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Real Zaragoza

Una actitud que deja dudas

En el seno del club existe la sensación de que una parte de la plantilla no
ha rendido como debía al final de la liga. El partido de Palamós es el
colofón a varias semanas de desintonización.

Paco Giménez. Zaragoza Actualizada 06/06/2016 a las 09:34
Los jugadores en silencio ante la afición.Jordi Ribot / Iconna

Indolencia, dejadez, irresponsabilidad, falta de rigor táctico, ausencia total de respuesta y reacción. Son algunas actitudes de índole particular que se vieron el sábado en el campo del Llagostera en muchos de los protagonistas que defendían la camiseta del Real Zaragoza en un día de la máxima relevancia para el futuro de la SAD. El resultado final de esta puesta en escena fue una de las mayores catástrofes del equipo aragonés en su historia. Un 6-2 ante un rival descendido a SegundaB que sacó vergonzosamente al Zaragoza de los puestos de promoción de ascenso a Primera División.

Lo que a ojos de la generalidad de seguidores zaragocistas no tiene explicación lógica, esa imagen de apatía del equipo en el partido último y crucial del curso en Palamós, es analizado de puertas adentro con mayor cantidad y más profundidad de datos en busca de un diagnóstico concreto. Se considera que una pose de este calibre y con estas consecuencias es muy probable que no sea fruto de la casualidad ni de un accidente puntual.
Mucho más cuando, ya en los partidos del mes de mayo, los más recientes, cuando todo el mundo echaba cuentas y se veía posible incluso el ascenso directo, de repente surgieron momentos de varios partidos en los que el grupo se resquebrajó, bajó sus prestaciones y tiró por la borda victorias accesibles que, como en Huesca o Soria tenía casi escrituradas a su nombre.

¿Por qué ha sucedido esto en los últimos 40 días? ¿Por qué el entrenador viene dando avisos públicos respecto de la falta de carácter del equipo, con declaraciones extemporáneas e impropias en jornadas tan decisivas? ¿Por qué varios futbolistas, a través de sus representantes, se han metido en terrenos relativos a sus contratos y su futuro justo en medio del tramo culminante de la liga? ¿Por qué el manejo de las piezas de la caseta no le ha resultado sencillo a Carreras en varios casos de un tiempo a esta parte?

Son preguntas que se agolpan en la mente de los dirigentes zaragocistas mientras intentan digerir lo sucedido en Palamós, un bochorno con escasos precedentes similares en 84 años de vida.

Subyace en determinadas maneras de comportarse de algunos jugadores el influjo de los peculiares contratos que gustaba elaborar al anterior director deportivo, Ángel Martín González. Trufados de premios extra, de cláusulas específicas que según avanza el año van mediatizando las posturas e iniciativas de los jugadores y/o sus agentes de representación. Las ligas empiezan para una parte de la plantilla con unas expectativas que, de repente, en la recta final del torneo, cambian en virtud de la participación concreta que tiene cada uno en el equipo. Por su propio carácter o por los consejos de su entorno de apoderados, es palmario que algunos futbolistas modifican su modus operandi.

La comunión con el entrenador, Carreras, no ha estado lo suficientemente lubricada en los últimos tiempos. El técnico catalán, singular en su modo de dirigir un vestuario, no ha podido o sabido mantener viva la llama al unísono de todo el colectivo. La mezcla de intereses, de planes de futuro inmediato, de sugerencias externas a los oídos de algunos jugadores, ha resultado nociva. El 6-2 recibido ante el Llagostera –y lo anterior– no ha sido gratis.







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