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Gran Hermano

'Gran Hermano' pierde la visión

El ‘reality’ más longevo de la televisión española (se estrenó en Telecinco en abril del año 2000) obliga a la cadena a adelantar su final por las bajas audiciencias.

Miguel Ángel Alfonso 07/12/2017 a las 06:00
Algunos de los concursantes de la presente edición de 'Gran Hermano', la menos vista.Mediaset

El sueño morboso de observar la vida detrás de una cortina sin ser descubiertos lo cumplió ‘Gran Hermano’ el 23 de abril del año 2000. Un médico, una panadera, un guía turístico, una modelo, una enfermera, un militar y otros ocho concursantes de perfiles distintos convivieron aislados del mundo durante noventa días en una casa situada en Soto del Real (actualmente se graba en Guadalix de la Sierra), en la que había 20 cámaras ocultas. Telecinco lo definió como "experimento sociológico" y fue el primer ‘reality show’ al que los españoles se asomaron en sus vidas. Para su creador, el holandés John de Mol, la premisa era interpretar entre los participantes, la cadena y los espectadores a una microsociedad que recreara la novela de George Orwell ‘1984’, donde un ente supremo vigila a todos los ciudadanos. Pero, 17 años más tarde y 18 ediciones después, el público se ha cansado de escudriñar a través del ‘ojo que todo lo ve’.

Saltan las alarmas

Hace dos semanas, las alarmas saltaron en Telecinco cuando el programa registró el dato de audiencia más bajo de toda su trayectoria por tercera vez en un mes –un 12% de cuota de pantalla y 1.252.000 espectadores–, convirtiéndose en la cuarta opción de la noche de los jueves, detrás de las series ‘Estoy vivo’ (TVE) y ‘La casa de papel’ (Antena 3) y el programa de La Sexta ‘Dónde estabas entonces’. Los directivos de Mediaset no pudieron soportar el varapalo y el lunes pasado anunciaron que iban a despachar la presente edición antes de lo previsto, el próximo 14 de diciembre. Un golpe de gracia que compromete el futuro del programa y marcará en 81 el número de días de convivencia, así que el ganador que surja de la final será el que menos tiempo haya pasado dentro de la casa.

"A ‘Gran Hermano Revolution’ quizá habría que llamarlo ‘Gran Hermano consumation’, porque ha llegado a su consumación. Al principio le adornaba la novedad. Pero 18 ediciones son muchas y el formato ya no tiene ese chute emocional. Además, con independencia de que se pueda juzgar si el equipo del programa ha metido la pata o no en esta edición, se han tenido que enfrentar al ‘Gran Hermano nacional’, el asunto catalán, que ha ganado en atención", explica a este periódico Marcial Romero, profesor de Sociología de la Universidad Complutense.

Cabeza de turco

El actual presentador de ‘GH’, que tomó las riendas del concurso el año pasado en sustitución de Mercedes Milá (con 15 ediciones a sus espaldas), ha sido utilizado como cabeza de turco por los seguidores más fieles del ‘reality’, a los que no ha caído en gracia. "Las audiencias son muy bajas, es un drama", llegó a reconocer él mismo. Sin embargo, achacarle la deriva del formato sería quedarse en la superficie.

"El principal problema que tiene ‘Gran Hermano’ es que se ha desconectado de la sociedad. Sus concursantes ya no son espontáneos, su meta es ir al programa para luego ganar dinero haciendo bolos en discotecas o ser colaborador de Telecinco. La sociedad no se ve reflejada en ellos y es precisamente la antítesis de lo que está ocurriendo este año en ‘Operación Triunfo’ (TVE), un formato que ha descansado y ha conseguido reunir a un grupo de chavales que han ido vírgenes al programa, siendo ellos mismos, porque tenían 2 o 3 años cuando entró en las casas de los españoles por primera vez. ‘Gran Hermano’ debería descansar para traer en un futuro concursantes menos resabiados", apunta el cronista televisivo Borja Terán.

Si regresamos al año 2000, la final de la primera edición de ‘GH’, que ganó el gaditano Ismael Beiro, reunió a 9.105.000 espectadores, el 70,8% de las personas que estaban viendo la televisión aquella noche. Un dato irrepetible. Fue la de frases famosas como la del zaragozano Jorge Berrocal y su "¿Quién me pone la pierna encima?". Lo más importante:imperó la naturalidad. Pero a partir de ahí, el objetivo fue el escándalo: llegaron el Yoyas, expulsado en la segunda edición por simular gestos de maltrato físico hacia otra concursante, o Indira, forzada a abandonar la casa por lanzar un vaso de agua contra una compañera en ‘Gran Hermano 11’. En este ‘Gran Hermano Revolution’, la polémica llegó hasta el cuartelillo de la Guardia Civil de Guadalix nada más y nada menos que por un presunto caso de abuso sexual.

Desprestigiar a una generación

"Se intenta engañar al público haciéndole creer que es espontáneo todo lo que ocurre. En ‘Master Chef’, alguien que entra sin saber cocinar de repente sorprende al hacer un gran plato, pero en ‘GH’ se ve mucho la parte de atrás. Al final, el consumidor se siente engañado porque se da cuenta de que están intentando engancharle con medios artificiosos", señala María Dolores Martín, directora del departamento de Sociología de la Universidad de Granada. La profesora proyecta en sus clases fragmentos de ‘Gran Hermano’. "Mis alumnos lo rechazan, piensan que ellos no son como los concursantes, ni quieren serlo. ‘GH’ es usado como argumento por la gente interesada en desprestigiar a esta generación", sostiene.





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