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Real Zaragoza

El Real Zaragoza, a la altura de las circunstancias

El aprendiz Real Zaragoza, con su tutor Manolo Jiménez a la cabeza, ha salvado con nota muy alta las dos últimas pruebas eliminatorias que el curso le exigía: Granada y Sevilla

Paco Giménez. Zaragoza Actualizada 29/10/2012 a las 15:45
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En siete días, el zaragocismo ha obtenido material suficiente como para ser optimista, para creer que, por fin, va a ser posible disfrutar (y no sufrir) con el fútbol del equipo de sus amores. Granada, en los Cármenes, y Sevilla, en La Romareda,suponían dos exámenes de mucha relevancia dentro del primer trimestre de la Liga. El equipo llegaba renqueante, a centímetros de las temidas plazas de descenso donde el Real Zaragoza tiene escriturada una parcela desde hace un lustro. Sin buen juego, con jugadores de jerarquía fuera de sintonía, con varios jóvenes debutantes en la categoría aún sumidos en el temor y el complejo del ‘no sé si podré’, ‘no sé si voy a saber’. Cosas de un equipo nuevo, hecho a salto de mata en un verano largo y lleno de trampas porque, para quienes no tienen dinero suficiente, en todas las facetas de la vida, cualquier salida al mercado es una odisea.

Este Real Zaragoza con aires de aprendiz, al que el arranque liguero se le acabó haciendo incómodo y peligroso por no poder romper con su timidez y sus aires de novato torpe y ruborizado, se ha quitado de encima ese peso del introvertido alumno que no logra actuar con naturalidad en sus primeras semanas de estreno en el nuevo colegio y, en apenas una semana, ha sacado de dentro su verdadero genio. En Granada y ante el Sevilla, con sendas victorias por 2-1 en partidos bien jugados, el Real Zaragoza ha mostrado en grandes dosis cuál va a ser su talante, cuál puede ser su carácter y de qué manera pretende terminar el curso en junio con una alta calificación.

Jiménez, el tutor de este bloque heterogéneo y timorato durante muchos minutos de los primeros siete partidos de Liga (dos meses largos), ha llegado a tiempo de evitar una crisis de identidad que amenazaba con repetir episodio críticos como los vividos en el reciente trienio.

No quiere euforias Jiménez. Sabe que lo hecho en estos dos últimos choques, estos 6 puntos obtenidos en momentos donde el plan de ruta exigía el máximo a un equipo solo pespunteado, que no cosido, no es suficiente y necesita de una continuidad que el calendario complica en el próximo mes. Las salidas al Bernabéu y el Camp Nou (las dos siguientes, con la visita del Deportivo de La Coruña entremedias) amenazan siempre tormenta en esta Liga bipolar. El entrenador zaragocista prefiere esperar a pasar este ‘Tourmalet’ antes de poner nota definitiva a su equipo en lo que será la primera evaluación del presente curso.

No es una pose de comodidad. No se trata de un gesto de falsa modestia para salvaguardarse las espaldas. Jiménez sabe que a su equipo aún le faltan muchas cuestiones por mejorar, por superar, por eliminar. Que sigue habiendo jugadores cuyo techo es más alto del que han manifestado hasta hoy, por mucho que su rendimiento haya mejorado en los dos últimos triunfos ante Granada y Sevilla. Y sabe que esta Liga, igual que en dos semanas te catapulta ocho puestos hacia arriba, en otras tres que vengan cruzadas te envía de nuevo a las taquillas del infierno.

Recuerden, si no, lo que le pasó a Aguirre por estas fechas. Llegó a Pamplona con el equipo 9º clasificado, animado por haber ganado 2-0 a la Real Sociedad con los dos primeros goles de Hélder Postiga como zaragocista (qué gran delantero, el portugués) y con el zaragocismo esperanzado después de un meritorio empate 2-2 en Villarreal. Y el equipo se le paró. Y ya no arrancó hasta cuatro meses después, cuando ya casi era cadáver. Jiménez sabe que la liga española, donde hay 14 equipos iguales que pelean por lo mismo, se define por matices, por leves pinceladas de acierto, fortuna y mano izquierda.

Y por eso pide calma y concentración. Calma, sobre todo, fuera del vestuario, en el entorno. Y concentración, mucha, dentro de la caseta. Queda un mundo y la tarea no es sencilla desde agosto. Al contrario, se trata de una labor de orfebrería futbolística que Jiménez está llevando a cabo con suma delicadeza. Así que, como él mismo se ha ganado desde su aterrizaje el 1 de enero, vamos a hacerle caso y que nadie descorche botellas de celebración de nada y levante la voz para gritar ningún triunfo puntual. Tiempo habrá, si todo sale como se pretende.

Eso sí, así como Aguirre, y antes Gay, y antes Marcelino, fallaron estrepitosamente en los exámenes parciales eliminatorios del primer trimestre y los suspendieron todos, Jiménez y sus chicos han sacado una enorme calificación en las dos últimas pruebas control de los Cármenes y la Romareda. Había que ganar y se ganó. Había que crecer y se creció. Había que ahuyentar a los fantasmas y se los ha echado a escobazos a base de criterio, orden, capacidad de trabajo y acierto en las suertes supremas del fútbol. El Real Zaragoza, este año sí, ha estado a la altura de las circunstancias cuando ha sido necesario para no hundirse en las miserias de los cursos precedentes.

No vamos, pues, por mal camino. Pasemos las próximas tres semanas de la mejor manera posible y, a continuación, vendrán materias más accesibles para seguir acumulando bonus de cara a la nota de fin de curso. Y, mientras tanto, disfrutemos de que, parece mentira, este año el fútbol parece mandar por encima del resto de los asuntos en lo referente al Real Zaragoza. También hacía (hace) falta una buena dosis de ese bálsamo.







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