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Gente

Minero en Andorra y peregrino plusmarquista

Rafael Azor, vecino de Zaragoza, completa en estos momentos su Camino de Santiago número 66.

Rafael, en uno de sus sucesivas marchas a Santiago


Rafael Azor Redondo andará en estos momentos por Burgos, kilómetro arriba o abajo. Pero estará en movimiento, de eso no cabe duda. Porque la pasión de Rafa, vecino de Zaragoza, minero jubilado y peregrino plusmarquista, es recorrer el Camino de Santiago una y otra vez. Ida y vuelta. A pie o en bici. Una andanza que muchos sólo afrontan como mucho una vez en la vida, pero que en estos momentos este vecino de Zaragoza encarrila por sexagésimo sexta ocasión.


Una especie de droga -en el más sano de los sentidos- a la que se enganchó después de dejar las entrañas de Andorra, donde se desenvolvió como minero a lo largo de dos décadas. Luego, una vez prejubilado al cierre de 1999, movió su residencia a Zaragoza. Fue entonces, ya entrado el año 2000, y mientras regentaba un pub en la zona de Moncasi, cuando empezó a escribir su leyenda como peregrino. "Aquel primer Camino lo empecé en Jaca, en bici y junto a la que entonces era mi pareja. Tardamos trece días, más de los que hubiese querido, pero mi compañera se plantaba en algunas etapas y no quería seguir avanzando", aseguraba Rafael el pasado 7 de diciembre en Logroño, a las puertas de una nueva aventura.

El tiempo que le llevó aquella primera peregrinación a pedaladas supera, según su testimonio, el de alguna de sus caminatas exprés hasta la capital gallega. Porque Rafael presume de celeridad, tanto sobre el asfalto -cuando pedalea- como por los senderos embarrados que conectan los pueblos y urbes de la Ruta Jacobea: "Mi vez más rápida, mi récord personal, fue cuando tardé doce días en ir andando desde Roncesvalles hasta Santiago". Justo la mitad de jornadas afirma haber invertido en uno de sus pedaleos desde Zaragoza hasta la Catedral compostelana.


Luego vinieron unas cuantas romerías más, últimamente con mayor frecuencia. El curso pasado, sin ir más lejos, trazó y culminó la friolera de once viajes, ocho en bicicleta y la terna restante, a pata. Este año ya lleva siete completos y el día de nochevieja espera estar celebrando el octavo en Finisterre. La Nochebuena la pasará en Melide, a poco más de 50 kilómetros de Santiago.


Los sesenta y seis recorridos de Rafael -de ida y regreso, ya que contabiliza también sus vueltas a casa ya sean en pie o bicicleta- contemplan distintos puntos cardinales de origen. Ha trotado por el trazado aragonés, desde el Somport, y también el del Ebro, arrancando en la capital aragonesa. Pero también ha marchado desde la costa levantina, por el Camino Primitivo (con inicio en Oviedo), el del Norte (a través del País Vasco, Cantabria y Asturias) o el Portugés, donde pernoctó en los parques de bomberos lusos y disfrutó de la "inmensa solidaridad" de las gentes del país vecino.




Rafael, el pasado día 7 en el albergue de Logroño, desde donde arrancó un nuevo camino. A. M. B.

Unos periplos que acomete alejado de los estándares minimalistas del peregrino moderno. Su mochilón de 18 kilos, reforzado con cinta especial en las asas, dista en mucho en volumen y forma de los que hoy en día se ven avanzar entre flechas amarillas. En él porta 2,5 kilos de lamín: "Compro en Zaragoza el dulce que a mí me gusta, porque aunque conozco los pueblos y tiendas del Camino, nunca sé qué me voy a encontrar abierto o cerrado". Sus botas clásicas sobre los que descansan sus 102 kilos de viajero tampoco se asemejan al calzado técnico de 'trekking' tan extendido en la actualidad.

Este aragonés de adopción (se mudó a Andorra en 1979, pero nació en Puertollano en 1957) firma una serie de récords que, aunque en cuanto a velocidad son superados por los ultramaratonianos que llegan corriendo al hogar del apostol, no encuentran parangón en número de repeticiones. Aunque también asegura haber caminado los 102,3 kilómetros que separan Roncesvalles y Villamayor de Monjarín en una sola jornada. Una meta que no está al alcance de cualquiera. "Llegué con las plantas de los pies destrozadas", cuenta.

Si bien es cierto que estos récords podrían ponerse en entredicho, quienes conocen a Rafa no dudan de su relato. Begoña Baldomar, presidenta de la Asociación Gallega de Amigos del Camino y hospitalera en Finisterre, es amiga personal de Rafael y bromea al ser preguntada por los números del andarín: "Cada vez que le veo aparecer por aquí le pregunto: '¿pero tú otra vez por aquí?' y nos reímos. La verdad es que he perdido la cuenta de las veces que ha hecho el Camino, pero no tengo por qué dudar de su palabra. Rafael encarna los valores del verdadero peregrino, es muy buena gente, una gran persona que nunca tiene un mal gesto ni una mala palabra con nadie y siempre está tratando de ayudar".

Pero, ¿de dónde viene esta pasión? ¿Por qué repetir una y otra y otra vez las mismas travesías viviendo, prácticamente, todo el año en el Camino? "Me encanta conocer gente y reencontrarme con viejos amigos, también el compañerismo que se crea entre los peregrinos. Me gusta y tengo tiempo para hacer lo que me gusta, así que no veo motivo para quedarme en casa".

Su conocimiento de los municipios y senderos le vale para convertirse en una especie de enciclopedia jacobea. Un vasto saber al que recurre cuando departe, entre tempranillos y claretes, en los albergues, donde aconseja no tomar ciertos desvíos o parar a repostar en determinados mesones. Así que si usted encara tierras gallegas, le asalta una duda y se topa con Rafa, no dude en preguntar.







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