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JUICIO POR EL CRIMEN DE FAGO

Mainar negó haber tocado una escopeta pero tenía restos de disparo en su mano

M. A. COLOMA/M. GARÚ. Huesca| 19/11/2009 a las 06:00     1 Comentarios

Los peritos afirman que la posibilidad de hallar bario, antimonio y plomo por la manipulación de objetos "es mínima". Los forenses dicen que, pese a las cataratas, Mainar tenía una visión del 90% y pudo reconocer la matrícula, el coche y al alcalde. Las graves lesiones cardiacas causadas por las postas provocaron una muerte rápida a Grima, que se desplomó en el acto.

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Santiago Mainar a su salida de los juzgados.. JAVIER BLASCO Santiago Mainar a su salida de los juzgados.. JAVIER BLASCO

Partículas de plomo y bario juntas, o de plomo y antimonio son características en las manos de personas que se dedican a diferentes actividades, como pintores, soldadores o chapistas. Pero cuando se combinan las tres: plomo, bario y antimonio, entonces se habla de "partículas específicas que solo pueden proceder del uso de una arma de fuego". Los guardias civiles especialistas en química del Laboratorio de Criminalística fueron muy claros: "A día de hoy no se conoce otro tipo de composición que se pueda producir de otra manera que no sea de un disparo".

 

Y precisamente eso fue lo que encontraron en la mano izquierda de Santiago Mainar cuando 46 horas después de que Miguel Grima fuera asesinado le tomaron muestras para buscar restos de disparo. El forestal, que es zurdo, presentaba una partícula específica en la mano izquierda, y características en ambas.

 

El acusado de matar al alcalde de Fago aseguró en su defensa que podía haberse contaminado con residuos por saludar a cazadores, tocar árboles o por recoger cartuchos de disparos que se encontraba por el monte.

 

Los agentes admitieron que podía haber una posibilidad "mínima" de que pudiera ser así. "Nosotros no podemos decir que ha disparado un arma porque tenga residuos. Tenemos que decir que ha estado relacionado con una detonación. No obstante, no podemos cerrar la puerta a la contaminación por personas que han tenido contacto con armas, pero es una posibilidad bastante más reducida. La principal fuente es disparar arma o estar en contacto con ella", señalaron.

 

Ante las insistentes preguntas de los letrados por la trascendencia de esta prueba, los guardias explicaron: "Cuando disparamos un arma de fuego, sale una masa de humo, y en esa nube está la partícula. Las manos, que son las zonas más cercanas, son la que siempre se analizan y se halló una partícula con los tres elementos en la mano izquierda".

 

Esta fue una coartada del acusado que quedó bastante tocada después de la prueba pericial presentada por los agentes. Otra fue la efectuada por los médicos forenses que hicieron la autopsia al cadáver de la víctima pero que también examinaron los ojos de Mainar cuando fue detenido.

 

Aunque durante el juicio se practicará una prueba pericial específica de oftalmología, pedida por la defensa para demostrar que Mainar tenía mala visión y que le resultaría dificultoso disparar a una persona a unos siete metros de distancia, de noche y con cataratas, los forenses concluyeron que: "Para disparar con una escopeta de ese tipo y con esa munición no hace falta apuntar demasiado".

 

Los médicos confirmaron que Mainar había sido intervenido de cataratas del ojo derecho y que el izquierdo estaba pendiente de ser operado. Con las pruebas que le practicaron, determinaron que en el ojo izquierdo tenía una agudeza visual de 0,5 y una capacidad de visión del 90%. Y fueron rotundos: "Podía ver perfectamente a una persona que estuviera a siete metros". Después, a preguntas del presidente del tribunal, Santiago Serena, dijeron: "En conjunto, tenía una agudeza visual buena. Podía leer una matrícula, reconocer un coche y al propio alcalde".

Disparo a siete metros

En cuanto al informe de la autopsia, los forenses Rosa García Mas y Jesús Rodríguez Luchón explicaron que la muerte de Miguel Grima fue inmediata y el disparo se hizo a una distancia de entre cinco y siete metros utilizando un cartucho de postas.

 

El fiscal Felipe Zazurca les preguntó algo que las familias de víctimas violentas siempre quieren saber, si sufrieron al morir. Los médicos recordaron que la "agonía siempre existe". "Hay algunas muy largas y otras muy cortas, pero agonía siempre hay", dijeron. En su examen observaron que el pericardio estaba roto y vacío, lo que supone que el desplome fue inmediato y la muerte rápida.

 

Relataron que en el hemitórax izquierdo -anterior, posterior y lateral- contaron 14 heridas, nueve de ellas de entrada y que la causa de la muerte fue producto de las lesiones cardiacas. También tenía importantes afecciones pulmonares, hepáticas y el estómago estaba perforado, aunque las predominantes fueron las del corazón.

 

El examen de las lesiones externas reveló que las que Miguel Grima presentaba en la cara tenían poca vitalidad (ya había fallecido) y consistían en arañazos y erosiones por pequeños roces con superficies ligeramente puntiagudas, como zarzas o asfalto, compatibles con un arrastre, y pequeñas contusiones productos de golpes leves de golpe con el suelo.

 

Los forenses llegaron a la conclusión de que el asesino disparó contra el alcalde desde unos cinco o siete metros de distancia. Explicaron que esto se mide valorando la dispersión de los proyectiles, pues cuanto más lejos sitúa el arma del objetivo, los plomos más se separan y dispersan en su trayectoria. En este caso, la distancia entre los orificios más distantes era de 22 centímetros. Tal y como reveló la inspección ocular del lugar y coincidiendo con el relato que hizo Mainar de cómo movió el cadáver de la víctima, los médicos llegaron a la misma conclusión: Las lesiones de arrastre son compatibles con ser cogido por la muñeca y de espaldas, como describió el acusado. El pequeño reguero de sangre se debió a que la ropa empapó la mayor parte.

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1 Comentarios
  • 1 123vacaciones 19/11/09 09:52

    Mainar tendrá su propia novela policíaca, como a él le gusta. A ver cuánto dura la novela.

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