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Limpieza party: Una nueva moda donde el algodón no engaña

Tal día como hoy, hace sesenta años, HERALDO contaba una nueva moda que se imponía en Washington: la ‘limpieza party’.

Documentación 22/09/2016 a las 06:00
Limpieza party: Una nueva moda donde el algodón no engaña

¿Quién no teme al día después cuando da una fiesta en casa? Aunque muchos de los convocados juran que irán al día siguiente a colaborar en las tareas de limpieza, al final son muy pocos (o ninguno) los que aparecen, bayeta en mano, a dejarlo todo bien limpio. Tal día como hoy, hace sesenta años, HERALDO contaba una nueva moda que se imponía en Washington: la ‘limpieza party’. No se trataba solamente de agarrar la escoba tras las fiestas, también se hacía para la limpieza habitual en los pisos de estudiantes, que normalmente acumulaban mucha suciedad en pocos días sin que nadie pudiera remedio. A los que colaboraban se les premiaba con un sándwich y bebida: una excusa para ver a los amigos y ayudarse en esta aburrida tarea, convirtiéndola en una ‘party’ muy particular…

Documentación

WASHINGTON, septiembre. No sé si esta que voy a explicar será  una costumbre americana generalizada o si se trata únicamente de una extravagancia de los estudiantes de Washington; pero como a mí me ha hecho mucha gracia y lo encuentro muy útil y muy pintoresco, se lo voy a contar a ustedes.

Hace unos días, recibí una tarjeta mediante la cual unas amigas mías me convidaron a un ‘limpieza party’. Naturalmente, yo no sabía lo que era eso.
- Es poco más o menos -me explicaron- lo mismo que un ‘sorpresa party’. La diferencia está en que, en lugar de llevar una tarta, una botella o dos libras de pastas, al ‘limpieza party’ los invitados deben llevar algo así como jabón en polvo, una buena bayeta, un bote de pintura o un encáustico. Además, claro está, de unos guantes de goma para no estropearse las manos.

- Pero ¿es que nos van a hacer fregar en la fiesta algo más que los platos que ensuciemos?


- Naturalmente. En el ‘limpieza party’ los invitados se encargan por lo general del arreglo de toda una casa. ¡Ya verás qué divertido!

En el barrio de Georgetown, que es donde está enclavada la Universidad del mismo nombre y donde viven la mayor parte de los estudiantes, los ‘limpieza party’ son muy frecuentes. Cuatro o cinco estudiantes, por ejemplo, viven juntos en una casa que pagan a escote. Como ustedes se imaginarán fácilmente, tratándose de un país donde cualquier lujo resulta más barato que el de pagarse una asistenta, a los quince días de estar los estudiantes instalados en su casa, ésta se encuentra ya en unas condiciones que las visitas tienen que remangarse para entrar en ella.

Entonces, los estudiantes suelen hacerse esta reflexión:
- Así no se puede vivir. Nosotros no tenemos tiempo ni ganas de limpiar ni poner en orden la casa. Si llamamos a alguien para que nos haga la faena, además de ponernos muy mala cara cuando vea tanta cochambre y tanto desorden, nos va a pedir por lo menos veinte dólares. ¿No será mejor gastarse esos veinte dólares en sándwiches, dulces y botellas de coca cola para invitar a nuestros amigos y amigas a una ‘limpieza party’?

[…] El ‘limpieza party’ donde yo estuve invitada el otro día era un poco más complicado que los normales. Allí no se trataba solamente de pasar la aspiradora ni de fregar el fogón, sino que había que dejar convertido en sala de fiestas un sótano que estaba lleno de trastos viejos y de telarañas. Las dueñas de la casa que son dos chicas que trabajan en la secretaria de un senador y que, además, estudian, me dijeron:
- Todos cuantos veían nuestra casa nos decían siempre que deberíamos habilitar este sótano para reuniones y bailes como hace aquí todo el mundo; pero ¿dónde podríamos encontrar nosotras el tiempo ni el dinero necesario para una transformación así? Por eso hemos organizado el ‘party’.

Media docena de chicos pertenecientes al equipo de fútbol de la Universidad, abrieron la fiesta transportando todos los muebles y trastos viejos desdé el sótano al desván. Lo hicieron en un periquete y fueron muy ovacionados.

[…] Terminada esta primera faena, se organizó otra más delicada: la decoración.
- ¿Usted, qué sabe hacer? -me preguntó una señorita que me estaba mirando desde que entré y que yo creo que era la encargada de ‘fichar’ y ‘denunciar’ a los que no dábamos golpe.

- Pues sé escribir a máquina bastante deprisa -respondí.
- Eso no nos sirve por ahora. Necesitamos algo más eficiente. ¿Sabe pintar puertas? ¿Sabe empapelar paredes? ¿Sabe instalar enchufes de la luz?
En vista de que no sabía hacer nada de lo que hacía falta allí, me destinaron a la cocina que era donde estaban todos los convidados inútiles y ayudé a preparar la cena. Esta fue bastante suculenta porque, después de realizar unos trabajos tan duros, a los invitados no se les podía despachar con un bocadillo y una naranjada. A mí todo esto me recordó a las antiguas matanzas del cerdo de mi pueblo donde el mundo se divertía muchísimo. Aquí también.

Josefina Carabias
Noticia de hemeroteca recopilada por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón







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