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Zaragoza

Monumentos y movimientos

Fuentes, esculturas y otros elementos arquitectónicos de la capital aragonesa ocupan un espacio distinto al de su ubicación original.

P. Zapater. Zaragoza Actualizada 18/04/2016 a las 10:28
Monumentos y movimientos

Construidas en piedra, bronce, hierro, alabastro y otros materiales, permanecen inmóviles. O no tanto. Algunos monumentos singulares de la capital aragonesa han cambiado su ubicación original a lo largo del tiempo. Se mudaron de su primer emplazamiento hacia otras zonas, unas veces por obligación, debido a los nuevos planes urbanísticos que han ido cambiando la fisonomía de la ciudad; y otras por motivos no siempre justificados. En el mejor de los casos, siguen ahí, no han sido retirados o almacenados sin saber si algún día volverán a ocupar un espacio en la vía pública.

El recorrido por algunos de estos monumentos se abre con la antigua puerta del Gran Hotel, que en la actualidad se encuentra en la entrada al Pabellón de Ceremonias del Parque Metropolitano del Agua Luis Buñuel. Fue diseñada por el arquitecto madrileño Antonio Rubio Marín y se instaló en el Gran Hotel Zaragoza (Costa, 5) en octubre de 1929. Y allí permaneció hasta comienzos de la década de los 80. El nuevo proyecto arquitectónico del edificio prescindió de la puerta, y esta fue llevada a la finca El Gracijo (actual campin municipal) donde permaneció hasta 2010, año en que se inauguró el Pabellón de Ceremonias, lugar en el que permanece actualmente.

La fuente de la Samaritana, la plaza del Justicia, ocupa un lugar privilegiado en la ciudad. Siempre lo hizo, desde que salió en 1866 de los talleres de Averly para instalarse en la plaza de la Seo. Tras su restauración, en 1962, se llevó al parque Bruil antes de llegar a su actual residencia.

En el caso de la fuente del Buen Pastor, realizada por Dionisio Lasuén en 1885, su camino terminó en el mismo lugar de partida, la plaza del antiguo matadero. En los 70, tras el cierre del matadero se trasladó al paseo del Constitución. Allí, el vandalismo casi acabo con ella a comienzos del nuevo milenio hasta que, afortunadamente, se restauró y volvió a su espacio original.
 

Aparcados en el parque 

Sin embargo, la reina de todas las fuentes zaragozanas es la de Neptuno, también llamada de la Princesa, la primera fuente urbana monumental de Zaragoza, que data de 1845 y es obra de Tomás Llovet. Se ubicó en la entonces plaza de San Francisco (actual plaza de España) hasta que en 1902 se sustituyó por el Monumento a los Mártires. Pasó un tiempo almacenada hasta que se montó en la arboleda de Macanaz, en 1935. Finalmente, llegó al Parque Grande en 1946 donde, al igual que buena parte de sus monumentos, ha sufrido el vandalismo en más de una ocasión.


El monumento a la Exposición Hispano Francesa de 1908, obra de Miguel Oslé, también dedicado a Basilio Paraíso se inauguró en 1910 en la plaza que lleva su nombre. Se desmontó a finales de la década de los 40 y, después, en 1951 se instaló en el Parque Grande.


También está en este parque, aunque la plaza de los Sitios y el paseo de la Independencia les sonará a muchos como los dos primeros puntos de la capital aragonesa que albergaron el quiosco de la música, diseñado por los hermanos Martínez Ubago con motivo de la Exposición Hispano Francesa de 1908. Primero estuvo en la plaza de los Sitios y, más tarde, en la zona central de Independencia, cuando era peatonal.

Uno de los monumentos más viajeros de la ciudad fue el Patio de la Infanta. Todavía resulta impactante poder admirarlo en el edificio central de Ibercaja. El Patio de la Infanta, perteneciente a la Casa Zaporta, comenzó a construirse en el año 1546, en lo que hoy es la calle de San Jorge. La Casa Zaporta albergó diversas actividades hasta su demolición en 1903. Su patio, se desmontó para su traslado a la casa de un rico anticuario francés, en París, salvándose así su desaparición. La entidad bancaria que hoy continúa cuidando de él lo recuperó para Aragón en 1958.


Augusto y disgustos

Fue un regalo del gobierno italiano de Mussolini a la ciudad de Zaragoza en 1940. La estatua del emperador Augusto es una copia en bronce del Augusto de Prima Porta, descubierta en la periferia de Roma en 1863, que se conserva en los Museos Vaticanos. Se situó en la plaza de Basilio Paraíso hasta 1950, luego estuvo en el Ayuntamiento, después junto a la muralla romana y después volvió a la plaza de Paraíso. A finales de los 80, se colocó junto al Mercado Central y la muralla romana.
 

Acento andaluz

Su situación original no fue Aragón, aunque lo representó durante los seis meses de celebración de la Expo de Sevilla de 1992. El edificio, diseñado por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre, se construyó con materiales autóctonos de Aragón como el alabastro. Tras la Expo 92, el Gobierno de Aragón declinó la opción de su desmontaje e instalación en tierras aragonesas debido al elevado coste. El pabellón estuvo a punto de albergar el Museo de Ciencias Naturales de Andalucía, proyecto que acabó desestimado, hasta que en 1998 la CREA se hizo con él cuando estaba a punto de demolerse. Hoy es su sede, en el zaragozano barrio del Actur.
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