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Real Zaragoza

¿Tebasdamus o libro de ruta tutelado?

El presidente de la Liga advirtió en dos entrevistas a Heraldo en 2014 y 2015 que "el Real Zaragoza tardará entre 5 y 7 años en poder alcanzar la normalidad".

Paco Giménez. Zaragoza Actualizada 06/06/2016 a las 13:02
Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional.Heraldo de Aragón

26 de agosto de 2014. Los patronos de la Fundación Zaragoza 2032 acababan de tomar las riendas del Real Zaragoza 30 días antes para salvar de la liquidación y desaparición a la SAD, al viejo club aragonés. Javier Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), en una entrevista en HERALDO DE ARAGÓN, advirtió con solemnidad de la travesía prevista en Segunda División para el equipo zaragozano, de un largo camino que sonó entonces a una estimación tremendista para ubicar en el espacio la extrema gravedad de la situación económica que asolaba a la octogenaria entidad blanquilla.

"En el momento en el que pueda dar el salto a la Primera División, recuperará el nivel de ingresos que harán posible cubrir la deuda y sostener su diseño societario. Pero, que la gente sea consciente, el Real Zaragoza tardará años en recuperar y tener grandes equipos (...). Si se hacen y salen las cosas bien, el Real Zaragoza tardará entre 5 y 7 años en poder alcanzar la normalidad. Está muy grave en estos momentos", dijo Tebas. Cuando todo el mundo leyó este rotundo pasaje de sus argumentaciones, quiso ver en su estimación temporal algo así como una frase hecha, una manera de hablar que no tenía por qué ser fiel a una realidad ulterior sino, más bien, una metáfora para trasladar la hondura del problema que sufría en aquellos días la SAD zaragocista.


Meses después, en abril de 2015, Javier Tebas visitó Zaragoza para dar una charla en el colegio La Salle Gran Vía. HERALDO DE ARAGÓN volvió a entrevistar al máximo mandatario de la LFP y, de nuevo, en un momento de la conversación, el abogado oscense dejó una vez más su mensaje cronológico: "Nadie debería ponerse nervioso si el equipo ha de competir una, dos o tres temporadas más en Segunda. La situación no es fácil", apuntó aquel día. Ahí, los miedos sí que se consolidaron en mucha gente, incluso dentro del club. Tebas estaba de nuevo insinuando una previsible permanencia en Segunda al menos hasta 2018. Era como sugerir que el pretendido ascenso inmediato, la salida urgente de Segunda División que pretenden los nuevos propietarios de la mayoría accionarial de la entidad, no iba a ser la salida natural de la herencia tóxica que dejó tras de sí el mandato de ocho años de Agapito Iglesias al frente del Real Zaragoza y que concluyó con el mayor concurso de acreedores de la historia del fútbol español.


Tebas, en dos momentos distintos, con las perspectivas de los dirigentes zaragocistas situadas en dos puntos diferentes de su labor de reflotamiento del club y del equipo en busca de ascender cuanto antes a Primera División, había echado dos enormes jarros de agua fría a su incandescente ansia de lograr en el menor tiempo posible el retorno a la élite, lugar en el que, como el propio presidente de la LFP subraya, la viabilidad del Real Zaragoza sí que es posible de sacar adelante pese a la pesadísima herencia de 130 millones de euros de agujero que subrrogó Agapito a la Fundación en la firma de la compraventa de su paquete de acciones de la SAD.


Desde ese doble pasaje, que Tebas provocó en sus declaraciones a HERALDO en 2014 y 2015, el eco de sus palabras no desaparece en el ambiente del día a día de muchos zaragocistas, dentro y fuera de la SAD. ¿Tiene que estar el Real Zaragoza entre 5 y 7 años en Segunda por algún motivo? ¿No es posible que, a base de buena gestión, de acierto deportivo, de razones meramente futbolísticas, el equipo aragonés acelere los tiempos y sea capaz de recuperar su sitio natural en Primera antes de esas previsiones provenientes de la LFP?


Sea como fuere, el Real Zaragoza ya ha cumplido tres campañas seguidas en Segunda. Y la próxima será la cuarta. Por ahora, Tebas (Tebasdamus, según algún analista que guarda sus vaticinios temporales en primera línea de su cerebro) está teniendo razón. La purga del Real Zaragoza en la categoría de plata es ya de tamaño de pesadilla histórica. Desde los años 40 del siglo pasado, cuando el club zaragocista estaba recién creado y aún no era nadie en el espectro del balompié nacional, no encadenaba cuatro años alejado de Primera. Lo va a hacer ahora, en los años diez del siglo XXI, que se convierten en el punto más crítico de su historia deportiva, en indeleble mezcla con la económica y financiera.

Más de 300 acreedores esperan el devenir del Real Zaragoza tras aquel concurso que propugnó Agapito Iglesias hace cinco años. La carrocería de la histórica entidad aragonesa sigue abollada en muchos sectores del fútbol nacional -e internacional- como consecuencia de aquellos años de desastrosa gestión que, hasta su final, dejó infinidad de heridas abiertas, personas y entidades damnificadas y decenas de cuentas pendientes. También con la LFP. Tebas, que tiene todo ese listado de penas punibles en su cartera es, de hecho, el principal adalid del asunto judicial que tiene al Real Zaragoza sumido en una denuncia por el presunto amaño del partido que disputó en mayo de 2011 en equipo blanquillo en el campo del Levante en la última jornada de aquella liga de Primera, en la que ganó 1-2 y salvó la categoría. La sentencia aún no ha salido. Esta es otra cuestión temporal importante en el análisis de situación del vigente Real Zaragoza.

El discurrir de los zaragocistas por las últimas ligas no ha sido sencillo. Al contrario, se ha visto entorpecido por llamativas trabas. El año pasado, el primero de la nueva propiedad, no hubo forma de eludir la sanción de la LFP por la que el equipo solo disponía de 18 fichas profesionales como represalia normativa por tener deudas pendientes de los tiempos del agapitismo con Hacienda, la Seguridad Social y otros clubes. Los fichajes que llegaron a un vestuario vacío, lleno de eco y sin ningún cimiento tras ser arrasado todo en los últimos tiempos de la anterior regencia, lo hicieron bajo una estricta tutela de la LFP en los límites salariales que limitaron decisivamente las opciones de éxito final (un fichaje como el de Chuli fue abortado in extremis por esta cuestión). Este año, donde estas circunstancias ya no fueron tan compresivas, ha sido el apartado arbitral (que también sufrió el Zaragoza el curso anterior) el que más ha dañado en momentos puntuales la normal marcha deportiva del equipo en las fases más decisivas de la liga. Tanto que llegó a provocar la denuncia pública de los dirigentes zaragocistas de los agravios y menoscabos que estaba padeciendo de manera cristalina el club en sus ansias de subir a Primera ya mismo.

Las dos primeras temporadas con los dirigentes de la Fundación Zaragoza 2032 al mando han concluido sin poder lograr el ascenso. En la primera, pese a tantos vientos adversos, solo faltaron 7 minutos en el último partido de la promoción en Las Palmas. En la actual, la parálisis global del equipo en el último mes y medio por múltiples vectores, cuyo origen se escruta para ver posibles nexos comunes, esa fase de promoción se perdió en el último y terrible partido ante el Llagostera donde el 6-2 adverso dejó al Zaragoza 8º en la tabla finalmente. 

El Real Zaragoza está, pues, abocado a jugar una cuarta temporada concatenada en Segunda División, la próxima (2016-17). Si las previsiones que anunció en su día Javier Tebas siguen cumpliéndose a pies juntillas, todavía faltará, al menos, una más en el mejor de los casos ("el Real Zaragoza tardará entre 5 y 7 años en poder alcanzar la normalidad"). Una profecía que, en momentos como el actual, retumba como una tormenta de granizo en las cabezas del zaragocismo.


 







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