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Real Zaragoza

Semana de acelerón en el área deportiva del Real Zaragoza

A 14 días de la liga, Juliá acaba hoy una tregua de dos semanas en mitad de la pretemporada para tratar de cerrar el equipo cuanto antes.

Paco Giménez. Zaragoza 08/08/2016 a las 06:00
Narciso Juliá y Luis Milla se saludan antes de partir el equipo rumbo a Boltaña el pasado 18 de julio.HA

Hoy arranca la quinta semana de la pretemporada del Real Zaragoza. Se va a cumplir un mes de trabajo del equipo en su difícil y delicado proceso de metamorfosis tras la revolución de protagonistas que se está llevando a cabo después del fracaso estrepitoso vivido el año pasado. Solo restan 14 días para el estreno de la nueva liga en La Romareda, ante el novato UCAM Murcia. Las horas van a pasar cada vez más deprisa en los despachos nobles de la SAD y también en los de los responsables técnicos del primer equipo. El trabajo que aún resta por pulir, tanto en lo referente a salidas como, sobre todo, a los fichajes que se desean consumar, va a experimentar desde este lunes un nuevo acelerón en la gestión, similar al que se dio con la llegada de julio en el día a día del club.

El Real Zaragoza ha vivido dos semanas de tregua en su actividad en el mercado. El director deportivo, Narciso Juliá, ya lo advirtió en su fugaz visita a la concentración de Boltaña. Llegaban días donde lo prioritario era cuadrar los números, equilibrar el balance de gasto dando salida a las piezas que no se consideraban útiles antes de dejar entrar a los últimos nuevos. En los últimos 15 días, las únicas novedades han sido la renovación de Lanzarote y la marcha de Manu Herrera rumbo al Betis. Una escasa actividad para lo que fueron los tiempos previos a subir al Pirineo e, incluso, los días en los que el equipo trabajó allí (en aquellas nueve fechas vinieron Marcelo Silva, Irureta y Popa y de Boltaña se marcharon Alcolea y Diamanka, además de Adán Pérez).

El trabajo del área deportiva, con Narciso Juliá a la cabeza, está siendo ímprobo desde que concluyó, accidentada e inesperadamente, la pasada liga el 5 de junio. El corte a Carreras, la contratación de Milla; los fichajes de Zapater, Cani, Casado, Fran, Alex Barrera o Xumetra. Las salidas pactadas, de una u otra manera, de Jorge Díaz, Culio, Pedro, Abraham u Ortí. La renovación de Javi Ros. La frustrada continuidad y posterior marcha de Guitián... Pero, por grande que sea el volumen de operaciones ya consumadas en el seno del club, el Real Zaragoza está obligado a llevar a cabo todavía varias más, y de gran importancia estratégica, dentro del vestuario que gobierna Luis Milla.

Hay cosas que empiezan a correr prisa. Las marchas obligatorias están prácticamente concluidas, a falta de que Whalley allane su marcha en estas primeras horas de la semana al destino que prefiera. Lo fundamental son los fichajes. Milla no se cansa de solicitar con celeridad los refuerzos que el equipo, su fútbol, pide a gritos. El ansiado delantero centro distinto. Un centrocampista diferente, técnico y con creatividad. Un extremo zurdo puro. Y un central de golpeo izquierdo. Cuatro elementos de alto rango en el reparto final de la caseta. 

Estas solicitudes, registradas en el plan de vuelo desde hace tiempo pero constreñidas por el control de los números que ejerce la Liga de Fútbol Profesional. Hay que casar los balances y ahí surgen las opciones de ventas o la necesidad de abrir nuevos huecos con salidas que hasta hace poco no se estimaban perentorias y ahora son más que aconsejables. Esas posibles ventas hace días que están en el escaparate expuestas y anunciadas: Rico y Cabrera. Y el hueco que Milla sugiere es el que podría dejar Wilk, al que considera prescindible.

Todo esto es lo que a Juliá le falta por hacer. Y, tras dos semanas de calma chicha, la turbina de las negociaciones y el remate de los tratos que hay en marcha debe alcanzar de nuevo una alta temperatura. La quietud de los últimos días no será buena consejera en lo sucesivo. Las hechuras del equipo en los amistosos de cierto nivel -Nastic y Alavés, ambos 0-0- evidencian carencias que reparar sin muchas demoras. Pero una cosa son las necesidades y otra la disponibilidad financiera y societaria para afrontarlas. Una conjunción que, en el Real Zaragoza de los últimos años, tiene rozamientos inevitables por venir la SAD de donde viene: la ruina más absoluta.







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