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Zaragoza

Confiesa haber asfixiado a su madre porque estaba enferma y quería morir

El hombre afirma que "colaboró" en su suicidio y que era algo pensado desde hace tiempo.

M. Garú. Zaragoza Actualizada 10/04/2015 a las 23:02
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Confiesa haber asfixiado a su madre porque estaba enferma y quería morirAsier Alcorta

Un hombre de 42 años ha pasado a disposición judicial como autor confeso de la muerte de su progenitora, una mujer de más de 70 años que llevaba cerca de doce sin salir de su casa debido a la enfermedad que padecía .

Los hechos ocurrieron a primera hora de la mañana del pasado miércoles y fue él mismo quien avisó a la Policía Nacional. Al llegar, contó que su madre se había suicidado y que él le había ayudado a morir.

Tras inspeccionar el lugar y examinar el cadáver, los agentes lo arrestaron por un presunto delito de homicidio guiados más por sus propias afirmaciones que por los signos de violencia que presentaba el cuerpo, que eran muy pocos. Aún así, después se verificó que la muerte se produjo por asfixia mecánica, como relató su hijo. El cadáver tampoco tiene lesiones que evidencien que la víctima llegara a defenderse.

El hombre, que este jueves permanecía en las dependencias de la Jefatura Superior de Policía, prestó oficialmente declaración, asistido de letrado, y reconoció de nuevo los hechos, es decir, que había "ayudado" a su madre a morir y que su intervención se limitó a una"colaboración" para cumplir la voluntad de su progenitora.

El suceso, como publicó este jueves El Periódico de Aragón, ocurrió en un domicilio del número 4 de la calle de Rodrigo Rebolledo, en el barrio de Las Fuentes, en el que residía la víctima junto a su marido y su hijo. Este último, según los vecinos, había vuelto a la casa de sus padres hacía un año y medio, aproximadamente.

Fuentes cercanas al caso explicaron este jueves que la mujer estaba enferma mental y físicamente y llevaba unos doce años sin salir de su casa. No se relacionaba con el vecindario y tenía miedo de abrir la puerta cuando alguien llamaba. Su salud se había ido deteriorando progresivamente con el paso del tiempo e incluso no quería tratarse médicamente porque temía, por ejemplo, que le amputasen las piernas debido a las heridas ulcerosas que tenía.

Esta situación le llevó al punto de desear la muerte y, según fuentes policiales, incluso dejó una nota de suicidio en la que explicaba su firme voluntad de quitarse la vida y la necesidad de contar con ayuda para hacerlo. El juez encargado del caso deberá ahora ordenar una prueba pericial para comprobar la autoría de la carta y su veracidad.

El número 4 de Rodrigo Rebolledo es un bloque de 16 viviendas en las que apenas quedan cuatro familias que llevan viviendo allí desde hace más de 30 años. Los vecinos más antiguos reconocieron que el comportamiento de la familia Sanchez Olaso era algo raro. Su relación con la mujer era inexistente, aunque con su marido, al que definieron como un hombre correcto y tranquilo, tenían un trato más normal.
 

No abría nunca la puerta

"Cuando alguna vez timbraba a su puerta, no me abrían, aunque luego es cierto que me llamaban por teléfono para ver lo que quería", explicaba este jueves José Antonio Villanueva, inquilino del bloque, que reconocía que el trato con ella no era el habitual de gente que lleva tanto tiempo residiendo en el mismo sitio. Sí insistió en que con el marido, sin embargo, se lleva bien. Al hijo, sin embargo, tampoco lo ha tratado durante todo este tiempo.

María Luisa Julián, vecina del mismo rellano, admitía apenada y extrañada que tampoco tenía trato con la mujer."Yo llevo toda la vida aquí y casi no la conocía. Ni le pongo cara", manifestó."El hijo tampoco decía ni buenas ni adiós", señaló.
Goyo Legaz regenta su tienda de repuestos de automóvil desde 1975.

Está situada justo frente al edificio y conoce a todos los vecinos, salvo los que han llegado en los últimos tiempos y que están de alquiler. Como los anteriores, solo tenía trato con el marido de la víctima, a la que no veía desde hacía bastante tiempo.


  • José25/06/15 07:55
    El derecho a la muerte debería ser tan inalienable como el derecho a la vida.   Esta sociedad debería poder aportar a los enfermos que sufren y que ya no disfrutan sus vida ni un momento medios paraa acabar con su calvario de una forma lo más dulce posible.  Es lamentable, que personas allegadas a estos enfermos se vean acusadas de homicidio cuando les ayudan a morir.  Un acto de amor se convierte en un delito.  Algo está fallando. Un debate amplio sobre la eutanasia es imprescindible en una sociedad que pretender ser cada vez más humana y más avanzada.  La vida es para disfrutarla no para sufrirla.





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