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Nástic de Tarragona 0 - 0 Real Zaragoza

​Empate sin goles de un Real Zaragoza serio mientras jugaron los titulares

​Cani y Zapater dotaron al equipo de personalidad y empaque en la primera parte. Sin ellos, el bloque se diluyó. Xumetra falló un gol cantado e Irureta salvó el partido al final.

Paco Giménez. Tarragona Actualizada 31/07/2016 a las 22:23
Amistoso entre el Nástic de Tarragona y el Real Zaragoza

El Real Zaragoza igualó sin goles frente al Nástic de Tarragona en campo catalán en el primer test serio de la pretemporada. El choque, poco brillante como corresponde a un 30 de julio, tuvo dos partes bien distintas. Una, la primera, con un equipo aragonés muy serio y coherente en el juego, tan solo carente de veneno en ataque como principal defecto. Otra, la segunda, en la que los cambios y la desaparición de la alineación de Zapater y Cani diluyeron por completo el carácter mostrado antes por los blanquillos ante un rival también en construcción.

El equipo aragonés cuajó un aceptable primer tiempo en lo referente al control del balón, a la combinación –que fue ágil y rápida por momentos- y al empaque en el repliegue. En estas facetas, el equipo que propuso de inicio Milla dejó unas buenas sensaciones. Eso sí, le faltó mucha profudidad y llegada al área rival, lo más importante en el discurrir de cualquier partido de fútbol. Una circunstancia que, por sabida, no sorprende pero que necesita urgente reparación de cara a la competición oficial.

De hecho, los blanquillos solo dispararon dos veces al marco catalán antes del descanso. Nada más iniciarse el duelo, en una falta que lanzó Isaac con mucha candidez, en una rosca suave que fue a las manos de Reina. Y, en el minuto 31, en la mejor acción ligada del equipo, en un remate final de Xumetra, a bocajarro y cuando todo el mundo daba el gol por hecho, que se le marchó fuera cerca del palo derecho tras una doble pared preciosa, al primer toque, entre Cani y Ángel. Escaso bagaje ofensivo para tanta posesión como logró tener el Real Zaragoza en los primeros 45 minutos.

Tras un primer cuarto de hora de máximo control zaragocista, los tarraconenses se fueron poco a poco a presionar más arriba y generaron varias opciones peligrosas ante la portería de un seguro Irureta, que cubrió mucha área en sus salidas por alto. Madinda, de cabeza, fue el primero que estuvo cerca de anotar por parte grana en un balón colgado al área que los centrales, Cabrera y Popa, no restaron bien en dos toques consecutivos. Hasta los últimos diez minutos no pasó apuros reales el conjunto de Milla. Las penetraciones por la derecha de José Carlos (ex del Llagostera) y el lateral Gerard Valentín hicieron daño y provocaron dos cabezazos en acciones prácticamente consecutivas del ariete Alex López De Groot que, primero Irureta, y luego el error por centímetros del ‘9’ local, estuvieron cerca de estrenar el marcador.

El único yerro serio en defensa del Real Zaragoza ocurrió en el 42. Un balón mal restado de cabeza por un apagado Javi Ros –fue de más a menos el navarro- generó una duda entre Zapater y Popa que aprovechó el marroquí Rharsalla para irse solo a portería. El joven rumano Popa rectificó a tiempo y logró rebañarle la pelota por detrás en un alarde de velocidad, abortando una acción que olía a lo pero ante Irureta. El público y los jugadores del Nástic pidieron falta –incluso penalti-, pero el árbitro Gonzalo Romero no lo consideró así, con buen criterio. La jugada fue limpia.

Lo mejor de este primer tramo en el Real Zaragoza fue la sensación de poso y personalidad que aportaron los veteranos Zapater y Cani en la medular. Buenas salidas de pelota, criterio y orden en los pases en líneas generales –hubo algún lujo que acarreó errores evitables- y mucha paciencia para que nadie se desbarate en el manejo de los tiempos. En ataque, la banda buena fue la izquierda, con Cani bien desdoblado por Rico en varias jugadas que luego no concluyeron en nada potable. El ala derecha, sin embargo, estuvo obturada. Flojo Xumetra, mal secundado por Isaac, apenas hubo veneno por aquel flanco.

Como ya advirtió Milla en Boltaña, Erik Morán jugó de volante con recorrido ofensivo. Más hacia delante que nunca. Pero al vasco le faltó oficio en esa labor. Además, cuando apoyó a la zaga, no tuvo un buen día en la salida del balón. Cabrera y Popa, los dos centrales, no vivieron momentos de demasiada zozobra más allá de los balones aéreos antes reseñados.

Globalmente, el Real Zaragoza dejó una buena imagen, una clara sensación de progresión después de pocos días de pretemporada y de escaso tiempo para ir cohesionando a los nuevos. Enfrente, el Nástic, también con varias caras nuevas y ya sin sus referentes Achille Emana, Naranjo, De la Espada, Xisco Muñoz o Palanca, se mostró verde, muy distante del gran equipo que acabó la liga pasada en puesto de promoción de ascenso.

Tras el descanso, no hubo el habitual carrusel de cambios en ninguna de las dos formaciones. Los locales, tomándose el encuentro muy en serio, solo hicieron una sustitución, la del veloz Jean Luc Assoubre por Rharsalla. El Real Zaragoza relevó al lateral diestro –Fran por Isaac-, al punta –Dongou por Ángel-, al pivote central –Wilk por Zapater- y sorprendió metiendo a Casado por Xumetra, por lo que el lateral zurdo madrileño se estrenó como interior, por delante de Rico, pasando momentáneamente Cani a la banda derecha.

Enseguida, Vicente Moreno, tenía preparada la permuta casi total del equipo tarraconene, en el minuto 10 del segundo periodo. Ahí, Milla también decidió ir dosificando a sus hombres y fueron entrando los filiales Pombo, Suárez…

En la última media hora, por lo tanto, el decorado cambió. Más en los locales que en el cuadro zaragocista. El partido perdió poso y se convirtió progresivamente en una constante improvisación. Sin Cani y Zapater sobre el campo, el equipo de Milla se desdibujó. Ese es un titular cristalino del segundo periodo, algo muy a tener en cuenta en el momento presente de la plantilla. Faltan más referencias inmediatas.

En punta, Dongou no entró en juego nunca. Y eso que era sencillo superar la participación de un difuminado Ángel antes del intermedio. Al camerunés, todo sea dicho, tampoco nadie le suministró de un balón en condiciones en toda la noche.

Apenas hubo juego profundo en la segunda parte. Solo el Nástic anduvo cerca del gol en sendos cabezazos de Assoubre y el pequeño de los Emana en la fase inicial. El primero, remató a bocajarro un centro de Madinda en el minuto 49 e Irureta hizo la parada de la noche, salvando el 1-0. El segundo, peinó una pelota colgada al primer palo y la pelota se marchó fuera por poco. Al final, solo tres golpes francos al borde del área zaragozana, mal lanzados por Muñiz, dieron algo de emoción a la resolución del marcador.

El resto del tiempo, el partido se convirtió en algo sin sustancia. El Real Zaragoza no existió nada más que para defender con el mejor orden posible. Los tarraconenses, intentaron ligar alguna acción por las bandas pero no tuvieron clarividencia con su escuadrilla B. A Milla, el partido le sirvió en este sentido para comprobar que, hoy en día, el fondo de armario es, si se computan las bajas puntuales de Marcelo Silva, Alex Barrera y Lanzarote, muy escaso. La realidad solicita más refuerzos y, además, de peso específico notable.


Ficha Técnica


Nástic Tarragona: Reina (Perales, 76); Gerard Valentín (Kakabadze, 55), Molina (Iago Bouzón, 55), Suzuki (Djetei, 66), Mossa (Ferrán, 55); Zahibo (Martínez, 55), Madinda (Muñiz, 55); José Carlos (Rayco, 60), Carlos García (Aburjania, 55), Rharsalla (Jean Luc Assoubre, 46); y Alex López De Groot (Stephan Emana, 55).

Real Zaragoza: Irureta; Isaac (Fran, 46), Popa (Jorge Guti, 87), Cabrera (Zalaya, 70), Rico (Buenacasa, 79); Zapater (Wilk, 46); Xumetra (Casado, 46), Morán (Andrés Barrera, 92), Javi Ros (Pombo, 57), Cani (Suárez, 57); y Ángel (Dongou, 46).

Árbitro: Gonzalo Romero (Comité Catalán). Amonestó a Isaac (43), Molina (47), Casado (65), Kakabadze (66), Dongou (72) y Zalaya (79).

Goles: No hubo.

Incidencias: Tarde-noche muy calurosa en el Nou Estadi de Tarragona, 33 grados y alta humedad. El partido correspondía al Trofeo Ciutat de Tarragona en su 8ª edición, en el que el cuadro local se presentaba oficialmente ante su afición. Hubo 3.809 espectadores en las tribunas. El césped presentaba un aspecto excelente. El Nástic entregó la copa de campeón al Real Zaragoza en un gesto de amabilidad y por deferencia. Por lo tanto, no hubo tanda de penaltis para decidir el vencedor.







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