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Premios Goya 2012

Bruhl, el héroe quedo

Es el más joven de los nominados y, como todos saben que es un tipo sensato y racional, tiene claro que no cuenta con muchas posibilidades de llevarse el codiciado premio.

José Manuel Cuéllar. Madrid Actualizada 15/02/2012 a las 11:41
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Daniel Brühl, en 'Malditos bastardos', de Tarantino.FRANçOIS DUHAMEL

Es el más joven de los nominados y, como todos saben que es un tipo sensato y racional, tiene claro que no cuenta con muchas posibilidades de llevarse el Goya estando Coronado de por medio, favorito indiscutible e indiscutido. Pero a Daniel Bruhl (Barcelona, 33 años) le importa poco. Desde los diez años, que comenzó haciendo teatro; pasando por los 15, en los que comenzó en el cine; y hasta ahora, su vida artística ha sido un torbellino en el que no ha podido, ni querido, parar.

Bruhl es hijo de un director documentalista alemán que se casó con una barcelonesa. De la unión salió Daniel, que pronto se decantó por lo que tocaba: ser actor. Un intérprete de método, pocas algarabías, mucha seguridad y firmeza en el rodar. No hace aspavientos, no monta escándalos y se cubre con un manto de serenidad y silencio. Amigo de sus amigos, algo callado pero internamente entrañable, Daniel creció a caballo de dos países y, sobre todo, a caballo de dos culturas: Alemania y España. Nació en Barcelona pero a las pocas semanas su familia se trasladó a Colonia, donde Daniel se formó en todos los sentidos. No olvidó España pues todos los veranos la familia veraneaba en España.

De una familia con muy sólida cultura, Bruhl creció a imagen y semejanza: habla alemán, español, inglés, francés e italiano, a diversos niveles, pero los tres primeros a la perfección. Eso le ha dado posibilidades de trabajar en todos los países, en todos los ámbitos y con multitud de directores.

Desde 'Goodbye Lenin'

Lo cierto es que fue reconocible en el primer papel que le lanzó a la fama “Goodbye Lenin”, un existoso drama sobre un hijo que le oculta a su madre el derribo del muro alemán, y nunca más. Desde ese momento, su carrera ha sido un continuo traje camaleónico donde es difícil identificarle. Se mueve por la pantalla de forma sigilosa, con mirada algo opaca, casi distante, pero siempre con cierto aire familiar. Es el clásico actor que le ves, caracterizado o no, y le lejanía hace que te cueste quitarle el disfraz. Así, entre secundarios y principales, casi siempre oculto, pasó por “El ultimátum de Bourne”, “Salvador”, “Malditos bastardos” o “Eva”, película esta última que le ha llevado por segunda vez a la ceremonia de los Goya (la primera fue “Salvador”, filme para el que aprendió catalán en su representación de Salvador Puig Antich.

Cuenta que se emborrachó con Tarantino poco antes de rodar “Malditos bastardos”: “Quentin me invitó a cenar y nos emborrachamos muchísimo de vino blanco. Yo pensé que con eso ya tenía el papel, pero cuando acabó la cena me dijo que el castin era la mañana siguiente”. Más allá de los papeles, que encarna con una sobria regularidad y envidiable firmeza, Bruhl es un tipo muy concienciado con los problemas de su tiempo. Preocupado por los problemas que atenaza en la actualidad a los jóvenes, se involucra mucho en todo tipo de proyectos que puedan mejorar el planeta como tal . Es muy concienzudo en su trabajo y tiene una virtud esencial: le cae bien a todo el mundo, quizás por su enorme carisma o porque es afable, educado, correcto y cercano: un héroe quedo.







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