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Entrevista

"Escribir es una necesidad o una enfermedad divertida"

Ramón Acín Fanlo (Piedrafita de Jaca, Huesca, 1962), escritor y profesor y fundador de ‘Invitación a la lectura’ publica un nuevo libro de relatos: ‘Abrir la puerta’ (Traspiés, Granada 2013). Aquí reflexiona sobre su trayectoria.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 06/06/2013 a las 12:20
2 Comentarios
Ramón AcínJOSÉ MIGUEL MARCO

En esta treintena de años ha publicado muchos libros: diarios, novelas, cuentos... ¿Dónde se siente más cómodo?
Para mi escribir es un intento de dar forma a las ideas que pululan por mi cabeza. Escribir es una necesidad o una enfermedad divertida que me ayuda a explicarme y a reconocer -o conocer- todo cuanto me rodea. Desde ese punto de vista cualquiera de los territorios en los que me he movido me agradan o, para ser exactos, me sirven. De todos modos, donde mayor comodidad siento es en el campo de relato corto y del micro-relato, a pesar de su enorme dificultad.


¿Cómo nació este libro, ‘Abrir la puerta’ (Traspiés)?
A mí la obras me surgen de repente. Como fogonazos. No soy un creador de plano que todo lo planifica antes del ejercicio de la escritura, sino que soy de brújula: surge la idea y me hundo en ella. Y ‘Abrir la puerta’ surge de un fogonazo así. ¿Qué pasa cuando uno abre una puerta y fisgonea sin que le vean?

Sí, ¿qué pasa?
Que ver e imaginar se funden. Como se funde la realidad objetiva de lo que ve y la realidad subjetiva de lo que piensa sobre lo que ve. No es un juego de palabras, es una realidad. Y eso es lo que me propuse: fusionarlas. Por otra parte la dicotomía realidad/ ficción es algo muy viejo en literatura, insuperable desde el maestro Cervantes. Este es el origen de un total de catorce relatos que luego, por causa de la autocensura personal, quedaron reducidos a los once de ‘Abrir la puerta’, un libro que en aragonés se definiría con el verbo “cucutiar” pues creo que tiene mucho de fisgoneo y de voyeur.

¿Cómo podríamos definir a estos personajes: atrabiliarios, excéntricos, soñadores, raros sin más?
Siempre he tenido una enorme tendencia por los personajes marginales, por los antihéroes, por la gente que no es de orden. Y en ‘Abrir la puerta’ reincido. Tal vez se deba a mi impericia por no saber abordar lo plano. De todas formas, mi primer libro de relatos se tituló, con retranca irónica, claro, ‘Manual de héroes’. Creo de verdad que cuando se sale de lo establecido, de lo convencional, del orden… la realidad se hace más visible, más evidente.

¿Cómo aborda la realidad?
Lo cotidiano es como una anteojera que sólo permite mirar de forma unidireccional. Me gustan las aristas, los recovecos, los ángulos muertos. De ahí lo atrabiliario, excéntrico y soñador de mis personajes. La distorsión (Valle-Inclán fue el maestro) es la clave. Distorsión física, mental y espiritual, claro. Formalmente, me interesa el juego de las cajitas dentro de las cajitas, de las historias dentro de la historia es evidente. Busco un continuo cambiar el rumbo de la historia o ensancharla lo máximo mediante el uso de un material mínimo.

¿Tenía en la cabeza libros de Borges, Marcel Schwob, Pierre Michon, o el Carlos Casares de ‘Los oscuros sueños de Clío’?
Claro, siempre he creído que los escritores son hijos de las lecturas que han conformado su humus personal y creativo. O como me dijo Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias, somos hijos de quienes nos precedieron. Y todos los autores que cita han sido y siguen siendo, con la mayoría de sus libros, básicos para mí. Lo difícil es alcanzar la cima que ellos alcanzaron. Pero sí, están ahí al fondo como lo están los mitos, mis neuras, los temas que siempre me han atraído o la visión personal sobre esta sociedad que, cada vez, está más encanallada.

Vayamos con algunos relatos. Por ejemplo, esa Cioconda del Altoaragón que era cabaretera. ¿Cómo se le ocurrió?
Hay un poso de realidad basada en una historia que me contaron en el Sobrarbe (Huesca) y que podría ubicarse en los años treinta del siglo pasado. Una chica que va a Barcelona y acaba reinando en el cabaret. Una chica de doble vida, de doble fondo, de doble personalidad que, por ejemplo, disfruta de la vida y de la pintura, que vive lo cotidiano y navega por la historia. ‘La Gioconda’ de Da Vinci, con su doble fondo, me iba al pelo.

¿Qué anecdotario hay detrás de la historia de los dos amantes de París y la torre Eiffel?
A veces, las noticias de los periódicos son auténticos relatos y novelas. Y ésta es una de ellas. No sucedió en París, pero sí que sucedió de verdad. La ubicación a orillas del Sena y con la Torre Eiffel al fondo es un homenaje literario a un paisaje universal que, en ‘Abrir la puerta’, comparte protagonismo con parajes oscenses desconocidos como Sobrepuerto o Monegros, pongamos por caso. Otra fusión necesaria: lo conocido universalmente junto a lo que también puede ser universal, porque la esencia de la vida y de la literatura va más allá del cosmopolitismo. Por eso, Aragón (además de rendirle homenaje) está tan presente.

En cierto modo, también es un libro de tipos aragoneses que emprenden una aventura en el extranjero, en lugares exóticos.
Sí, son casi siempre personajes aragoneses en diáspora. Algo que es muy propio de esta tierra como todo el mundo sabe, pues su despoblación y despoblados son más que evidentes. Pero, también, por ejemplo, es una tierra donde hubo una guerra que partió su territorio por la mitad y mandó mucha gente al exilio. Esa sensación de castigo, de movimiento obligado junto a la afición por la búsqueda de nuevos mundos o alicientes es histórica y está muy presente en los relatos.

Si tuviera que contarle a alguien que fue ‘Invitación a la lectura’, ¿qué le diría?
Una locura literaria compartida por medio millar de profesores, otros tantos escritores a la busca y captura de los lectores jóvenes para saber de la vida, conocerse y ser más libres. Una locura de muchos para muchos que alguien, sin más, mandó a la basura desde un despacho. Quizás sin saber por qué (o sabiéndolo muy bien).

Siempre ha sido un divulgador entusiasta de las letras aragonesas... ¿Cuál sería su diagnóstico?
Creo que tienen un momento dulce. Hoy es un territorio literariamente fértil pese al encanallamiento de la sociedad. Aragón puede presumir de tener un buen puñado de escritores que, sin duda, alcanzarán el objetivo merecido por mal que pinten los tiempos. Hay nombres que están ahí, potentes, esperando el salto definitivo.


  • santiago07/06/13 00:00
    Fui alumno del Sr. Acín a mediados de los 80 en el instituto Grande Covián. Siempre sigo todo lo que hace. Era (no sé si sigue ejerciendo) un magnífico profesor, siempre conseguía despertar la atención y el interes de sus alumnos, yo lo recuerdo con mucho cariño. También recuerdo con cariño a Félix Romeo, de quien Ramón Acín fue mentor y recuerdo una breve conversación con Félix Romeo en una feria del libro en la que estaba junto a Ramón Acín y le conté q Féliz que fui alumno de él. Ramón Acín, Gabriel Sopeña, en estos tiempos de gentes que se dejan llevar por la corriente, de pensamiento único, de no cuestionarse nada... Son voces que cuando hablan deberíamos escuchar los aragoneses. Muchas gracias Ramón Acín.
  • Ángel07/06/13 00:00
    Yo también fui alumno de Ramón Acín, pero a finales de los 90, en el mismo instituto. Totalmente de acuerdo con el anterior, uno, si no el mejor, de los profesores que he tenido. Claro, conciso, culto, ameno... 


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