Anuncios clasificados
Volver a Heraldo.es
Suscríbete Heraldo Premium Web del suscriptor

ALPINISMO

El Annapurna, según Pauner

C. PAÑO/C. PAUNER. zaragoza Actualizada 06/05/2010 a las 23:51
10 Comentarios
El alpinista Carlos Pauner, durante su comparecencia ante los medios de comunicación.T. GALáN/A PHOTO AGENCY

'''

La muerte de Tolo Calafat, cuyo cuerpo permanecerá por siempre en el Annapurna, a 7.600 metros de altitud, sigue generando numerosas suspicacias. Por ello, con la intención de zanjar definitivamente la polémica, Carlos Pauner volvió a defenderse ayer de forma firme y decidida. Fue contundente al respecto: "La ignorancia es muy atrevida; pero todo resulta mucho más peligroso cuando las críticas provienen de alguien que, además de ser ignorante, también es tonto. Las acusaciones, realizadas por montañeros de medio pelo, me parecen indignantes", advirtió el alpinista, quien recordó que Tolo "jamás fue abandonado a su suerte".

"Precisamente -añadió Pauner- sucedió todo lo contrario: arriesgamos nuestras vidas por él". Y el montañero aragonés comenzó entonces su relato:

El ascenso

Decidimos atacar la cima el 27 de abril. Partimos a las 2.00 de la mañana. Al contrario de lo que se ha comentado por ahí, no era tarde para iniciar el ascenso. De hecho, contábamos con una ventana de buen tiempo y un parte meteorológico muy favorable. El viento era intenso, enérgico; pero estaba previsto que disminuyese su fuerza con el discurrir de las horas. Es cierto que fue una subida lenta, muy pausada, porque tuvimos que fijar algunos tramos con cuerdas. Sin embargo, todo transcurrió con muchísima tranquilidad. No había prisa.

se alcanza la cumbre

Hollamos la cima sobre las 4 de la tarde. Habíamos tardado cerca de 14 horas en completar la ascensión. Juanito Oiarzabal y yo alcanzamos la cumbre al mismo tiempo, mientras que Tolo apareció un cuarto de hora más tarde. Parecía cansado, pero no había indicios de que sufriera lesiones. Nos acompañaban dos sherpas, Sonam y Dawa. Todos estábamos muy felices, entusiasmados por la hazaña conseguida. Pero como el viento era implacable, violento, de casi 60 kilómetros por hora, optamos por regresar. Apenas permanecimos 10 minutos en la cumbre.

desaparece la cuerda

En la bajada, faltaba una cuerda que habíamos colocado nosotros durante la ascensión. Teniendo en cuenta que la coreana Miss Oh descendía justo antes que nosotros, sospechamos que fue su grupo el que retiró aquella cuerda. (Horas más tarde, cuando le reproché a Miss Oh su comportamiento, ella argumentó no saber nada. "Si hemos sido nosotros, todo se ha debido a un error", se justificó la coreana). La ausencia de aquella cuerda nos ralentizó el descenso. Nos costó bajar, pero lo hicimos siempre juntos. Solamente después, cuando llegamos a una zona sin dificultades técnicas, fuimos cada uno a nuestro ritmo. El tiempo empezaba a mejorar. No había razón alguna para preocuparse.

tolo se rezaga

Durante el descenso posterior, Tolo se fue quedando atrás. Era una bajada relativamente tranquila, sin apenas inconvenientes. Juanito iba delante; yo marchaba inmediatamente después; y Tolo, que siempre estuvo acompañado por el sherpa Sonam, venía algo rezagado aunque sin dificultades aparentes. Luego alcancé a Juanito y, teniendo en cuenta que avanzábamos -ahora sí- hacia una zona comprometida, optamos por aguardar la llegada de Tolo. La intención era reunirnos de nuevo para continuar todos juntos el trayecto. Pero Tolo, dos horas y media después, todavía no nos había alcanzado.

rumbo al campo 4

En un primer momento, nos resistimos a bajar sin Tolo. Nuestra primera medida fue enviar a Dawa, quien desandó el camino en su búsqueda. El sherpa, sin embargo, no vio a nadie y regresó. Fue entonces, y solo entonces, cuando emprendimos la marcha hacia el Campo 4. No quedaba otra: ya era de noche, hacía muchísimo frío y sufríamos congelaciones, y estábamos exhaustos, y acumulábamos 21 horas de esforzada actividad... Además, Tolo seguía acompañado por Sonam y todavía teníamos el convencimiento de que nuestro amigo, aunque a paso lento, proseguía su descenso. Con todos esos condicionantes, nosotros decidimos salvar nuestras vidas.

noche a la intemperie

Al alcanzar el Campo 4, el reloj marcaba las 00.15. Y nos quedamos dormidos. Fue a las 7.00, una vez despiertos, cuando descubrimos que Tolo no había llegado al campamento. Era el 28 de abril y el parte meteorológico pronosticaba nevadas para esa misma tarde. Comenzó entonces nuestra inquietud. El nerviosismo se agigantó aún más con la irrupción en escena de Sonam, sobre todo porque apareció solo. El sherpa, entonces, nos contó que Tolo ya no podía andar, y que por eso había pasado la noche con él, a la intemperie. Estaba a seis horas de distancia. La noticia resultó desgarradora. A 7.600 metros, si una persona no camina está muerta.

la negativa de miss oh

Decidimos permanecer en el Campo 4. Si entonces hubiéramos bajado hasta el Campo Base, nadie nos lo podría haber recriminado. A mí me sucedió en el Kanchenjunga, donde me quedé solo, abandonado a mi suerte, y jamás me quejé por ello. Pero nosotros seguimos allí, arriesgando nuestras vidas, en un desesperado intento por salvar a nuestro amigo. Fui yo quien habló con Miss Oh, ya que Juanito no sabe inglés. Le pedí que nos reforzara con sus porteadores, pero la coreana se negó, alegando que estaban muy cansados. No se puede obligar a nadie a que arriesgue su vida.

dos vías de rescate

El primer intento de rescate lo protagonizó Dawa, quien salió al encuentro de Tolo provisto de oxígeno, alimentos y medicinas. Llegó alcanzar los 7.800 metros, en una exigente aventura que se prolongó durante 11 horas. Pero regresó solo. La nieve nocturna lo había dificultado todo. Mientras, desde el Campo Base, Javier Pérez se afanaba en la consecución de un helicóptero. Ese día no se pudo sobrevolar la zona, debido a las adversas condiciones meteorológicas. Cuando el aparato, por fin, emprende el vuelo, ya son las 7.00 del 29 de abril. Y allí, desde las alturas, únicamente se observa el blanco manto de nieve. Horas después, Tolo fue dado por muerto.

El alpinista jaqués relata su sobrecogedor episodio en el Himalaya, donde perdió la vida su amigo Tolo Calafat

El montañero se queja enérgicamente de la polémica surgida

'''
$(html_text)
'''La muerte de Tolo Calafat, cuyo cuerpo permanecerá por siempre en el Annapurna, a 7.600 metros de altitud, sigue generando numerosas suspicacias. Por ello, con la intención de zanjar definitivamente la polémica, Carlos Pauner volvió a defenderse ayer de forma firme y decidida. Fue contundente al respecto: "La ignorancia es muy atrevida; pero todo resulta mucho más peligroso cuando las críticas provienen de alguien que, además de ser ignorante, también es tonto. Las acusaciones, realizadas por montañeros de medio pelo, me parecen indignantes", advirtió el alpinista, quien recordó que Tolo "jamás fue abandonado a su suerte". "Precisamente -añadió Pauner- sucedió todo lo contrario: arriesgamos nuestras vidas por él". Y el montañero aragonés comenzó entonces su relato: El ascenso Decidimos atacar la cima el 27 de abril. Partimos a las 2.00 de la mañana. Al contrario de lo que se ha comentado por ahí, no era tarde para iniciar el ascenso. De hecho, contábamos con una ventana de buen tiempo y un parte meteorológico muy favorable. El viento era intenso, enérgico; pero estaba previsto que disminuyese su fuerza con el discurrir de las horas. Es cierto que fue una subida lenta, muy pausada, porque tuvimos que fijar algunos tramos con cuerdas. Sin embargo, todo transcurrió con muchísima tranquilidad. No había prisa. se alcanza la cumbre Hollamos la cima sobre las 4 de la tarde. Habíamos tardado cerca de 14 horas en completar la ascensión. Juanito Oiarzabal y yo alcanzamos la cumbre al mismo tiempo, mientras que Tolo apareció un cuarto de hora más tarde. Parecía cansado, pero no había indicios de que sufriera lesiones. Nos acompañaban dos sherpas, Sonam y Dawa. Todos estábamos muy felices, entusiasmados por la hazaña conseguida. Pero como el viento era implacable, violento, de casi 60 kilómetros por hora, optamos por regresar. Apenas permanecimos 10 minutos en la cumbre. desaparece la cuerda En la bajada, faltaba una cuerda que habíamos colocado nosotros durante la ascensión. Teniendo en cuenta que la coreana Miss Oh descendía justo antes que nosotros, sospechamos que fue su grupo el que retiró aquella cuerda. (Horas más tarde, cuando le reproché a Miss Oh su comportamiento, ella argumentó no saber nada. "Si hemos sido nosotros, todo se ha debido a un error", se justificó la coreana). La ausencia de aquella cuerda nos ralentizó el descenso. Nos costó bajar, pero lo hicimos siempre juntos. Solamente después, cuando llegamos a una zona sin dificultades técnicas, fuimos cada uno a nuestro ritmo. El tiempo empezaba a mejorar. No había razón alguna para preocuparse. tolo se rezaga Durante el descenso posterior, Tolo se fue quedando atrás. Era una bajada relativamente tranquila, sin apenas inconvenientes. Juanito iba delante; yo marchaba inmediatamente después; y Tolo, que siempre estuvo acompañado por el sherpa Sonam, venía algo rezagado aunque sin dificultades aparentes. Luego alcancé a Juanito y, teniendo en cuenta que avanzábamos -ahora sí- hacia una zona comprometida, optamos por aguardar la llegada de Tolo. La intención era reunirnos de nuevo para continuar todos juntos el trayecto. Pero Tolo, dos horas y media después, todavía no nos había alcanzado. rumbo al campo 4 En un primer momento, nos resistimos a bajar sin Tolo. Nuestra primera medida fue enviar a Dawa, quien desandó el camino en su búsqueda. El sherpa, sin embargo, no vio a nadie y regresó. Fue entonces, y solo entonces, cuando emprendimos la marcha hacia el Campo 4. No quedaba otra: ya era de noche, hacía muchísimo frío y sufríamos congelaciones, y estábamos exhaustos, y acumulábamos 21 horas de esforzada actividad... Además, Tolo seguía acompañado por Sonam y todavía teníamos el convencimiento de que nuestro amigo, aunque a paso lento, proseguía su descenso. Con todos esos condicionantes, nosotros decidimos salvar nuestras vidas. noche a la intemperie Al alcanzar el Campo 4, el reloj marcaba las 00.15. Y nos quedamos dormidos. Fue a las 7.00, una vez despiertos, cuando descubrimos que Tolo no había llegado al campamento. Era el 28 de abril y el parte meteorológico pronosticaba nevadas para esa misma tarde. Comenzó entonces nuestra inquietud. El nerviosismo se agigantó aún más con la irrupción en escena de Sonam, sobre todo porque apareció solo. El sherpa, entonces, nos contó que Tolo ya no podía andar, y que por eso había pasado la noche con él, a la intemperie. Estaba a seis horas de distancia. La noticia resultó desgarradora. A 7.600 metros, si una persona no camina está muerta. la negativa de miss oh Decidimos permanecer en el Campo 4. Si entonces hubiéramos bajado hasta el Campo Base, nadie nos lo podría haber recriminado. A mí me sucedió en el Kanchenjunga, donde me quedé solo, abandonado a mi suerte, y jamás me quejé por ello. Pero nosotros seguimos allí, arriesgando nuestras vidas, en un desesperado intento por salvar a nuestro amigo. Fui yo quien habló con Miss Oh, ya que Juanito no sabe inglés. Le pedí que nos reforzara con sus porteadores, pero la coreana se negó, alegando que estaban muy cansados. No se puede obligar a nadie a que arriesgue su vida. dos vías de rescate El primer intento de rescate lo protagonizó Dawa, quien salió al encuentro de Tolo provisto de oxígeno, alimentos y medicinas. Llegó alcanzar los 7.800 metros, en una exigente aventura que se prolongó durante 11 horas. Pero regresó solo. La nieve nocturna lo había dificultado todo. Mientras, desde el Campo Base, Javier Pérez se afanaba en la consecución de un helicóptero. Ese día no se pudo sobrevolar la zona, debido a las adversas condiciones meteorológicas. Cuando el aparato, por fin, emprende el vuelo, ya son las 7.00 del 29 de abril. Y allí, desde las alturas, únicamente se observa el blanco manto de nieve. Horas después, Tolo fue dado por muerto. El alpinista jaqués relata su sobrecogedor episodio en el Himalaya, donde perdió la vida su amigo Tolo Calafat El montañero se queja enérgicamente de la polémica surgida''' $(html_text)

¡Ups!Para continuar leyendo tienes que registrarte como usuario de Heraldo.es.

Disfrutarás de:

CONTENIDO EXCLUSIVO ONLINE OFERTAS Y PROMOCIONES EXCLUSIVAS ACCESO ILIMITADO A HERALDO.ES
¡Sólo te costará 1 minuto! Regístrate GRATIS
'''La muerte de Tolo Calafat, cuyo cuerpo permanecerá por siempre en el Annapurna, a 7.600 metros de altitud, sigue generando numerosas suspicacias. Por ello, con la intención de zanjar definitivamente la polémica, Carlos Pauner volvió a defenderse ayer de forma firme y decidida. Fue contundente al respecto: "La ignorancia es muy atrevida; pero todo resulta mucho más peligroso cuando las críticas provienen de alguien que, además de ser ignorante, también es tonto. Las acusaciones, realizadas por montañeros de medio pelo, me parecen indignantes", advirtió el alpinista, quien recordó que Tolo "jamás fue abandonado a su suerte". "Precisamente -añadió Pauner- sucedió todo lo contrario: arriesgamos nuestras vidas por él". Y el montañero aragonés comenzó entonces su relato: El ascenso Decidimos atacar la cima el 27 de abril. Partimos a las 2.00 de la mañana. Al contrario de lo que se ha comentado por ahí, no era tarde para iniciar el ascenso. De hecho, contábamos con una ventana de buen tiempo y un parte meteorológico muy favorable. El viento era intenso, enérgico; pero estaba previsto que disminuyese su fuerza con el discurrir de las horas. Es cierto que fue una subida lenta, muy pausada, porque tuvimos que fijar algunos tramos con cuerdas. Sin embargo, todo transcurrió con muchísima tranquilidad. No había prisa. se alcanza la cumbre Hollamos la cima sobre las 4 de la tarde. Habíamos tardado cerca de 14 horas en completar la ascensión. Juanito Oiarzabal y yo alcanzamos la cumbre al mismo tiempo, mientras que Tolo apareció un cuarto de hora más tarde. Parecía cansado, pero no había indicios de que sufriera lesiones. Nos acompañaban dos sherpas, Sonam y Dawa. Todos estábamos muy felices, entusiasmados por la hazaña conseguida. Pero como el viento era implacable, violento, de casi 60 kilómetros por hora, optamos por regresar. Apenas permanecimos 10 minutos en la cumbre. desaparece la cuerda En la bajada, faltaba una cuerda que habíamos colocado nosotros durante la ascensión. Teniendo en cuenta que la coreana Miss Oh descendía justo antes que nosotros, sospechamos que fue su grupo el que retiró aquella cuerda. (Horas más tarde, cuando le reproché a Miss Oh su comportamiento, ella argumentó no saber nada. "Si hemos sido nosotros, todo se ha debido a un error", se justificó la coreana). La ausencia de aquella cuerda nos ralentizó el descenso. Nos costó bajar, pero lo hicimos siempre juntos. Solamente después, cuando llegamos a una zona sin dificultades técnicas, fuimos cada uno a nuestro ritmo. El tiempo empezaba a mejorar. No había razón alguna para preocuparse. tolo se rezaga Durante el descenso posterior, Tolo se fue quedando atrás. Era una bajada relativamente tranquila, sin apenas inconvenientes. Juanito iba delante; yo marchaba inmediatamente después; y Tolo, que siempre estuvo acompañado por el sherpa Sonam, venía algo rezagado aunque sin dificultades aparentes. Luego alcancé a Juanito y, teniendo en cuenta que avanzábamos -ahora sí- hacia una zona comprometida, optamos por aguardar la llegada de Tolo. La intención era reunirnos de nuevo para continuar todos juntos el trayecto. Pero Tolo, dos horas y media después, todavía no nos había alcanzado. rumbo al campo 4 En un primer momento, nos resistimos a bajar sin Tolo. Nuestra primera medida fue enviar a Dawa, quien desandó el camino en su búsqueda. El sherpa, sin embargo, no vio a nadie y regresó. Fue entonces, y solo entonces, cuando emprendimos la marcha hacia el Campo 4. No quedaba otra: ya era de noche, hacía muchísimo frío y sufríamos congelaciones, y estábamos exhaustos, y acumulábamos 21 horas de esforzada actividad... Además, Tolo seguía acompañado por Sonam y todavía teníamos el convencimiento de que nuestro amigo, aunque a paso lento, proseguía su descenso. Con todos esos condicionantes, nosotros decidimos salvar nuestras vidas. noche a la intemperie Al alcanzar el Campo 4, el reloj marcaba las 00.15. Y nos quedamos dormidos. Fue a las 7.00, una vez despiertos, cuando descubrimos que Tolo no había llegado al campamento. Era el 28 de abril y el parte meteorológico pronosticaba nevadas para esa misma tarde. Comenzó entonces nuestra inquietud. El nerviosismo se agigantó aún más con la irrupción en escena de Sonam, sobre todo porque apareció solo. El sherpa, entonces, nos contó que Tolo ya no podía andar, y que por eso había pasado la noche con él, a la intemperie. Estaba a seis horas de distancia. La noticia resultó desgarradora. A 7.600 metros, si una persona no camina está muerta. la negativa de miss oh Decidimos permanecer en el Campo 4. Si entonces hubiéramos bajado hasta el Campo Base, nadie nos lo podría haber recriminado. A mí me sucedió en el Kanchenjunga, donde me quedé solo, abandonado a mi suerte, y jamás me quejé por ello. Pero nosotros seguimos allí, arriesgando nuestras vidas, en un desesperado intento por salvar a nuestro amigo. Fui yo quien habló con Miss Oh, ya que Juanito no sabe inglés. Le pedí que nos reforzara con sus porteadores, pero la coreana se negó, alegando que estaban muy cansados. No se puede obligar a nadie a que arriesgue su vida. dos vías de rescate El primer intento de rescate lo protagonizó Dawa, quien salió al encuentro de Tolo provisto de oxígeno, alimentos y medicinas. Llegó alcanzar los 7.800 metros, en una exigente aventura que se prolongó durante 11 horas. Pero regresó solo. La nieve nocturna lo había dificultado todo. Mientras, desde el Campo Base, Javier Pérez se afanaba en la consecución de un helicóptero. Ese día no se pudo sobrevolar la zona, debido a las adversas condiciones meteorológicas. Cuando el aparato, por fin, emprende el vuelo, ya son las 7.00 del 29 de abril. Y allí, desde las alturas, únicamente se observa el blanco manto de nieve. Horas después, Tolo fue dado por muerto. El alpinista jaqués relata su sobrecogedor episodio en el Himalaya, donde perdió la vida su amigo Tolo Calafat El montañero se queja enérgicamente de la polémica surgida''' $(html_text)
  


  • así no vale07/05/10 00:00
    ¿Cuando piensa volver Pauner al Annapurna para hacer la montaña DE VERDAD? Hacer el descenso desde el campo 4 al campo base en helicóptero, cuando sus sherpas lo hicieron por sus propios medios y acarreando el material, invalida su actuación en esa montaña si quiere realmente contabilizarla para su provechosa colección particular de los catorce ochomiles.
  • Mario07/05/10 00:00
    Ha sido una tragedia lo de Tolo. Pero me parece injusto que recriminen las aciones de Oiarzabal y Pauner. En un 8 mil si no andas mueres y a 7 seiscientos dar un paso es un infierno con saturaciones por debajo de 70%. Pienso que la impotencia de saber que no habia solucion hicieron a Juan perder un poco los papeles pero de impotencia por su amigo y compañero de expedicion. Descanse en paz Tolo Calafat que fallecio haciendo lo que le gustaba y en uno de los 8 miles mas dificiles.
  • Miliet07/05/10 00:00
    Para "así no vale": ¿Cuántos ocho miles has hecho tú? Yo, ninguno. Criticar es muy fácil. Ascender la montaña la ascendieron y si no bajaron fue por esperar a su compañero.
  • Javier07/05/10 00:00
    Por la boca muere el pez: "La ignorancia es muy atrevida; pero todo resulta mucho más peligroso cuando las críticas provienen de alguien que, además de ser ignorante, también es tonto. Las acusaciones, realizadas por montañeros de medio pelo, me parecen indignantes", advirtió el alpinista, quien recordó que Tolo "jamás fue abandonado a su suerte". No juzgo lo que pasó allí arriba, pero Carlos, lo mismo que Juanito, con sus declaraciones están echando más leña al fuego. Desde el momento en el q uno es personaje público, cualquiera que sea su actividad, está expuesto a que no siempre sean todo loas y alabanzas. No creo que defenderse soltando improperios como "montañeros de mediopelo" o calificando a personas de tontos, en un medio público sea lo más idóneo. Un poco de humildad.
  • Bravo por ellos07/05/10 00:00
    Estaría bien que no se publicaran comentarios difamatorios de gente ignorante y envidiosa, lo digo por el "así no vale", pero me voy a molestar en explicárselo, que aprenda solito. Bravo por Pauner y Juanito que arriesgaron sus vidas hasta el límite para intentar salvar a Tolo y mucho çanimo a la familia.
  • Juan07/05/10 00:00
    Yo creo que el relato de Carlos es claro y conciso, y deja bien claro que no se pudo hacer más de lo que se hizo, y que se hizo mucho más de lo que la obligación y el compañerismo obligan a hacer. En este país España, y en esta región Aragón gusta mucho desprestigiar a los nuestros, tener la boca bien grande hablando de lo que no se conoce y opinar de todo; la ignorancia es muy atrevida. A ver si se zanja ya la dichosa polémica, creada por personas que piensan que ir al Annapurna es como ir a un campamento de boy-scouts, o como subir al Aneto, al Mont Blanc o al Toubkal. Es ridículo del todo. Enhorabuena a Carlos y a Juanito, a quien siempre he admirado y respetado especialmente. Descanse en paz Tolo, aventurero y valiente montañero.
  • es mi dinero07/05/10 00:00
    Las actividades que hace Pauner en el Himalaya tienen un interés alpinístico nulo. La referencia hoy en día está en lo que hacen los eslovenos, los kazajos, gente a la vanguardia del alpinismo. Apertura de nuevas rutas a ochomiles, ascensiones a picos en el Himalaya que no han sido escalados nunca (aunque no sean ochomiles). Lo que hacen gente como Pauner y Oiarzabal es montañismo de mitad del siglo pasado. Tiene su mérito, qué duda cabe, pero el interés de sus ascensiones es básicamente para ellos. No aportan nada nuevo. Es una pena que reciban dinero público para unas actividades tan anticuadas. Si en Francia o Inglaterra les dieran dinero público a alpinistas para repetir ascensiones en el Himalaya que ya se hacían en los años cincuenta, los contribuyentes correrían a gorrazos a los políticos que dilapidasen así caudales públicos. En Aragón somos de otra manera.
  • Tan caro07/05/10 00:00
    Resulta evidente que Pauner ha decidido ser el Juanito Oiarzabal aragonés. Qué pena.
  • Vt07/05/10 00:00
    Está claro que los verdaderos héroes fueron los dos sherpas. Aún reconociendo la evidencia de que es muy fácil hablar desde el calor del sofa de casa y que la mayoría de los mortales no sabemos lo que es estar a 7.000 mts., lo cierto es que creo que en esta ocasión se pudo hacer algo más, o haber planteado la ascensión y el descenso de otra forma. Si me dices Tolo se rompió una pierna en un rapel o se vio afectado por un edema, puedo entender la suerte que corrió más fácilmente; pero no fue así...Tolo se quedó y, salvo los sherpas, los compañeros bajaron. Una interesante visión se puede leer en http://valeryt.wordpress.com/
  • Javier07/05/10 00:00
    a "es tu dinero". Por lo que veo tu categoría debe de se la de Professor/Doctor en Alpinismo. Ya dirás en por qué "Universidad" de más de 8.000 mtros has logrado ese título y con en qué "Proyectos" has trabajado, "Professor". Por otro lado, mi reconocimiento a Carlos Pauner


Pie
Enlaces recomendados

© HERALDO DE ARAGON EDITORA, S.L.U.
Teléfono 976 765 000 / - Pº. Independencia, 29, 50001 Zaragoza - CIF: B-99078099 - CIF: B99288763 - Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza al Tomo 3796, Libro 0, Folio 177, Sección 8, Hoja Z-50564
Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Grupo Henneo