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LA RECOMENDACIÓN

Los libros aragoneses del 2011

Repaso a algunos autores y títulos de narrativa, poesía, ensayo, historia y memorias del año que concluye.

ANTÓN CASTRO Actualizada 30/12/2011 a las 22:28
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El día de mañanaHA

El año que finaliza ha sido bueno para las Letras Aragonesas. Ignacio Martínez de Pisón ha sido probablemente el autor más destacado por varios motivos: porque ha sido elegido Premio de las Letras Aragonesas y porque su novela ‘El día de mañana’ (Seix Barral) ha sido una de las mejores novelas del país. En todas las votaciones ha estado entre las cinco primeras, junto a libros como ‘Yo confieso’ de Jaume Cabré o ‘Los enamoramientos’ de Javier Marías. Se trata de una novela coral, compuesta a partir de doce voces y doce personajes que retratan a un pícaro, a un miserable y a un delator de la policía en la Barcelona de los años 60 y 70. Pisón cuenta una vida y una época a través de una novela-puzle en la que asoma la documentación histórica, el retrato psicológico y el sentido del humor.

Otra novela de notable calidad es ‘El ciclista de Chernóbil’ (DVD) de Javier Sebastián: aborda una historia muy especial, tan surrealista como dolorosa, en la que interviene la mentira, la ciencia y el destino de un hombre incomprendido y luego perseguido. Decía Javier Sebastián a HERALDO: “Un día supe que a tres kilómetros de Chernóbil había una ciudad vacía, Pripyat. Allí vivían casi 50.000 personas, lo dejaron todo creyendo que iban a volver muy pronto. Allí quedaron sus ropas, sus fotografías, las mesas preparadas para la cena. Pero no pudieron volver. La novela parte de la imagen de esa Pripyat evacuada, y de la de un anciano al que vi cómo abandonaban en un restaurante de París. Tenía que unir las dos cosas: una ciudad vacía y un hombre al que dejan solo”. ‘El ciclista de Chernóbil’ ha recibido espléndidas críticas y ha sido contratada para ser traducidas en varios países europeos.

Cristina Fallarás ha ganado el premio de Novela ‘Ciudad de Barbastro’ con una novela que cuenta una historia de amor obsesivo y el relato de un acoso que se prolonga durante nueve meses al menos. ‘Últimos días en el Puesto del Este’ (DVD) es una novela alegórica e inquietante sobre el hambre, la miseria, la maternidad y el sexo de una manera perturbadora. A veces la novela parece un guión, otras veces un cuento de miedo o un cuento del mar, de los fareros, de las apariciones y de las tinieblas a la manera de Joseph Conrad. José Domingo Dueñas ha sido el editor de los 55 piezas, 15 inéditas, que integran los ‘Cuentos completos’ (Prensas Universitarias) de Ramón Gil Novales: un autor, distinguido también con el Premio de las Letras Aragonesas, que maneja diversos registros y que se mueve en una narrativa con claros influjos de Sender, de Faulkner y de Julio Cortázar. Joaquín Berges publicaba en mayo, en clave cómica y satírica, su novela ‘Vive como puedas’ (Tusquets); Félix Teira la novela de denuncia ‘la ciega.com’ (Funambulista) y Giménez Corbatón prolongaba sus espacios míticos con ‘Voces al alba’ (Prames).

El 2011 ha sido un año de poesía. De buenos poemarios. Parece claro que el gran libro ha sido ‘Espectral’ (Olifante) de Ángel Guinda, que ha nacido de una obsesión, de un dictado interior, de un exorcismo de lenguaje, de vida, de amor y muerte. Guinda escribe de todo: de sí mismo, de sus sueños, de lo que le rodea, y lo hace de un modo incontenible, con un pulso surrealista y una imaginación deslumbrante. Tras algunos años de silencio, Gabriel Sopeña publicó ‘Máquina fósil’, una lírica que mezcla lo vivencial y lo culturalista, los recuerdos y las lecturas, los amores reales e imaginarios. Olga Bernad se ha confirmado en ‘Nostalgia armada’ (Isla de Siltolá) como una voz original, clásica y moderna a la vez, que aborda los temas esenciales (el amor, la memoria, la muerte, el presagio, el dolor, la pérdida) con hermosas y felices metáforas. Rosendo Tello publicó ‘El regreso a la fuente’ (Prames), que el poeta define como “una travesía personal, interior y exterior, desde la tiniebla hacia la luz. La fuente del título es la vida auténtica”. El 2011 ha sido el año de otros poemarios como ‘La noche 351’ (Hiperión) de Ángel Petisme, un cuaderno de viaje tras el impacto de la guerra y un homenaje personal a ‘Las mil y una noches’, o ‘Vidrio y alambre’ (Eclipsados) de José Luis Rodríguez, un texto de amor y dolor, de desgarro y memoria, que parece escrito con “la hermosa fragilidad de la melancolía”. Poesía y prosa mezcla ‘Una pequeña historia de amor’ (Isla de Siltolá) de Julio José Ordovás: probablemente el texto más complejo y rico de un escritor cada vez más libre e intenso.

Hay al menos otros cuatro libros fundamentales: ‘La flecha en el aire’ (Debate) de Ismael Grasa, un ensayo con estructura de diario o de novela que aborda lo que pasa en una clase de filosofía y que constituye una lección dialéctica sobre la libertad, el pensamiento y el aprendizaje de la democracia desde la sensatez y la huida de los tópicos. ‘Europa contra Europa’ (Crítica) de Julián Casanova es una odisea en el tiempo y en la historia por los grandes conflictos que ha vivido Europa: la I Guerra Mundial, la revolución bolchevique, la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. Es un libro que interpretación y de síntesis, que incorpora algunos valiosos retratos de personajes como Lenin, Hitler, Stalin, Franco o Mussolini. Juan Carlos Ara publicaba las ‘Memorias’ (PUZ: Col. Larumbe) de Joaquín Costa, el autorretrato casi cruel de un hombre que se sintió un fracasado en todos los aspectos: la vida cotidiana, el amor, la política o la enseñanza. Casi por último, y nos quedan en el tintero muchos títulos de mérito, el costista Eloy Fernández Clemente publicó el primer tomo de sus memorias: ‘El recuerdo que somos, 1942-1972)’ (Rolde), que se cierra con la fundación de ‘Andalán’, tras el paso por Teruel. Un libro con muchos nombres y episodios, y con esa generosidad de un hombre que estuvo en casi todos los acontecimientos del Aragón de posguerra y de la Transición.

Pecaríamos de injustos si no reparásemos en dos títulos más de José Antonio Labordeta: ‘Setenta y cinco veces uno’ (Eclipsados), la edición en dos volúmenes de su poesía completa, analizada por Antonio Pérez Lasheras, y el rescate de su libro póstumo ‘Mercado Central’ (Xordica. Ilustraciones de Luis Grañena), retratos y cuentos de maestros, de compañeros de generación y de amigos jóvenes. Un libro que participa de la ficción con los rasgos peculiares del cantautor: el humor y la sátira, el disparate, el surrealismo baturro y un incuestionable sentido de la ternura y la amistad.







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