Para el Ayuntamiento de Zaragoza, el metro cuadrado de baños judíos del siglo XIII se cotiza a 1.323 euros; para sus propietarios, a 5.516. Y en esa diferencia insalvable se encuentran los vestigios desde hace casi dos años, sin que parezca claro cuándo se podrá visitar libremente un monumento que llegó incluso a figurar en los folletos turísticos preparados para la Expo.
Fuentes de la concejalía de Urbanismo aseguran que no ha habido acuerdo entre la propiedad y el Ayuntamiento acerca del precio justo de los vestigios, y que el asunto está pendiente del dictamen de una comisión de expertos. El problema es que la situación es ésta desde hace casi dos años, desde que el 14 de junio de 2007 el Instituto de España nombró a su representante (Rafael Manzano) para la comisión que ha de fijar el precio de expropiación. Junto a Manzano, forman parte de la citada comisión el director del Museo de Zaragoza, Miguel Beltrán, nombrado por la DGA, y un académico elegido por la comunidad de propietarios. Pero no ha llegado a reunirse.
El objeto de litigio es un espacio de tan solo 56,58 metros cuadrados, ubicado en el sótano menos dos del inmueble situado en el Coso 126-132 de Zaragoza. Pero es fundamental porque se trata de los propios restos arquitectónicos que se quieren hacer visitables. Para el Ayuntamiento valen 74.904 euros; para la comunidad de propietarios, 312.100.
La compra de ese espacio es lo único que impide que los restos sean completamente accesibles desde la calle. Todo lo demás ya está hecho.
La oportunidad de hacer perfectamente visitables los restos de los antiguos baños judíos de Zaragoza surgió a principios de 2004, cuando el local comercial ubicado sobre los vestigios (los antiguos Textiles Marín) quedó vacío. Gerencia de Urbanismo inició los trámites para expropiar o comprar el espacio necesario para posibilitar el acceso a los restos. Al final, llegó a un acuerdo con la sociedad propietaria del local, EDERU, S.L., mediante el cual adquirió 142,07 metros cuadrados de la planta baja o calle, 124 de la sótano menos uno y 33,27 de la sótano menos dos. El precio final: 898.020 euros.
La compra se formalizó en julio de 2006. Técnicos municipales elaboraron entonces el proyecto arquitectónico que, de una forma sencilla, permitirá al visitante acceder desde la calle a uno de los testimonios más importantes del pasado zaragozano.
Pero lo que parecía en principio más sencillo, la adquisición de los propios restos, se complicó inesperadamente. Una vez iniciado el proceso de expropiación, la comunidad de propietarios alegó que, al ser los baños judíos un Bien de Interés Cultural, la DGA tenía prioridad para expropiar. Se comunicó este punto y la DGA renunció a su derecho. La comunidad invocó posteriormente al artículo 78 de la Ley de Expropiación Forzosa, según el cual, para valorar los bienes de interés cultural objeto de expropiación, hay que constituir una Comisión de Académicos. Y ya se sabe la frase que se le atribuye a Napoleón: "Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión".
Sin comunicación oficial
El Instituto de España y el Gobierno de Aragón eligieron sus representantes. Y desde mayo-junio de 2007 hasta hoy no se ha movido ni un solo papel. Hasta el punto de que Rafael Manzano aseguraba a este periódico el viernes que todavía no ha recibido la confirmación oficial de su nombramiento, y que se había dirigido al Instituto de España para que se lo confirmaran.
Mientras, el grupo municipal de CHA ha anunciado que va a presentar una moción en el pleno para pedir que en el plazo de cuatro meses se solucione el problema. Y los baños esperan aún una solución definitiva.