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Universidad de Zaragoza

La carta a Einstein de los alumnos de la Universidad de Zaragoza en solidaridad con los alemanes sin recursos

Se la entregaron en mano junto a una colecta para los universitarios alemanes sin recursos.

Alfredo Maluenda. Zaragoza Actualizada 16/03/2016 a las 19:05
El documento original está guardado en IsraelAlbert Einstein Archives / The Hebrew University of Jerusalem.

Los españoles al rescate de los alemanes. Una idea que en el contexto actual sonaría a broma, a sainete sin fundamento, no era tan impensable en 1923, año en que Albert Einstein visitó Zaragoza en medio de una gira de divulgación científica plagada de anécdotas. Pero todo es relativo: la economía alemana, hoy punta de lanza y locomotora del proyecto europeo, zozobraba entonces tras salir malparada de la Gran Guerra. El país experimentaba una hiperinflación y la calidad de vida de sus gentes estaba lejos de ser la mejor. Así lo atestigua la carta que le entregaron los estudiantes de la Universidad de Zaragoza el 13 de marzo de aquel año, un día antes de la marcha del genio de la capital aragonesa, que coincidió con su 44 cumpleaños.

Los jóvenes del campus zaragozano, queriendo agradar a su invitado de honor y en solidaridad con sus colegas de Europa Central, decidieron romper la hucha y realizaron una cuestación para evitar que los cerebros alemanes que estuvieran en una posición precaria no se viesen privados de la educación superior. Las cuatro asociaciones de estudiantes de la ciudad aunaron fuerzas y recaudaron una cantidad de dinero, cuyo montante se desconoce, que entregaron en mano a Einstein junto a la misiva.

La carta decía así: "¡Ilustrísimo profesor! Los estudiantes de la Universidad de Zaragoza, reunidos en el Ateneo Científico Escolar, tienen el honor de dirigir al Profesor Doctor Einstein su más devoto saludo y agradecimiento por su visita a esta Universidad y la explicación de sus teorías. Han determinado, asimismo, realizar una recaudación para las universidades alemanas con la finalidad de apoyar a los compañeros alemanes que se encuentren en una situación de necesidad, en las tristes circunstancias actuales, y ayudarles a superar las calamidades que están afligiendo su país".



El texto estaba expresado en un más que correcto alemán y su único error ortográfico reside en la palabra 'Theorien' (teorías), que durante la redacción perdió la hache y quedó reducida a 'Teorien'.

La epístola lleva la rúbrica de los presidentes de las cuatro agrupaciones estudiantiles: José Dolset (Unión de Estudiantes de Medicina), Luis Sanz (Ateneo Científico Escolar), Enrique Luño (Federación de Estudiantes Católicos) y su homólogo de la Asociación Médico Escolar, de nombre Fernando y cuyo apellido ha resultado imposible descifrar.

El escrito, cuyo original se conserva en los Archivos Einstein en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha sido traído al castellano por la traductora zaragozana Violeta Castro. La nueva política sobre copyright adoptada recientemente por el centro israelí ha permitido tener acceso al mismo.
 

Satisfizo sus obligaciones tributarias

La carta de los universitarios aragoneses no es el único documento que Einstein conservó de sus 50 horas zaragozanas y que han visto la luz décadas después. El archivo israelí también da cobijo a un recibo que acredita que el señor Einstein cumplió escrupulosamente con sus obligaciones impositivas.

El físico judío se embolsó 575 pesetas por cada una de las dos charlas que impartió en el Paraninfo de la Universidad, además de otras 250 para sus gastos personales, un dinero sufragado por la institución académica. Estos emolumentos le obligaban a satisfacer los derechos de utilidades y timbre.


El alemán satisfizo en tiempo y forma los derechos marcados por las disposiciones entonces vigentes. Fuente: Universidad Hebrea de Jerusalén


El recibo, expedido por Pedro de Pineda Gutiérrez, catedrático y secretario de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, lleva el visto bueno del decano del centro, Gonzalo Calamita Álvarez, y el sello oficial del Campus. Y demuestra que, además de un científico de talla mundial, Einstein era buen pagador.







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