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Deportes

Bikinis, 'hiyabs', faldas o pantalones... la polémica siempre ha estado servida

El mundo del deporte se ha visto implicado en numerosas luchas por el vestuario reglamentario para las mujeres.

Flor Medina Actualizada 18/08/2016 a las 23:49
Moda o imposición en el deporte

Los juegos Olímpicos de Río han dado mucho de qué hablar más allá de lo puramente deportivo. Una de estas polémicas la protagonizó Doaa Elghobashy. La deportista egipcia avivó reacciones con su uniforme compuesto de unas mallas deportivas largas, camisa deportiva de mangas largas y...un 'hiyab'. Esta última prenda, que portó a diferencia de algunas de sus compañeras de equipo, fue la que aseguró el debate sobre el contraste entre países, religiones y políticas.

Mientras que unos veían la magia del deporte para unir culturas en las olimpiadas, otros se enfocaron en la opresión de la mujer por llevar demasiada ropa o demasiado poca.

Según una entrevista a Elghobashy publicada en el diario egipcio ‘Al Watan’, la deportista se lamentó tanto de los que cuestionan su libertad como de los que critican su posible falta de decoro. "Si hubiera jugado con bikini, se habrían extrañado (...) y me habrían llamado inmoral. Y si jugamos con velo, nos critican", señaló.


También mencionó a la campeona del mundo de Squash, Nour el Sherbini, criticada duramente por usar pantalones cortos. "Pese a que yo haya jugado con el 'hiyab', no me han dejado tranquila", indicó. Y agregó que lo importante es la opinión de su "familia y amigas cercanas". Reiteró además que su atuendo “es muy cómodo, nos ayuda a jugar mejor”.


Elghobashy no es la primera, otro ejemplo de competidoras con el identificativo islámico es Ibtihaj Muhammad, graduada en relaciones internacionales y estudios afroamericanos. La novedad es que esta esgrimista es la primera estadounidense en asistir a los Juegos Olímpicos con velo. En varias ocasiones ha defendido que su decisión forma parte de su identidad como musulmana y no debe impedir alcanzar sus metas.


En otro frente, la suiza Anouk Verge-Depre contestó a quienes ven en su bikini una obligación machista de los patrocinadores y medios. "Nos ponemos lo que nos gusta", dijo.

Cuando le preguntaron por qué no se aplica el mismo código a los hombres, Verge-Depre reconoció que le gustaría verlos jugar sin camisa. Angelo Squeo, director de la Federación Internacional de Voleibol Playa, apuntó que los promotores necesitan la ropa de los deportistas masculinos para exponer sus logos ya que con las chicas tienen muy poco espacio.

Reglas y disputas

Fue la voleibolista de origen luxemburgés Denise Johns la primera en poner el foco en el posible uso sexista del uniforme reglamentario impuesto por la Federación Internacional de Voleibol (FIBVB). Con motivo de los Juegos de Sydney 1999, se obligó a las jugadoras el bikini (cuya parte inferior debía tener una anchura máxima de seis centímetros en la cadera). Antes, los deportistas podían elegir entre shorts o un bañador, aunque algunas prefirieran el traje de baño de dos piezas.

Cinco años después, un estudio sobre el enfoque de la cámara en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 concluyó que el vestuario de los jugadores tiene mayor impacto en los espectadores que sus destrezas deportivas. El informe detalló que el  20% de los ángulos emitidos en los partidos de voleibol playa eran de los pechos y el 17% presentaban la zona de los glúteos.

Pese a las voces críticas, son muchas las que defienden el bikini. Una de ellas es la campeona olímpica Natalia Cook. En 2012 aseguró a Reuters que "el cuerpo femenino es una obra maestra. A todos les gusta mirarlo, especialmente en dinámica, en el deporte atlético”. Otra en posicionarse fue la medallista Walsh Jennings tras afirmar en el 'Huffington Post' que en temperaturas de 40 grados, menos ropa es mejor. “tenemos que educar mejor al público, hacerles ver que estamos trabajando muy duro y que no estamos ahí por nuestro sex appeal”.

Para los Juegos de Londres 2012, la norma se flexibilizó por "cuestiones culturales y religiosas".
 

Balonmano en braguita

Voleibol playa no es la única disciplina en la que se juega en bikini, en 2014 la Federación Europea lo convirtió en el vestuario reglamentario. Tradicionalmente las jugadoras lucían pantalones cortos y camiseta. Ese mismo año, 21 de los 22 equipos femeninos que participaron en un torneo en Suances (Cantabria) fueron amonestadas por desobedecer el código.

Pronto el tema pasó al escenario mediático y se realizaron reuniones entre el Consejo Superior de Deportes y la Federación Europea para encontrar una alternativa. En twitter, con el hastag #Ponteeltoptu el disgusto de las españolas se hizo más notorio. Incluso la Federación de Balonmano vasca se planteó abandonar la disciplina.

Gracias a la intervención del Consejo Superior de Deportes (CSD) se anuló la prohibición en los campeonatos nacionales.

Otra en revelarse contra lo establecido fue  una de las mejores baloncestistas del mundo, la californiana Diana Taurasi. En 2012  tuvo que pagar varias multas de 500 euros triplicada por cada partido jugado sin el conjunto aprobado por la Federación Internacional de Basquetbol (FIBA): camisetas sin mangas y pantalones “que siguen los contornos corporales” con un máximo de dos centímetros entre la tela y la piel y un mínimo 10 centímetros por encima de la rodilla. Básicamente más ajustado. Uniforme que para el secretario general de la Federación, Patrick Baumann, mantenía la feminidad. "Ellas son increíbles atletas, pero también son hermosas y no hay razón para no mostrarlo”.

Taurasi, con su fuerte personalidad, siempre se defendió: "Si quieren cosas sexis, que se vayan al Playboy.

Entre faldas y pantalones

Una de las riñas más sonadas por cuestiones de vestuario en el deporte ocurrió cuando la Federación Mundial de Badminton (BWF) obligó el uso de la falda  a partir del 1 de mayo de 2011 porque, según los responsables, pretendían “asegurar una atractiva presentación" de los equipos femeninos.

Saina Nehwal o Jwala Gutta, exitosas jugadoras de esta actividad, mostraron su conformidad. Sin embargo, y a pesar de que se permitía que aquellas que lo desearan llevaran pantalón -siempre que sea debajo de la falda- algunas deportistas como la indonesia Lilyana Natsir denunció que se sentía obstaculizada en sus movimientos.

Algo similar les ocurrió el pasado junio a las tenistas Laura Robson, Rebeca Peterson o Serena Williams en el famoso y exclusivo torneo de Wimbledon, conocido por prohibir cualquier color menos el blanco. El desacuerdo se produjo por el diseño creado para ellas de la marca Nike, un vestido vaporoso blanco, que en movimiento se levanta por encima de la cintura, según algunas. Pocos días después, la marca tuvo que alargar el vestido para la comodidad de las jugadoras.

Las boxeadoras tampoco pudieron esquivar el tema. Por increíble que parezca- teniendo en cuenta lo que implica esta disciplina- la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) ofreció a las luchadoras llevar falda para, nada más y nada menos que “distinguirlas de los hombres”. Contra esto retumbó la voz de la campeona olímpica irlandesa Katie Taylor al calificar de “lamentable” y “vergonzosa” la idea.

Deporte, marketing, y ¿sexismo?
 

Muchos cambios de vestuario han sido justificados por la intención de dar un toque "glamuroso" al deporte y generar más público. Esto fue lo que motivó al entrenador del equipo femenino de balonmano francés Metz. Thierry Weizman cambió en 2013 el pantalón tradicional por una minifalda.

La idea tuvo buena acogida, pero el debate estuvo abierto durante largos meses. Leah Terzi, jugadora del Dijon declaró que la medida era sexista y degradante, “en un partido no estamos por ser sexys o guapas. Estamos para ganar”.

Aunque son las Federaciones internacionales las que deciden el código de vestuario, los comités olímpicos nacionales rechazan o no las pautas, según sus consideraciones.







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