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LA RECOMENDACIÓN

Historias con corazón para gente menuda

Una selección de libros infantiles y juveniles de autores e ilustradores aragoneses editados en vísperas de Navidad.

ANTÓN CASTRO. ZARAGOZA Actualizada 23/12/2011 a las 18:51
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El Forano

Siempre es tiempo de buena literatura infantil y juvenil, y ahora, en vísperas de Navidad, mucho más. En las últimas semanas un puñado de autores aragoneses, que residen aquí o fuera, como Javier Sáez Castán, han entregado algunos libros deliciosos, de esos que apetece leer, releer, ver y tener bien a mano. Una de las sorpresas del año es ‘Taro el pescador’ (APILA), escrito y dibujado por Leticia Martínez Pérez: la historia fantástica del joven Taro era un proyecto de fin de curso y resulta un cuento inolvidable, en español y japonés, que propone un viaje al fondo del mar y una historia de amor. Las ilustraciones, limpias y de colorido amable y oriental, cautivan. Y cautivan también las ilustraciones “de cine” de David Guirao para ‘Moscogonía de las estrellas’ (Comanegra), un libro en 3D que ha escrito Isabel Soria. Si ella intenta explicar por la vía poética las constelaciones, Guirao opta por el arte grecolatino, el bestiario medieval y por los escenarios suntuosos y celestes para hacer un hermoso libro panorámico. Pedro Estrada y Raquel de la Morena firman otro libro en 3D: 'Peliculibros. Montruos en acción' (Hidra), con ilustraciones de Ernest Sala, la historia de cinco jóvenes que se enfrentan a algunos criaturas del cine: dinosaurios, plantas carnívoras, hombres lobos, tiburones...

Michel Suñén e Ignacio Ochoa
habían publicado en 2010 la historia de ‘El Morico’, y ahora publican ‘El Forano. La historia jamás contada’ (Delsan), la desgraciada vida de un joven, golpeado por su tío, que remonta el vuelo tras sucesivas incomprensiones y que acabará casándose, cómo no, el día del Pilar. Ochoa realiza una obra visual muy sugerente, con magníficas panorámicas de Zaragoza. En esa línea, de trazo expresionista, podría inscribirse la historia de ‘El apestamelgas’ (APILA) de Mar Pavón y Ernesto Navarro, que abordan el relato de un monstruo cotidiano que “va de sueño en sueño y asusta y apesta la mar de risueño...” Otro de los cuentos para los más pequeños, en categoría de álbumes, es ‘Feliz Lobonavidad’ (Tándem) de Jesús Aznar y Blanca BK. Cuenta la verdadera historia de los tres lobos de ‘Caperucita roja’, ‘Los siete cabritillos’ y ‘Los tres cerditos’: ellos, megáfono en la boca, anuncian que nada fue como se dice. La modernidad entra en la ficción con un impresionante ventilador de origen alemán.

Otro álbum realmente poético y sutil, en blanco y negro, es ‘Amor entre sombras’ (Latas de cartón) de José Orna y Sandra Illana: en realidad, se trata de una bella elipsis de la pasión a través de la sombra que proyectan dos jóvenes y que al fin parecen encontrarse: “A los pocos días, nuestras sombras quedaron por primera vez”. El mismo sello aragonés publica un cuento como ‘El hombre del saco tiene miedo a la oscuridad’: Laura Pastor, escritora e ilustradora, le da una vuelta de tuerca al tema con imaginación y un extravío final muy logrado. Andrés Chueca ha iniciado una trilogía alrededor de la historia y del viaje en el tiempo con ‘Mateo Quetevedeo’ (Langenscheidt), y parte con su inquieto protagonista del Museo de Bellas Artes de Zaragoza.

A ‘Mi vecino de abajo’ (SM. Premio Barco de Vapor), la vida extraordinaria del islandés Sr. Peltoonen, Daniel Nesquens ha sumado ‘Este soy yo’ (EGN), ilustrado por Jesús Sotés. Cuenta la vida de un joven, Alejandro, diez años, que tiene hermana y una imaginación especial, y que tiene un vecino de arriba muy pesado con voz de domador de leones. ‘Prou, Prou Luen... Cuentos en aragonés ta un esdevenider sostenible’ (Ara / Gobierno de Aragón) de Tamara Marzo y Carlos García, con ilustraciones de Chusé L. Bolea, es un libro de animales y de paisajes, cuentos que se suspenden en el humor, en la tradición y en el cariño al territorio. El libro, muy trabajado, lleva un cedé con los cuentos grabados por muchas voces y música de la Orquestina del Fabirol. Dentro de este ámbito de cuentos clásicos, habría que recomendar ‘Cuentos y leyendas’ (Larumbe chicos) de Ramón J. Sender, ilustrado por Fernando Alvira Banzo y preparado por José Domingo Dueñas, de historias pirenaicas y populares, y ‘El cuentacuentos aragonés para leer a los niños’ (Delsan) de Juan Domínguez Lasierra, una antología de las letras aragonesas para los más jóvenes. Pepe Serrano publica 'Cocina rápida para tortugas 2' (Nalvay), la segunda parte de un libro lleno de ingenio, humor, ternura y gastronomía.

Es y no es un álbum, es y no es un libro para niños, ‘Nada el pensamiento’ (Edelvives) de Helena Santolaya y Antonia Santolaya. No son familia: se conocieron y se pusieron a trabajar en un texto que es un juego, una reflexión sobre el lenguaje, una visión filosófica de la vida, un canto a la imaginación y una exaltación de la libertad. Antonia Santolaya ha realizado un ejercicio pictórico estimulante, que evoca a Picasso, a Leger y a un mundo con alas. En dirección semejante podemos encontrar ‘Despedida de Tristeza’ (Lóguez) de Jorge Gonzalvo y Cecilia Varela: casi un poema ilustrado en torno a algo tan inconcreto como la tristeza. ‘Los sueños de Helena’ (Libros del Zorro Rojo) es un estupendo libro del uruguayo Eduardo Galeano, que oyó los cuentos de su esposa y les dio forma literaria, e Isidro Ferrer, un artista total que posee la facultad de transformar cuanto toca.

Esta virtud también la posee el oscense Javier Sáez Castán, que vuelve a firmar un libro deslumbrante: ‘Nada pura 100%. Una odisea científica del profesor Campbell’ (Anaya), donde juega con los animales (especialmente con un cerdito que quiere ayudante del profesor del título), con la ciencia, con la fantasía y con una visión de la literatura que tiene un ancla en Lewis Carroll y C. S. Lewis, y otra en los bestiarios, en el juego de espejos y, aunque dé algo de miedo decirlo, en la filosofía. La Nada todo lo engulle, incluso un circo. Cerramos esta lista incompleta con ‘En el país de las hadas’ (Cydonia) de Anne Grosv, seudónimo de una joven escritora aragonesa, y ‘Cielo rojo’ (SM) de David Lozano: una historia vinculada con Chernóbil, con la aparición de varios cadáveres en el bosque y con el reencuentro de una pareja que vivió momentos muy hermosos en el pasado. El libro tiene mucho de intriga y de elogio del periodismo.







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