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Espeleología

Una luz en la oscuridad

El exitoso rescate del español Cecilio López-Tercero, que permaneció doce días atrapado bajo tierra en una cueva peruana, ha situado el foco de la actualidad en la espeleología, una práctica científica y deportiva en la que Aragón cuenta con grandes especialistas

A. Cortés 15/10/2014 a las 06:00
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Interior de la cueva de Chururco, en Leymebamba, selva de Perú, con restos preincaicos.efe

Para un espeleólogo, el sueño es explorar nuevos paisajes. La curiosidad de conocer el interior de la Tierra. Lo que le mueve tiene un punto de misterio. "Es algo que te llama desde pequeño. La sensación de pisar un terreno donde nunca nadie ha estado antes y que poca gente lo hará después", asegura el zaragozano Fernando Caro. Es lo que le enganchó hace dos décadas a esta disciplina deportiva y científica, que requiere de un temple especial para sumergirse en el mundo subterráneo. Y enamoró a su amigo Cecilio López-Tercero, apasionado de las cavidades del área amazónica del Perú que recorre desde 2008. Ceci, como le conoce la gran familia que forman los espeleólogos, viajó en verano de nuevo a Perú para descubrir la caverna Intimachay (‘cueva del sol’), ubicada en la zona conocida como Lugar Tranquilo. Una expedición en la que figuraba Fernando Caro, pero el cambio de fechas –junio a septiembre– le dejó en Zaragoza. El pasado día 18, cuando Ceci iniciaba después de semanas de trabajo el camino de regreso –2,5 kilómetros– a 400 metros de profundidad, se desplomó una roca que impactó en el madrileño y le hizo caer de espaldas desde una altura de cuatro metros. 

Seis días más tarde, Fernando Caro, junto con otros cuatro especialistas aragoneses –José María Ponz, Sergio Monge, Jorge Burguete y José Ignacio Ansó–, cogía un avión rumbo al país sudamericano para auxiliar a su colega. Los cinco profesionales, miembros del Centro de Espeleología de Aragón (CEA), formaron parte de un grupo de 58 espeleosocorristas españoles que participaron en su rescate. "La espeleología es mágica, incluso posee un punto romántico por el componente de aventura al que se vincula. Y no está ausente de riesgo, aunque se acota lo máximo posible. Existe, pero se aminora con conocimiento, experiencia y buenos materiales. Como sucedió con Cecilio. Aguantó tanto porque sabía el proceso por el que iba a pasar, y que sufriría", señala el presidente de la Federación Aragonesa de Espeleología (FAE), José Francisco Royo.

Cecilio López pasó doce días atrapado bajo tierra, en la oscuridad. A nueve grados de temperatura y 100% de humedad, envuelto en barro y gravemente lesionado –con vértebras rotas en la espalda, pero sin lesión medular–, aún tuvo ánimo para escribir una carta para tranquilizar a sus familiares, dar gracias a todos los que colaboraron en el rescate, y pedir "perdón por haber ocasionado todo este jaleo". "Los espeleólogos nos definimos como gente tranquila, que nos gusta la oscuridad y la serenidad. No nos va el revuelo mediático, pero lo ocurrido en Perú viene bien para dar a conocer los que hacemos y la importancia de la preparación para su práctica", resalta José María Ponz, presidente del CEA, club de referencia en la Comunidad y en España. 

La Territorial aragonesa puede presumir de ser una de las federaciones pioneras en espeleosocorrismo gracias al servicio de Espeleo Socorro Aragonés (ESA), cuyo fin primordial consiste en auxiliar a todas las personas que sufren algún percance durante la práctica de la espeleología y el descenso de barrancos. "Tenemos en Aragón un potencial de ‘agujeros’; hemos hecho exploraciones importantes en el Pirineo y fuera del país, y a través de la Escuela Aragonesa de Espeleología damos cursos de divulgación", recalca José Francisco Royo. Especialmente reconocidas son sus prácticas de simulacro de socorro en cavidad de alta montaña, como la celebrada hace quince días en la Grallera del Turbón (Sima T-1) –a 455 metros de profundidad–, localizada en la Sierra de Tendeñera, en el término de Torla, y que reunió a profesionales del Greim, Guardia Civil, Bomberos de Zaragoza, UME y especialistas del resto de comunidades. "En la actualidad somos punteros a nivel nacional e internacional en espeleosocorrismo.En Perú coincidimos con muchos compañeros de prácticas. Cuando nos vieron llegar a los cinco jefes de equipo, que somos los encargados de llevar a grupos de personas en la cueva, se les cambió la cara. ‘Ya están los maños aquí’, dijeron. Te llega al corazón", evoca Ponz.

La espeleología tiene una parte deportiva, pero no deja de tener sus orígenes en una ciencia que estudia la morfología de las cavidades naturales del subsuelo y que implica a otras. "Por ignorancia nos tachan de locos, pero no lo hacemos en vano. Aportamos un servicio a la sociedad científica: la formación y las características de las cavidades interesan a los geógrafos y geólogos; los cursos subterráneos de agua a los hidrólogos; la fauna a los zoólogos; los fósiles de animales a los paleontólogos...", detalla Fernando Caro. Cecilio López se encontraba en Intimachay dando apoyo técnico a autoridades peruanas, paleontólogos y arqueólogos de la Universidad de Lima para acceder a restos de la cultura Chachapoya, preincaica. "En el rescate encontramos restos humanos y señales de enterramientos rituales infantiles que precintamos. En Perú no pueden hacer nada, no tienen dinero ni experiencia, y te lo dan todo", afirma Caro.

En un medio tan hostil, los protagonistas se mueven con naturalidad. Encuentran la satisfacción por descubrir los límites, como el récord del mundo de exploración de un cañón en profundidad que lograron en mayo de 2013 al descender el Rumchet Khola en el Manaslu –2.450 metros de desnivel y 11 kilómetros de cañón–. Y la íntima motivación por adentrarse en un medio tan hostil. "Hay mucho amor y respeto al medio subterráneo", concluye José Francisco Royo.








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