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Zaragoza

Los retos de la Zaragoza que se mueve

Más allá de los debates entre el tranvía y el autobús, o entre las bicis y los peatones, la capital aragonesa busca cómo adaptarse a la nueva movilidad urbana. Los vehículos eléctricos ya están aquí, los que no necesitan conductor están al caer y la distribución de productos por los barrios también está cambiando. Todo con el objetivo común de lograr un transporte más eficaz y, sobre todo, menos contaminante.

El tranvía ha sido una de las irrupciones que más cambios ha producido en la movilidad de la ciudad en los últimos años.Oliver Duch

La movilidad ha sido siempre uno de los principales retos a los que se enfrentan las ciudades. Cómo llevar a la gente de un sitio a otro de la manera más rápida posible, cómo facilitar la convivencia de los distintos modos de desplazamiento... Este eterno desafío suma nuevos protagonistas en los últimos tiempos, como el desembarco de los vehículos eléctricos (coches, motos, bicis...), que ya están aquí; de los medios autónomos (sin conductor), que están al caer; de las entregas logísticas de ‘última milla’, generalizadas por el auge del comercio electrónico; o de las bicicletas, que viven un importante desarrollo. Al reto de aumentar la eficacia y rapidez de los desplazamientos se une la necesidad de hacerlo de forma sostenible, para reducir las emisiones y hacer unas ciudades más amables para sus vecinos.

Los expertos coinciden en que este factor, el medioambiental, es fundamental para las ciudades. Emilio Larrodé, catedrático de Ingeniería e Infraestructuras de los Transportes de la Universidad de Zaragoza, considera que las urbes tienen "dos retos fundamentales", que son "la reducción de las emisiones contaminantes" y "el uso racional de la energía". Antonio Pérez Casañ, de la comisión de Transporte, Movilidad y Logística del Colegio de Ingenieros Industriales, coincide en que "la movilidad del futuro pasa necesariamente por medios no contaminantes o, al menos, lo menos contaminantes posible".

En Zaragoza se ha recorrido este camino en la última década, en la que las emisiones por movilidad se han reducido en torno a un 30%, según el Ayuntamiento. Se ha quitado espacio al coche de forma significativa en los últimos diez años (en Echegaray y Caballero, en César Augusto y Coso, en el paseo de la Independencia, en Gran Vía, en Constitución...). Además, el tranvía ha sacado autobuses de la calle, hay más de 130 kilómetros de carril bici y se está comenzando a apostar por la tracción eléctrica de los vehículos. Cada vez hay más autobuses híbridos, y en los próximos meses llegarán remesas de vehículos eléctricos al Ayuntamiento.

El objetivo es reducir las emisiones, pero también hacer una ciudad más ‘humana’. María Villar, presidenta de la demarcación de Zaragoza del Colegio de Arquitectos de Aragón, observa que existe una "necesidad de regeneración urbana", debido a los "problemas de calidad del espacio público" que tiene la ciudad. "Habría que liberar zonas para mejorar el espacio para los ciudadanos", añade. En esta clave se encuadraría el proyecto de ‘supermanzanas’, que minimiza el tráfico rodado y los aparcamientos en superficie de las calles para darle ese espacio al peatón. Su implantación en Zaragoza se ha retrasado, pese a contar con partida presupuestaria para ello.

Juan Ortiz, director gerente del Consorcio Metropolitano de Transporte, coincide en que las ciudades "se han dimensionado en torno al vehículo privado", lo que ha obligado a "prescindir del uso de las calles por parte de los ciudadanos". "El vehículo ha hecho evolucionar las ciudades, pero la factura que se ha pagado ha sido muy alta. La tracción eléctrica puede ayudar a equilibrar el saldo", añade Ortiz

Un "momento histórico"

Lo que es evidente es que la movilidad está cambiando. De hecho, Ortiz cree que estamos en un "momento histórico", equiparable incluso "a la llegada de los vehículos a motor a las ciudades". Ese momento tiene que ver con la "eclosión tecnológica" de los sistemas inteligentes de transporte. Ya hay fábricas con vehículos que se desplazan solos, aeropuertos que llevan pasajeros entre terminales sin conductor y líneas de metro que no necesitan a una persona a los mandos.

El desarrollo del coche autónomo sigue avanzando, y también llegará a las urbes: "Si se aplica en el entorno de la ciudad, con esos vehículos autónomos se puede optimizar la forma de gastar energía", apunta Emilio Larrodé. "Esta tecnología avanza y no hay quien la pare", añade Antonio Pérez Casañ.

A juicio de Juan Ortiz, la movilidad va "hacia donde va la gente", y en la sociedad actualmente prima el "individualismo" y la "exigencia de flexibilidad". "Por eso nos movemos mucho más que antes en bicicleta, y lo haremos cada vez más en monopatines eléctricos o en ‘segway’", reflexiona Ortiz, porque "es barato, llegas a todos lados en el momento que quieras y con una buena experiencia de viaje".

Esta flexibilidad es clave para el movimiento de personas, pero también de mercancías. La proliferación del comercio electrónico –incluido el encargo de comida a domicilio–, ha disparado el llamado transporte de ‘última milla’. Para Emilio Larrodé, la eficiencia en estos desplazamientos es fundamental: "Hay que hacerla con vehículos más eficientes, eléctricos y con sistemas de logística avanzada". El catedrático de la Universidad de Zaragoza cree que deben organizarse "centros logísticos eficaces, con rutas más eficientes que aprovechen los desplazamientos".

El cambio ya está aquí, y se ve en las calles. Lo que antes eran furgonetas o motos de reparto, ahora empiezan, poco a poco, a ser bicicletas. La implantación de la llamada ciclologística en los repartos ‘de última milla’ es evidente, con un buen puñado de empresas que llevan pequeños paquetes a pedales en grandes y coloridas mochilas. La Unión Europea quiere que se hagan así los repartos de hasta 250 kilos, con bicicletas que llegan a ser pequeñas furgonetas.

"Un factor de calidad de vida"

Estos debates van más allá de los sistemas de transporte público que se escojan, que en último término dependen de los gobiernos de las instituciones. Todos los expertos coinciden en que en una ciudad de tamaño medio-grande como Zaragoza es necesario un medio de transporte masivo y que sea eficiente. También coinciden en que la estructura radial de Zaragoza la hace propensa a fijar rutas circulares en forma de anillo, algo poco explotado hasta que llegaron las dos líneas circulares de autobús.

¿Tranvía o autobús? Parece que esta duda es a lo que, en ocasiones, se reducen los debates sobre movilidad en el Ayuntamiento de Zaragoza. El gobierno quiere que, antes de las próximas elecciones, esté listo el proyecto sobre la línea 2, que uniría Las Delicias con San José y Las Fuentes para que el próximo gobierno decida. El PP, por ejemplo, presentó en cambio su proyecto de los Tranbús, que son unos autobuses biarticulados con plataforma diferenciada.

María Villar, del Colegio de Arquitectos, cree que en Zaragoza debe haber un "transporte de alta capacidad, rápido, eficiente y sostenible". En los talleres de movilidad urbana que organizó el colegio, pidieron que esta "no se convierta en un arma política arrojadiza", y solicitaron "consensos" y "visión de ciudad a largo plazo".

Sobre la segunda línea del tranvía, el Colegio de Arquitectos consideró "más interesante" el estudio en profundidad de la remodelación completa de la red de autobuses urbanos para "repartir por toda la ciudad los beneficios de un transporte público rápido y eficiente" y, después, "valorar con mayor fundamento la necesidad de implementar un modo de transporte, de mayor capacidad, en el corredor transversal este-oeste".

En una ciudad en la que casi la mitad de los desplazamientos se hacen a pie y cerca de la cuarta parte en transporte público –más el 26% del vehículo privado y el 3% de la bici–, el reto es que la gente se pueda mover fácilmente y de modo sostenible. Como resume Juan Ortiz, "Zaragoza tiene que aspirar a que la movilidad siga siendo un factor de calidad de vida".





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