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REAL ZARAGOZA

El año que vivimos intensamente

El Real Zaragoza despide a un 2011 en el que ha pasado por todos los estados de ánimo posibles, incluidos los más extremos.

J. MERCADAL. ZARAGOZA Actualizada 30/12/2011 a las 20:44
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La afición zaragocista protagonizó en 2011 el mayor desplazamiento en la historia de la LigaTONY GALÁN

 De la alegría a la tristeza pasando por el hastío. No hay sensación ni estado de ánimo que el Real Zaragoza no haya experimentado en 2011. Altamente inestable, como su realidad, el conjunto aragonés despide a un año cargado de altibajos. Una vida al límite en solo 365 días.

En fútbol, el tiempo se suele medir por temporadas y no por años naturales. Es la mejor manera de tasar y analizar el rendimiento de los diferentes proyectos deportivos, su viabilidad y grado de acierto. No es el caso del club zaragocista. O, al menos, no estrictamente. Volátil cual cajón de dinamita, la entidad presidida por Agapito Iglesias ha hecho del presente su único tiempo verbal. Acciones individuales destinadas a solucionar problemas puntuales.

El 2011 en el Real Zaragoza ha sido el año de Javier Aguirre. Empezó con el mexicano en el banquillo y finaliza con su destitución casi al límite de las campanadas. Éxito y fracaso. Salvación y condena sin tiempo a digerir todo lo ocurrido entre medias.

Inicio fulgurante

Enero llegó con el equipo aragonés hundido en la clasificación, rogando por un milagro mundano que comenzó a gestarse en el primer mes del año. Gracias a una increíble racha de cuatro victorias en cinco partidos, los blanquillos cimentaron la base de una recuperación que, no sin sufrimiento, acabaría otorgando la ansiada permanencia.

El mercado invernal, que preveía una revolución tal y como se hiciera en 2010, solo añadió dos nuevos jugadores a la nómina zaragozana. Guirane N'Daw y Paulo Da Silva se sumaron a la disciplina zaragocista con desigual impacto. El senegalés, que llegó comparándose con el mítico Patrick Vieira, no llegó a los diez partidos jugados con los blanquillos, tres de ellos como titular. El paraguayo, sin embargo, aterrizó como apuesta fuerte para la zaga y continua como teórica pieza fundamental del engranaje defensivo.

Tras lograr 11 victorias en 22 partidos, el Real Zaragoza consiguió una salvación por la que pocos apostaban y que lució con partidos aptos de entrar en la historia de la entidad. Así, en tan extrañas circunstancias, los aficionados pudieron degustar una inesperada victoria en el Santiago Bernabeu por 2-3 gracias a una excelsa actuación de Ángel Lafita. El gran regalo de un curso delirante en el que el zaragocismo exigió su lugar dentro del fútbol mundial. Con 10.000 desplazados a Valencia para presenciar el último partido del curso, la masa social blanquilla protagonizó el mayor desplazamiento de una afición en un partido de Liga. Toda una fiesta en la que Gabi, capitán del grupo, engalanó con dos goles antológicos que sellaban la ansiada salvación. Días felices que, como empieza a ser costumbre, no duraron en exceso.

Reforma integral y caso Braulio

A pesar de las dudas iniciales, Agapito Iglesias consiguió la continuidad de Javier Aguirre, considerado el gran artífice de la permanencia. Sin embargo, el conjunto aragonés tuvo que decir adiós a dos de sus futbolistas más representativos. Gabi y Ander Herrera abandonaron la nave para unirse al Atlético y al Athletic respectivamente. No se fueron solos, el éxodo incluyó a diez jugadores más de la primera plantilla produciéndose una reforma brutal en la fisonomía del equipo, incluyendo la llegada de 12 jugadores en verano. Muchos de ellos, con la nueva temporada ya comenzada.

Un 0-6 ante el Real Madrid saludó al nuevo curso. Penuria que se vio empequeñecida ante el drama protagonizado por Braulio. A finales de septiembre, el delantero canario fue detenido por un presunto abuso sexual en un caso que escandalizó a todo el mundo del fútbol. El suceso terminó con la relación contractual entre el jugador y el club y añadió algo más de tensión al complicado inicio liguero.

Sin embargo, y de manera sorprendente, la situación se serenó. El equipo comenzó a rendir sobre el césped e, incluso, se llegó a soñar con una temporada tranquila. Tras ganar 2-0 a la Real Sociedad, con un magnífico gol de chilena obra de Hélder Postiga incluido, los zaragocistas alcanzaron la novena posición. Lugar desde el que, nuevamente, ofrecieron un brutal giro de guión experimentaron un interminable descenso hasta el infierno.

Nuevo técnico y consejo

La que probablemente sea la peor racha en la historia de la institución, once partidos sin ganar logrando un único empate, desembocaron en la cesión de Javier Aguirre como técnico zaragocista. Una bochornosa serie de resultados culminada con la eliminación de la Copa del Rey a manos del Alcorcón.

La constitución de un nuevo Consejo de Administración que guíe el destino del Real Zaragoza es la última de las grandes novedades que dejó el año. La entrada del equipo capitaneado por Salvador Arenere “con plenos poderes”, según dijo Agapito Iglesias, dio la última vuelta de tuerca a un club a punto de pasarse de rosca.

Capicúa, el 2011 se marcha como llegó, con el club sumergido deportivamente en el más indecoroso de los fangos. Año nuevo, misma vida.







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