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Nástic 0-0 Real Zaragoza

Orden y pausa para puntuar sin calidad alguna

El Real Zaragoza acusa las bajas y arañó un punto en Tarragona en un partido feo y sin ataque. Irureta paró un penalti a Uche en el minuto 44.

Paco Giménez. Tarragona Actualizada 21/09/2016 a las 16:05
El Zaragoza no pasó del empate en Tarragona.

Orden sin calidad. Rigor defensivo ante un rival atolondrado por su mala clasificación, que aún no ha ganado un partido. Calma en los momentos delicados en defensa. Un portero, Irureta, por fin decisivo para sacar renta de la espesura, tanto por sus paradas en juego como por el penalti que le detuvo a Uche al borde del descanso. Estos son los parámetros claves de un duelo deficiente entre el Nástic y el Real Zaragoza, que se quedaron sin ver puerta por su escasa mordiente y el poco valor que le dieron en toda la noche al balón.

El 0-0 final hace justicia a la plasticidad que ambos contendientes dieron a su fútbol, cercana al nulo, al conjunto vacío. El punto, desde el prisma zaragocista, acabó siendo bueno. En verdad, el equipo de Milla estuvo siempre más cerca de perder que de la victoria final, aunque en la segunda mitad sí que hilvanaron cuatro o cinco acciones potables que podrían haber generado un triunfo sorprendente a última hora. Está claro que los blanquillos son unos en La Romareda y otros bien diferentes cuando viajan. Algo a solucionar con premura por Milla.

El partido transcurrió en la primera parte por debajo del umbral del aprobado por parte de los dos equipos. Malo de solemnidad. Muy táctico, muy trabado, pero sin juego combinativo en ningún bando. Fútbol de Segunda en estado puro. Bruto, habría que decir. Lleno de taras a todas caras. Todo fue un ir y venir de área a área sin ton ni son. Con algo más de raseo por parte tarraconense, pero sin ideas arriba. Con balones largos del Zaragoza, que Ángel no cazaba ni por recomendación rodeado de los veteranos Bouzón y Lopo.

Milla innovó posiciones. No solo metió el anunciado doble lateral por la derecha, con Isaac atrás y Fran de extremo. Lo más llamativo fue ver a Lanzarote de pivote distribuidor, haciendo de Cani. Algo que volcó a Javi Ros a la banda izquierda, donde el navarro no se encontró bien nunca. Lanzarote dio media docena de buenos pases a la primera, porque su cerebro piensa muy deprisa, pero no hubo receptores casi nunca, pese a que Barrera se descolgó un par de veces con intención.

El tiempo transcurrió hasta casi el descanso entre la espesura. Era un 0-0 cantado, irremediable salvo que surgiera algún imprevisto en forma de fallo grave o decisión arbitral extrema. Y eso sucedió justo en el minuto 43. Areces Franco, el colegiado asturiano casero y torpe que tocó en suertes esta vez, vio penalti en un forcejeo de Casado y Uche tras un centro de Ferrán Giner al área. Qué fácil les pitan las penas máximas a favor a una serie de equipos y qué difícil es ver señalar esas cosas en el haber zaragocista. Por fortuna para el Real Zaragoza, apareció el Irureta parapenaltis de la pretemporada y rechazó con los pies el lanzamiento del ariete exzaragocista.

No hubiera sido merecido que el nervioso y atorado Nástic se marchase al intermedio en ventaja. Ahí, la diosa Fortuna estuvo al quite del Zaragoza. Antes de esa ocasión flagrante desechada por los catalanes, las aproximaciones a ambas porterías fueron escasas y borrosas. En la primera media hora, los porteros solo se mancharon de hierba una vez. Irureta sacó a córner un chut de Ferrán Ginér desde el pico del área con ciertos apuros tras el bote. Y en el 29, Fran hizo el primer ensayo aragonés, respondido por Saja abajo con algún riesgo.

Lo único destacable de ese grumoso primer periodo lo puso Gerard Valentín (el hijo del secretario técnico del Real Zaragoza), un lateral diestro muy profundo y con buenos modales. Dos penetraciones suyas armaron sendos ataques que no acabaron en más porque la defensa zaragocista estuvo muy atenta, Irureta incluido. Por parte aragonesa, solo una penetración de Barrera tras un pase al hueco de Lanzarote acabó en un disparo –malo- que se marchó fuera. Casi nulo el bagaje ofensivo de los de Milla en 45 minutos. Eso sí, atrás, bastante orden y un rigor que se agradece. A Zapater, algo irregular con el balón, lo secundaron bien los demás en el corte. Buena cosa de cara al futuro.

El segundo tiempo empezó con todo por resolverse. Y el Nástic comenzó fuerte. Vicente les puso las pilas a los suyos y durante el primer cuarto de hora de la reanudación, embotellaron atrás a un desangelado Zaragoza, incapaz de dar dos pases. Alex López, un ‘9’ armario que ‘cuerpea’ de maravilla, armó tres ocasiones mal rematadas por sus compañeros y, él mismo, remató de cabeza sendos centros al área sin la puntería necesaria para hacer daño. El equipo de Milla pasó el trago como pudo, a base del citado orden y sin descomponerse nunca.

De repente, surgieron las mejores llegadas de los aragoneses al área de Saja. Ángel estuvo cerca de rematar por dos veces un centro raso de Casado, en la primera conexión combinada de la noche. Era el minuto 62. Dos más tarde, Lanzarote rozó el gol con una de sus parábolas en vaselina desde fuera del área, en otra contra de Ángel, pero Saja se estiró hacia atrás y con las yemas de los dedos evitó que la pelota entrase por la escuadra del palo de atrás. El Real Zaragoza tenía algo de vida. El canario, justo antes de ser sustituido, cabeceó alto por poco un centro de Ros.

Esta reacción asustó al Nástic, que levantó el pedal en la presión. Y el Zaragoza lo agradeció. El partido languideció hacia su colofón entre imprecisiones y con las variantes que dieron los cambios. Morán entró para dar aire a la medular y lo logró. Lanzarote se fue a su sitio y dio algo más de profundidad. Pombo revolucionó algo las transiciones. Juan Muñoz, de nuevo, jugó poco y no conectó. En ese tramo postrero, los granas rozaron el 1-0 en un cabezazo de Iago Bouzón a la salida de un córner mal defendido, pero la pelota rozó el palo por fuera. Y el soñado 0-1 lo amagó Javi Ros con un disparo seco desde la corona en el minuto 88, que Saja rechazó con el pecho y Muñoz no supo ir a buscar.

El sabor final del empate fue agradable para los zaragocistas. Irureta se redimió. Cosa buena, sin duda. El aparato defensivo guardó el cero en la portería. Cosa mejor. El equipo puntuó sin jugar bien. Buen síntoma, sinónimo de efectividad en un grupo que aspira a ser favorito a lo mejor. Sigue faltando un mundo para ver un Zaragoza redondo, mucho más a domicilio. Pero también faltaban Cani, Xumetra, Morán de principio. Y esto son palabras mayores. Así que el corolario solo puede ser positivo. Como se valoraban los empates fuera de casa de hace 30 años hacia atrás. Un punto positivo.

Ficha Técnica

Gimnástic Tarragona: Saja; Gerard Valentín, Iago Bouzón, Lopo, Mossa; Madinda, Cordero; Lobato (Jean Luc Assoubre, 59), Ferrán Giner (Rharsalla, 67); Ikechucku Uche y Alex López.

Real Zaragoza: Irureta; Isaac, Marcelo Silva, Cabrera, Casado; Zapater; Fran (Morán, 59), Lanzarote, Alex Barrera (Pombo, 73), Javi Ros; y Ángel (Juan Muñoz, 76).

Árbitro: Areces Franco (Comité Asturiano). Amonestó a Javi Ros (41), Casado (43), Pombo (79) y Jean Luc Assoubre (87).

Goles: No hubo.

Incidencias: Noche muy agradable en Tarragona, con 23 grados y nada de viento. Paupérrima entrada en las gradas, 4.455 espectadores, fruto del tardío horario del partido (las 22.00) en un día laborable y pese a que son las fiestas de Santa Tecla en la capital imperial. El césped del Nou Estadi presentó un magnífico estado.







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