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Alta tecnología militar para ubicar un combate medieval

​Efectivos del Regimiento de Pontoneros utilizaron equipos de detección de metales en busca de pistas de la batalla de Cutanda.

L. R. Teruel Actualizada 30/10/2015 a las 08:48
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Soldados del Regimiento de Pontoneros prospectan el lugar con más indicios de la batalla de Cutanda.j. i.

La campaña en busca del emplazamiento de la histórica batalla de Cutanda, librada en 1120 entre almorávides y aragoneses, incorporó ayer la más moderna tecnología militar. Cinco soldados de la Compañía de Desactivación de Explosivos del Regimiento de Pontoneros de Zaragoza rastrearon un espacio de 800 metros cuadrados con cinco equipos –utilizados habitualmente para la detección de explosivos enterrados– para intentar localizar vestigios del combate librado en el siglo XII que certificó la definitiva incorporación de Zaragoza al reino de Aragón. El emplazamiento elegido para la prospección electromagnética es conocido como Las Celadas, un nombre con resonancias bélicas.

Los militares utilizaron un georradar, dos magnetómetros y dos detectores electromagnéticos para peinar el lugar que, según los indicios arqueológicos y las inspecciones superficiales, tiene las mejores expectativas de haber sido el marco del histórico choque.

El capitán Jesús Burgos, uno de los participantes en el rastreo, explicó que la experiencia demostró que sus equipos son "eficaces" para la investigación arqueológica y se mostró dispuesto a futuras colaboraciones para búsquedas más intensivas. Burgos indicó que los dispositivos electromagnéticos utilizados permiten detectar metales enterrados a metro y medio de la superficie. Matizó que, a más profundidad, la sensibilidad de los detectores se reduce.

El arqueólogo Javier Ibáñez, uno de los directores del proyecto para descubrir el lugar donde se disputó la batalla, afirmó que la información aportada por los dispositivos de Pontoneros es "muy interesante", aunque para evaluar en su integridad los datos recogidos sobre el terreno, deberán ser procesados en ordenador. Ibáñez adelantó, no obstante, que vista la información obtenida de las prospecciones superficiales del pasado verano y de los detectores militares el siguiente paso debería ser la realización de catas arqueológicas para confirmar las "prometedoras" pistas disponibles.

Javier Ibáñez comentó que, salvo el georradar, el resto de equipos utilizados demostraron su utilidad para la investigación arqueológica. La labor de prospección se prolongó durante toda la jornada en un paraje situado a medio kilómetro de Cutanda, una pedanía de Calamocha. También colaboraron en el operativo el historiador Rubén Sáez y la arqueóloga Rosa Loscos.

El proyecto para localizar el lugar donde, en 1120, se enfrentaron las tropas almorávides con las encabezadas por Alfonso I forma parte de los actos conmemorativos del novecientos aniversario de la batalla. Los vecinos de Cutanda quieren aprovechar el noveno centenario para promocionar su principal hito histórico como atractivo turístico.

Entre los hallazgos que serían decisivos para ubicar el campo de batalla, destacan la localización de las fosas donde, según los cronistas de la época, fueron enterrados los 15.000 muertos en el combate, armas de la época o huesos de camello, un animal utilizado profusamente por el ejército musulmán.

Las actividades conmemorativas arrancaron el pasado verano con la lectura de un manifiesto en Cutanda y siguieron con dos inspecciones oculares de los posibles escenarios de la batalla a cargo de un centenar de voluntarios. El peinado aportó 4.200 piezas, entre restos de cerámica, fragmentos de huesos y elementos metálicos. El historiador Rubén Sáez considera que 80 hectáreas reúnen buenas condiciones orográficas y de situación para haber sido el marco de los combates.







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