visión más diáfana de la acción, levantó el banderín para indicar la anulación del tanto. Sin embargo, el colegiado principal corrigió al de menor rango. Un hecho lamentablemente inaudito. 

Para rematar el golpe, Pedro Sánchez, una de las luces ofensivas más notables, se retiró poco después por culpa de un esguince en la rodilla derecha. Su sustituto, Eldin Hadzic, que debutó ayer como zaragocista, se estrenó con una diana que puso el empate en el luminoso al borde del descanso y que insufló confianza al colectivo. Fue una preciosa jugada de tiralíneas entre Ruiz de Galarreta, Borja Bastón y el hispano-bosnio.

Semejante broche hacía presagiar que en la reanudación se consolidaría esa pronunciada línea ascendente. Pero no fue así. Dongou sacó petróleo del desbarajuste y la falta de contundencia en el área blanquilla para retomar la ventaja. 
Ese 2-1 arrebató la fe y la persistencia a unos jugadores que desde entonces deambularon groguis por el césped. Como aquellos boxeadores en los que impacta un crochet del que ya no se recuperarán. Tambaleándose hasta que la campana les salve el pellejo. 







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