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carlos gonzález sanz

"Aragón aprecia a los contadores de chascarrillos y chistes"

Experto en literatura oral, acaba de publicar, en dos volúmenes, 'De la chaminera al tejao. Antología de cuentos populares'.

ANTÓN CASTRO Actualizada 01/01/2011 a las 23:42
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Carlos González Sanz, escritor y profesor.

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¿De dónde le viene la pasión por el cuento, que parece remontarse a más de dos décadas atrás?

Principalmente, de mi abuela materna, que llenó mi infancia de cuentos, leyendas, romances, cantares... De ella aprendí el amor y la experiencia que podemos transmitir contando cuentos. Desde otro punto de vista, si he acabado dedicándome a la recopilación y al estudio del cuento, sin duda, es gracias a las enseñanzas del profesor de la Universidad de Zaragoza Juan Manuel Cacho Blecua así como a los amigos y colegas folcloristas que he conocido a lo largo de estos años. Es una pasión que no ha dejado nunca de crecer.

¿Qué debemos entender por cuentos folclóricos?

Esta pregunta es muy oportuna ya que, comúnmente, las recopilaciones de relatos populares suelen meter en el mismo saco cuentos, leyendas y hasta relatos que podríamos calificar simplemente como 'historia oral', lo que genera una gran confusión. Considero -y sigo en esto a la mayoría de los expertos en la materia- que, dentro del folclore, los cuentos son los relatos ficticios que sirven, en general, como señala Josep M. Pujol, para reconciliar al niño o al adolescente, merced a la identificación con el protagonista, con el mundo que los rodea y con los enigmas y los inconvenientes de su inmadurez. Eso sí, el subgénero del cuento folclórico más vivo hoy en día, el cuento jocoso, es propio del folclore de los adultos y su función principal sería la servir de espita para descargar las tensiones que genera la vida en sociedad, poniendo en tela de juicio, gracias a la risa, determinadas instituciones sociales.

¿Cuál es la razón del título 'De la chaminera al tejao'?

El título está inspirado en una de las fórmulas de cierre -con las que se da fin a un cuento contado- más frecuentes en Aragón. Hay muchas variantes, pero en general comienzan con "Cuento contado por / de la 'chaminera' / chimenea al tejado". Una fórmula muy completa, recogida por Arcadio de Larrea en Huesa del Común, dice: "Cuentecico contao, de la ventana al tejao, / y del tejao a la calle, pa que no lo vea nadie, / y de la calle al coso, pa que no lo aprenda ningún mocoso".

Había publicado muchas cosas de los cuentos populares. ¿Qué novedad aporta este volumen doble?

Esta obra es una especie de cierre a toda esta labor investigadora ya que nunca había podido reunir un repertorio completo que diera testimonio del acervo cuentístico de nuestra tierra.

¿Qué qué tipo de cuentos hay aquí exactamente?

Los subgéneros del cuento, con la excepción de los que denomino 'Cuentos de brujas', que es una aportación personal, son los que establece el llamado 'Índice Internacional del Cuento Tipo', creado por el finlandés Antti Aarne y desarrollado luego por Stith Thompson y, recientemente, en el 2004, por Hans-Jörg Uther. Los subgéneros que establecen Aarne-Thompson y Uther son los 'Cuentos de animales', que serían la tradición popular de la fábula; los 'Cuentos maravillosos' o de magia, conocidos comúnmente como cuentos de hadas; los 'Cuentos religiosos', protagonizados por personajes sagrados, como Dios, la Virgen, los santos...; los 'Cuentos-novela', semejantes por su complejidad a los maravillosos, pero con un tono realista; los 'Cuentos del Ogro estúpido', en los que un personaje débil, pero extremadamente astuto, vence a un ogro o al mismo diablo; los 'Chistes y chascarrillos', esto es, los cuentecillos jocosos, que son la parte más viva del folclore narrativo de los adultos, y los 'Cuentos de fórmula', generalmente simples retahílas acumulativas, con las que iniciamos a los más pequeños en el arte de narrar. Estos subgéneros parecen existir realmente en la conciencia de los narradores, que se dirigen a destinatarios de diferente edad y son contados en diferentes contextos y con distinta utilidad.

¿Podrían extraerse algunas conclusiones generales de la idiosincrasia aragonesa?

Creo que no. Es más, es una idea que rechazo por principio pues si algo se aprende del cuento folclórico es que es un lenguaje universal cuyos temas están presentes en territorios amplísimos, a veces en casi todos los continentes. En todo caso hay ciertos relatos especialmente frecuentes en Aragón, como el 'Cuento de medio pollo', el de 'La cabra montesina' o el cuento del 'Zurrón cantor', este último en versiones que casi siempre vienen precedidas de una serie de cambios acumulativos que se conocen como el cuento de la guija, del bisalto o el garbancito. Pero todos son tipos presentes a lo largo y ancho de la Península y de gran parte de Europa.

¿Eso es todo?

También podría decirse que el aragonés aprecia especialmente al individuo chocante o ingenioso -no sé si será una herencia de Gracián- y son muchísimos los relatos en los que la agudeza y el ingenio tienen un papel fundamental. Aquí hay un gran aprecio por quien es capaz de animar una velada o una fiesta con chistes, chascarrillos y sentencias agudas.

En cualquier caso, ¿qué es lo que más abunda?

Los chistes y chascarrillos, pero eso pasa en todos los lugares porque, como decía Maxime Chevalier, estos relatos eran imprescindibles para sobrellevar la dureza de la vida en una sociedad agropecuaria. Eran narraciones sencillas que cualquiera puede improvisar en cualquier momento, al contrario que los cuentos maravillosos, que exigen un narrador muy dotado. Ya digo: no creo que haya cuentos que sean propios exclusivamente de un pueblo.

¿Por qué hay tantos cuentos en catalán, casi más que en castellano, y en aragonés?

Es, simplemente, porque con diferencia, las comarcas de la Franja son las que se han estudiado de manera más intensa y sistemática en Aragón. Me agrada el resultado final porque da cuenta de la riqueza de nuestro patrimonio en este aspecto. Sin embargo, la desproporción en el número de cuentos en catalán debería hacernos pensar en lo poquito que ha preocupado en Aragón el estudio sistemático de las comarcas castellanoparlantes, con pocas excepciones llevadas a cabo con gran esfuerzo y escaso apoyo institucional.

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'''¿De dónde le viene la pasión por el cuento, que parece remontarse a más de dos décadas atrás? Principalmente, de mi abuela materna, que llenó mi infancia de cuentos, leyendas, romances, cantares... De ella aprendí el amor y la experiencia que podemos transmitir contando cuentos. Desde otro punto de vista, si he acabado dedicándome a la recopilación y al estudio del cuento, sin duda, es gracias a las enseñanzas del profesor de la Universidad de Zaragoza Juan Manuel Cacho Blecua así como a los amigos y colegas folcloristas que he conocido a lo largo de estos años. Es una pasión que no ha dejado nunca de crecer. ¿Qué debemos entender por cuentos folclóricos? Esta pregunta es muy oportuna ya que, comúnmente, las recopilaciones de relatos populares suelen meter en el mismo saco cuentos, leyendas y hasta relatos que podríamos calificar simplemente como 'historia oral', lo que genera una gran confusión. Considero -y sigo en esto a la mayoría de los expertos en la materia- que, dentro del folclore, los cuentos son los relatos ficticios que sirven, en general, como señala Josep M. Pujol, para reconciliar al niño o al adolescente, merced a la identificación con el protagonista, con el mundo que los rodea y con los enigmas y los inconvenientes de su inmadurez. Eso sí, el subgénero del cuento folclórico más vivo hoy en día, el cuento jocoso, es propio del folclore de los adultos y su función principal sería la servir de espita para descargar las tensiones que genera la vida en sociedad, poniendo en tela de juicio, gracias a la risa, determinadas instituciones sociales. ¿Cuál es la razón del título 'De la chaminera al tejao'? El título está inspirado en una de las fórmulas de cierre -con las que se da fin a un cuento contado- más frecuentes en Aragón. Hay muchas variantes, pero en general comienzan con "Cuento contado por / de la 'chaminera' / chimenea al tejado". Una fórmula muy completa, recogida por Arcadio de Larrea en Huesa del Común, dice: "Cuentecico contao, de la ventana al tejao, / y del tejao a la calle, pa que no lo vea nadie, / y de la calle al coso, pa que no lo aprenda ningún mocoso". Había publicado muchas cosas de los cuentos populares. ¿Qué novedad aporta este volumen doble? Esta obra es una especie de cierre a toda esta labor investigadora ya que nunca había podido reunir un repertorio completo que diera testimonio del acervo cuentístico de nuestra tierra. ¿Qué qué tipo de cuentos hay aquí exactamente? Los subgéneros del cuento, con la excepción de los que denomino 'Cuentos de brujas', que es una aportación personal, son los que establece el llamado 'Índice Internacional del Cuento Tipo', creado por el finlandés Antti Aarne y desarrollado luego por Stith Thompson y, recientemente, en el 2004, por Hans-Jörg Uther. Los subgéneros que establecen Aarne-Thompson y Uther son los 'Cuentos de animales', que serían la tradición popular de la fábula; los 'Cuentos maravillosos' o de magia, conocidos comúnmente como cuentos de hadas; los 'Cuentos religiosos', protagonizados por personajes sagrados, como Dios, la Virgen, los santos...; los 'Cuentos-novela', semejantes por su complejidad a los maravillosos, pero con un tono realista; los 'Cuentos del Ogro estúpido', en los que un personaje débil, pero extremadamente astuto, vence a un ogro o al mismo diablo; los 'Chistes y chascarrillos', esto es, los cuentecillos jocosos, que son la parte más viva del folclore narrativo de los adultos, y los 'Cuentos de fórmula', generalmente simples retahílas acumulativas, con las que iniciamos a los más pequeños en el arte de narrar. Estos subgéneros parecen existir realmente en la conciencia de los narradores, que se dirigen a destinatarios de diferente edad y son contados en diferentes contextos y con distinta utilidad. ¿Podrían extraerse algunas conclusiones generales de la idiosincrasia aragonesa? Creo que no. Es más, es una idea que rechazo por principio pues si algo se aprende del cuento folclórico es que es un lenguaje universal cuyos temas están presentes en territorios amplísimos, a veces en casi todos los continentes. En todo caso hay ciertos relatos especialmente frecuentes en Aragón, como el 'Cuento de medio pollo', el de 'La cabra montesina' o el cuento del 'Zurrón cantor', este último en versiones que casi siempre vienen precedidas de una serie de cambios acumulativos que se conocen como el cuento de la guija, del bisalto o el garbancito. Pero todos son tipos presentes a lo largo y ancho de la Península y de gran parte de Europa. ¿Eso es todo? También podría decirse que el aragonés aprecia especialmente al individuo chocante o ingenioso -no sé si será una herencia de Gracián- y son muchísimos los relatos en los que la agudeza y el ingenio tienen un papel fundamental. Aquí hay un gran aprecio por quien es capaz de animar una velada o una fiesta con chistes, chascarrillos y sentencias agudas. En cualquier caso, ¿qué es lo que más abunda? Los chistes y chascarrillos, pero eso pasa en todos los lugares porque, como decía Maxime Chevalier, estos relatos eran imprescindibles para sobrellevar la dureza de la vida en una sociedad agropecuaria. Eran narraciones sencillas que cualquiera puede improvisar en cualquier momento, al contrario que los cuentos maravillosos, que exigen un narrador muy dotado. Ya digo: no creo que haya cuentos que sean propios exclusivamente de un pueblo. ¿Por qué hay tantos cuentos en catalán, casi más que en castellano, y en aragonés? Es, simplemente, porque con diferencia, las comarcas de la Franja son las que se han estudiado de manera más intensa y sistemática en Aragón. Me agrada el resultado final porque da cuenta de la riqueza de nuestro patrimonio en este aspecto. Sin embargo, la desproporción en el número de cuentos en catalán debería hacernos pensar en lo poquito que ha preocupado en Aragón el estudio sistemático de las comarcas castellanoparlantes, con pocas excepciones llevadas a cabo con gran esfuerzo y escaso apoyo institucional.''' $(html_text)

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'''¿De dónde le viene la pasión por el cuento, que parece remontarse a más de dos décadas atrás? Principalmente, de mi abuela materna, que llenó mi infancia de cuentos, leyendas, romances, cantares... De ella aprendí el amor y la experiencia que podemos transmitir contando cuentos. Desde otro punto de vista, si he acabado dedicándome a la recopilación y al estudio del cuento, sin duda, es gracias a las enseñanzas del profesor de la Universidad de Zaragoza Juan Manuel Cacho Blecua así como a los amigos y colegas folcloristas que he conocido a lo largo de estos años. Es una pasión que no ha dejado nunca de crecer. ¿Qué debemos entender por cuentos folclóricos? Esta pregunta es muy oportuna ya que, comúnmente, las recopilaciones de relatos populares suelen meter en el mismo saco cuentos, leyendas y hasta relatos que podríamos calificar simplemente como 'historia oral', lo que genera una gran confusión. Considero -y sigo en esto a la mayoría de los expertos en la materia- que, dentro del folclore, los cuentos son los relatos ficticios que sirven, en general, como señala Josep M. Pujol, para reconciliar al niño o al adolescente, merced a la identificación con el protagonista, con el mundo que los rodea y con los enigmas y los inconvenientes de su inmadurez. Eso sí, el subgénero del cuento folclórico más vivo hoy en día, el cuento jocoso, es propio del folclore de los adultos y su función principal sería la servir de espita para descargar las tensiones que genera la vida en sociedad, poniendo en tela de juicio, gracias a la risa, determinadas instituciones sociales. ¿Cuál es la razón del título 'De la chaminera al tejao'? El título está inspirado en una de las fórmulas de cierre -con las que se da fin a un cuento contado- más frecuentes en Aragón. Hay muchas variantes, pero en general comienzan con "Cuento contado por / de la 'chaminera' / chimenea al tejado". Una fórmula muy completa, recogida por Arcadio de Larrea en Huesa del Común, dice: "Cuentecico contao, de la ventana al tejao, / y del tejao a la calle, pa que no lo vea nadie, / y de la calle al coso, pa que no lo aprenda ningún mocoso". Había publicado muchas cosas de los cuentos populares. ¿Qué novedad aporta este volumen doble? Esta obra es una especie de cierre a toda esta labor investigadora ya que nunca había podido reunir un repertorio completo que diera testimonio del acervo cuentístico de nuestra tierra. ¿Qué qué tipo de cuentos hay aquí exactamente? Los subgéneros del cuento, con la excepción de los que denomino 'Cuentos de brujas', que es una aportación personal, son los que establece el llamado 'Índice Internacional del Cuento Tipo', creado por el finlandés Antti Aarne y desarrollado luego por Stith Thompson y, recientemente, en el 2004, por Hans-Jörg Uther. Los subgéneros que establecen Aarne-Thompson y Uther son los 'Cuentos de animales', que serían la tradición popular de la fábula; los 'Cuentos maravillosos' o de magia, conocidos comúnmente como cuentos de hadas; los 'Cuentos religiosos', protagonizados por personajes sagrados, como Dios, la Virgen, los santos...; los 'Cuentos-novela', semejantes por su complejidad a los maravillosos, pero con un tono realista; los 'Cuentos del Ogro estúpido', en los que un personaje débil, pero extremadamente astuto, vence a un ogro o al mismo diablo; los 'Chistes y chascarrillos', esto es, los cuentecillos jocosos, que son la parte más viva del folclore narrativo de los adultos, y los 'Cuentos de fórmula', generalmente simples retahílas acumulativas, con las que iniciamos a los más pequeños en el arte de narrar. Estos subgéneros parecen existir realmente en la conciencia de los narradores, que se dirigen a destinatarios de diferente edad y son contados en diferentes contextos y con distinta utilidad. ¿Podrían extraerse algunas conclusiones generales de la idiosincrasia aragonesa? Creo que no. Es más, es una idea que rechazo por principio pues si algo se aprende del cuento folclórico es que es un lenguaje universal cuyos temas están presentes en territorios amplísimos, a veces en casi todos los continentes. En todo caso hay ciertos relatos especialmente frecuentes en Aragón, como el 'Cuento de medio pollo', el de 'La cabra montesina' o el cuento del 'Zurrón cantor', este último en versiones que casi siempre vienen precedidas de una serie de cambios acumulativos que se conocen como el cuento de la guija, del bisalto o el garbancito. Pero todos son tipos presentes a lo largo y ancho de la Península y de gran parte de Europa. ¿Eso es todo? También podría decirse que el aragonés aprecia especialmente al individuo chocante o ingenioso -no sé si será una herencia de Gracián- y son muchísimos los relatos en los que la agudeza y el ingenio tienen un papel fundamental. Aquí hay un gran aprecio por quien es capaz de animar una velada o una fiesta con chistes, chascarrillos y sentencias agudas. En cualquier caso, ¿qué es lo que más abunda? Los chistes y chascarrillos, pero eso pasa en todos los lugares porque, como decía Maxime Chevalier, estos relatos eran imprescindibles para sobrellevar la dureza de la vida en una sociedad agropecuaria. Eran narraciones sencillas que cualquiera puede improvisar en cualquier momento, al contrario que los cuentos maravillosos, que exigen un narrador muy dotado. Ya digo: no creo que haya cuentos que sean propios exclusivamente de un pueblo. ¿Por qué hay tantos cuentos en catalán, casi más que en castellano, y en aragonés? Es, simplemente, porque con diferencia, las comarcas de la Franja son las que se han estudiado de manera más intensa y sistemática en Aragón. Me agrada el resultado final porque da cuenta de la riqueza de nuestro patrimonio en este aspecto. Sin embargo, la desproporción en el número de cuentos en catalán debería hacernos pensar en lo poquito que ha preocupado en Aragón el estudio sistemático de las comarcas castellanoparlantes, con pocas excepciones llevadas a cabo con gran esfuerzo y escaso apoyo institucional.''' $(html_text)
  




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