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Fútbol

La "sencilla pero eficaz organización" de los Indar Gorri para atacar a hinchas rivales

Tienen un local en el que incluso se preparan físicamente de cara a las refriegas.

Actualizada 03/02/2016 a las 13:42
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Agentes de la Fuerza y Cuerpos de seguridad del Estado registran un local de la peña Indar Gorri.Efe

El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona ha decretado la puesta en libertad de dos de los 18 Indar Gorri detenidos, tal y como avanza este miércoles diariodenavarra.es. El juez les atribuye un delito de pertenencia a grupo criminal, por su supuesta participación en peleas violentas con otras aficiones radicales hermanadas o enfrentadas. Los investigados deberán comparecer en el juzgado mensualmente. Los restantes detenidos comparecerán ante el juez a lo largo de este miércoles.

El magistrado recalca que la investigación no se dirige contra Indar Gorri, sino contra personas concretas que incluso se aprovecharon económicamente de este colectivo para sus acciones violentas.

Según expone el magistrado en los autos, del análisis "de las conversaciones telefónicas intervenidas a los investigados, de las vigilancias y seguimientos efectuados a estos, así como de los efectos y documentos intervenidos en los registros que se llevaron a cabo el pasado día 1 -cuyo análisis no ha podido ser terminado dado el escaso tiempo transcurrido y el importante volumen de información que contienen—", se desprenden "claros indicios" de que los detenidos, junto con otros individuos, formarían parte de un grupo de personas que, "al amparo o bajo el paraguas del colectivo Indar Gorri e, incluso, aprovechándose económicamente de él, tendrían como finalidad, no el apoyo deportivo al Club Atlético Osasuna sino, pura y simplemente, la comisión de delitos de lesiones con ocasión de los partidos de fútbol" disputados por el club rojillo y otros equipos "con cuyas aficiones radicales Indar Gorri estaría hermanado o enfrentado".

A tales efectos, relata el juez, los integrantes de dicho grupo contarían “con una sencilla pero eficaz organización, con una jerarquía entre sus miembros, algunos de los cuales llevarían a cabo funciones directivas y de organización, dando instrucciones a los restantes sobre el momento y la forma en que deberían llevar a cabo sus acciones violentas, seleccionando a los que deberían participar en cada una de ellas, preparando y coordinando los desplazamientos fuera de Pamplona para ejecutar esas acciones violentas mediante reuniones previas en el local sito en la calle Río Ega de Pamplona”.

En este local, continúa el magistrado, es donde algunos de ellos incluso se prepararían físicamente de cara a los enfrentamientos o ataques en los que fueran a intervenir, “adoptando en dichos desplazamientos todo tipo de medidas de seguridad, como la utilización de coches lanzadera para detectar la presencia policial o el estacionamiento de los vehículos que usan para desplazarse en lugares alejados para evitar su localización, así como usando diversos medios para intentar localizar a los aficionados de los equipos rivales.

Uno de estos medios consiste en colocar a miembros del grupo en los accesos por carretera a Pamplona para detectar a dichos seguidores o ‘patrullar’ las inmediaciones de los estadios a los mismos fines”, o “preparando la huida para el caso de que terminaran de llevar a cabo las acciones violentas que se proponían”.

De igual manera, algunos de los miembros del grupo tienen contacto frecuente con otros grupos radicales de equipos de fútbol españoles, con quienes incluso llegan a coordinarse en sus intenciones de llevar a cabo acciones violentas con la finalidad de no interferirse entre sí y de evitar confusiones sobre la autoría de dichas acciones.

El juez constata que, de los informes realizados por los investigadores policiales y los datos obtenidos por estos tras el análisis de numerosos hechos delictivos de carácter violento, se desprenden indicios de que algunos de los miembros de este grupo criminal procederían o habrían estado integrados en otros grupos violentos insertados, igualmente, en el entorno de Indar Gorri pero sin coincidir exactamente con este colectivo. Unos hinchas que operaron en los años 2010, 2011 y, sobre todo, en 2012 y que eran conocidos como "microbotas" o "minibotas", "grupos que llevaron a cabo diversos actos de violencia en diversas localidades navarras que generaron un estado de preocupación y miedo en muchos jóvenes por el carácter indiscriminado y sumamente violento de los autores de dichos actos de violencia gratuita".

De dichos informes, subraya el magistrado, se desprende también algo que es conveniente resaltar: que la cuestión deportiva es completamente accesoria para los miembros del grupo, hasta el punto de que muchos de ellos ni siquiera acceden a los campos de fútbol cuando se desplazan a otras localidades para llevar a cabo o, al menos, intentar llevar a cabo sus acciones violentas o cuando otros equipos rivales acuden a jugar a Pamplona. "Esto ha sido constatado en varias ocasiones en los seguimientos y vigilancias a las que han sido sometidos por los investigadores y evidencia que la finalidad de este grupo no es el apoyo deportivo a Osasuna sino la comisión de delitos contra la integridad física como medio para alcanzar un estatus de respeto dentro de los grupos radicales violentos que giran en torno al mundo del fútbol, estatus que se obtendría cuanto más radicales y más violentos se mostraran con los rivales", concluye el juez.

Afortunadamente, destaca el magistrado, "los actos de violencia pretendidos por los integrantes del grupo, al menos durante el tiempo que ha durado la presente investigación, se han visto frustrados, sin duda, por la actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad, pues de no haber sido ello así es claro que habrían conseguido sus objetivos sin ninguna duda, dada la preparación que precedía a cada desplazamiento en el que participaban los miembros del grupo y las tareas de localización de aficionados rivales que llevaban a cabo".

De hecho, según apunta en los autos, en varias de las conversaciones intervenidas se evidencia el malestar de los investigados por ese despliegue policial, malestar que, al menos respecto de los miembros de este grupo, tiene como verdadera causa el no poder llevar a cabo sus acciones delictivas y no un presunto exceso de celo en el control de las aficiones deportivas por parte de la policía.







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