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Calle de Alfonso I

Un icono distinguido y comercial que cumple 150 años

La calle de Alfonso I celebra siglo y medio de vida en un continuo proceso de renovación que, sin embargo, no le arrebata las señas de identidad con que nació.

02/12/2017 a las 06:00
La calle de Alfonso I estrenó ayer iluminación navideñaOliver Duch

Son, posiblemente, los 450 metros con más vida e historia de la capital aragonesa, al menos del último siglo y medio. La calle de Alfonso I celebra su 150 aniversario inmersa en un continuo proceso de renovación y cambio que, paradójicamente, no le ha arrancado sus señas de identidad básicas en todo este tiempo. Su origen burgués pervive pese a la creciente presencia turística y de inquilinos temporales; y su entramado comercial le mantiene como el corazón de las compras en Zaragoza, aunque la oferta de establecimientos centenarios siga cayendo en favor de restaurantes y franquicias.

Pero no solo sus vecinos y comercios la hacen única. La conexión del Coso con la plaza del Pilar, cuya cúpula queda –casi– centrada con la calle, y la armonía estética de sus edificios y farolas la convierten en uno de los paseos favoritos de zaragozanos y visitantes, así como de procesiones y manifestaciones culturales, políticas y sociales como la Ofrenda de Flores o el Rosario de Cristal.

Ese fue, precisamente, uno de los objetivos de sus creadores a mediados del siglo XIX. En 1858 se comenzó a debatir en el Ayuntamiento la posibilidad de ensanchar y prolongar la calle de Alfonso I (antes del Trenque). Se trataba de un agresivo proyecto de intervención en el interior de la ciudad, tal y como otras urbes europeas llevaron a cabo en aquellas décadas.

El tortuoso entramado de calles en la zona, la necesidad de abrir una entrada ‘a la altura’ de la basílica, y la reivindicación de la clase burguesa de contar con un área céntrica y distinguida donde establecerse propiciaron la reforma. El proyecto fue redactado por el arquitecto José de Yarza Miñana, y obligó a un ambicioso plan de expropiaciones y derribo de edificios que no estuvo exento de polémica. Finalmente las obras se ejecutaron entre 1866 y 1868, con Antonio de Candalija al frente de la Alcaldía.

Ilustres y variopintos

Comenzaba así el relato de una calle que esconde miles de anécdotas y curiosidades. «Este año se cumple el centenario del edificio del Banco de Aragón en el Coso, que hace de cabecera con Alfonso. Estamos intentando rendirle algún homenaje, a ver qué se puede hacer», comenta Daniel Portero, presidente de la Asociación de Vecinos 1808 de San Miguel, y un apasionado de la historia de esta zona de la capital aragonesa. «En realidad, la entidad bancaria abrió por primera vez en el número 13, donde vivió el torero Francisco Royo Turón, alias ‘el lagartito’. Cada vez que entraba a la calle de Alfonso se giraba hacia el Pilar y saludaba a la Virgen», relata.

 

Las familias y personajes ilustres que en algún momento han residido en esta céntrica vía, ahora peatonal, daría para una enciclopedia. «En el número 31 –continúa Portero–, vivieron Francisco Urzáiz y Leonor Sala, famoso matrimonio que pagó la construcción de dos torres del Pilar. Él era aficionado a los toros y ganadero, y ella hija del alcalde que, precisamente, derribó la Torrenueva».

Hoy en día, parte de este tipo de vecindario de la media y alta burguesía pervive en sus edificios, pero a duras penas. «El perfil ha cambiado en los últimos años», apunta la diputada autonómica del PP Dolores Serrat, que lleva cerca de cuatro décadas afincada en la calle de Alfonso I. «Queda la gente mayor de siempre, y otros que vuelven cuando se jubilan, pero cada vez hay más oficinas, despachos y apartamentos turísticos. También vienen jóvenes a pisos de alquiler, pero no están mucho tiempo, haría falta que se establecieran y que hubiera más niños», asegura.

En su caso, está «encantada» de su lugar de residencia, aunque reconoce que tiene sus pros y sus contras. «Puedes hacer una vida peatonal, de proximidad, rodeada de historia, de servicios... pero a cambio tienes dificultades de acceso con el coche y algunos acontecimientos los vives en primera persona quieras o no quieras, como las fiestas. Es una calle donde da igual la hora que sea, siempre hay gente». De cualquier forma, Serrat no se cambiaría de calle «por nada del mundo», porque además «pese a lo que pueda creer la gente, no sufrimos mucho ruido porque no hay bares nocturnos, solo cafeterías».

Legado generacional

Aún así, la oferta comercial y gastronómica de la calle ha ido cambiando en estos últimos años, y han comenzado a aparecer restaurantes y franquicias, no todos apreciados por los vecinos y por los establecimientos con más solera. «Desde un punto de vista empresarial, cualquiera tiene derecho a venir, siempre y cuando cumpla la normativa en vigor, algo que no siempre ha ocurrido», afirma María Pilar Martínez, presidenta de la Asociación de Comerciantes de la calle Alfonso I y Adyacentes de Zaragoza.

 

Su abuelo, Luis Ariznavarreta, y un socio abrieron la juguetería El Ciclón, que legó el nombre popular al pasaje. Martínez regenta ahora una joyería, y representa una de las pocas familias de comerciantes que generación tras generación sigue atendiendo a sus clientes en la calle de Alfonso I. En los últimos años han echado el cierre establecimientos como Florida, La Casita Blanca, Higinio, Bolsos Gracia...

Uno de los más recientes en bajar la persiana fue La Campana de Oro después de 128 años de actividad, primero de venta de telas, y después de confección y ‘prêt a porter’. La crisis, los cambios del sector de la moda y la necesidad de una rehabilitación integral del inmueble llevaron a la familia Ferrer a clausurar. Ahora una inmobiliaria ha comenzado a restaurar el edificio, donde abrirán apartamentos turísticos en un enclave privilegiado.

La presidenta de los comerciantes reclama un mayor compromiso institucional con el sector para evitar este tipo de situaciones. «Hay ciudades donde de verdad se apoya al comercio de proximidad. No pedimos que se pongan trabas a las grandes empresas para que no se instalen aquí, pero sí que se incentive a los vendedores de siempre y evitar que cierren», indica Martínez. En cualquier caso, reconoce que el precio del alquiler en la calle es tan «desorbitado» que «solo las franquicias pueden asumirlo».

Con luz propia

Ayer, el Ayuntamiento de Zaragoza llevó a cabo el encendido de las luces de Navidad en la ciudad. La calle de Alfonso I fue una de las pocas que estrenó adornos para estas fiestas, después de que el año pasado se desprendieran unas bolas e impactaran contra dos viandantes, que resultaron heridos. Las luces se han instalado en sus reconocibles farolas que agudizan la perspectiva de la calle, pero se trata de unos pequeños detalles que quedan lejos de iluminaciones más atractivas del pasado, o de vías similares en otras urbes, como la calle de Larios en Málaga, algo que vecinos y comerciantes ya han criticado.





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